Roca Rey y Francisco de Manuel, Puerta Grande en Madrid

Crónica 



PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

Las Ventas cerraba temporada con la corrida de toros de la Hispanidad, una tarde de "No hay billetes" en la que la plaza vio la primera Puerta Grande de la Feria de Otoño. En el cartel se anunciaban Alejandro Talavante, Andrés Roca Rey y Francisco de Manuel, que se midieron a los astados de Victoriano del Río. El encierro fue cumplidor, dejándose llevar sin grandes condiciones. Facilitaron las faenas, aunque siempre con alguna que otra tecla. Talavante estuvo ausente, no pudo hacer faenas, no se degustó aquella izquierdo prodigiosa. Dejó que le sonaran los tres avisos. A la tarde le dieron contenido Andrés Roca Rey y Francisco de Manuel, dos nombres propios que abrieron la Puerta Grande de Las Ventas. Roca Rey, que se cortó con la espada y tuvo que pasar por la enfermería, por lo que tuvo que correr turno y cerrar la tarde. Buscó las vueltas para dar emoción a sus faenas, en las que los astados se dejaron llevar. Francisco de Manuel entendió muy bien las condiciones que le presentaban los de su lote y diseñó las faenas que más se ajustaron para poder sacar partido.

Talavante saludó a "Jugador" un astado con el que se pudo estirar, pero que también apuntó a las tablas. Lo citó cerca de los medios, con la muleta plegada, esperando que entrara en la tela. Logró ligarlo y dejar un buen inicio de faena. Tomó la muleta sobre el pitón izquierdo, en una primera tanda llevadera que no dijo demasiado. Siguió pasándolo y persistió, pero con tandas cortas y pases nuy lentos, esperando a la embestida para completar el pase. Las palmas y demás protestas empezaron a adueñarse de los tendidos, así que sin dar forma a la faena, Talavante pasó a la suerte suprema. El astado no ayudó en nada, muy escaso de fuerza y entrega. Mató con acierto y determinación.

Roca Rey se encargó de recibir en el capote al segundo de la tarde y primero de su lote. Lo hizo con verticalidad y pulcritud, bailándolo en el percal. El toro fue muy protestado desde su salida, finalmente, fue devuelto a corrales, ya que perdía las manos y se quedaba parado. Saludó al astado, pero no estaba en plenas facultados y volvería a ser protestado por el respetable. También perdía las manos, queriendo sin poder acometer. Fue devuelto y salió el segundo sobrero en su lugar, un toro de dudosas hechuras pero que entró bien por abajo en el saludo capotero del peruano. Hubo quite, con la firma de Francisco de Manuel, que tuvo que llegar a rectificar para poder continuarlo, pues se le vino por dentro. Viruta fue ovacionado tras el tercio de banderillas, el de plata dejó los pares bien puestos y pasó más de un momento de apuros. Inició la faena anclado en la arena, con quietud, pasándolo por la espalda, poniendo a la plaza en pie. Siguió, entre adornos, dejando que se recuperara, para que después lo toreara sobre el pitón derecho. Le adelantó la mano, enganchándolo delantero, pero sin terminar de colocarse, algo que el público le recriminó. Una vez en el sitio, provocándolo a pitón contrario le arrancó una tanda de profundidad y determinación. Cambió al natural, el astado llevaba la mirada fija en la tela y logró pases en los que lo llevó humillado, pero sin terminar de romper abajo. Al principio de las tandas le costaba coger la uniformidad. Pero lo cierto es que fue un toro al que pasó por donde quiso, el animal respondía con el mismo compromiso. Culminó por bernadinas muy ceñidas y una estocada que le provocó un derrame.

Francisco de Manuel bregó al primero de su lote, sin llegar a poder estirarse con el animal. Algo de lo que se pudo quitar al llevarlo al caballo. Salió a los medios para brindar al público. Inició el último tercio de rodillas, citándolo de lejos, para después envolvérselo a su alrededor aprovechando la inercia. Toreándolo sin probatura alguna. Siguió con extrema suavidad, tanta que hasta llegó a perder el engaño. Lo retomó y siguió por el derecho, un pitón traicionero, metiéndose por dentro en el desarrollo del pase. Cambió al toreo al natural, cautivando a los tendidos, con su sentido del temple y la verticalidad. El toro, que cada vez se acercaba más a las tablas, no presentaba una embestida uniforme, pero sí cumplidora en la tela. Recuperó el pitón derecho, dejando el paso atrás y continuando un muletazo tras otro, dejándosela muy puesta, aunque sin evitar que se le rajara. Cerró por manoletinas, apurando por el pitón derecho, por el pitón que se vencía. Mató con acierto.

Talavante logró meter en su capote al segundo de su lote, para después estirarse con el después de haberle ganado terreno y haberlo sacado del tercio. Inició la faena junto a las tablas, con delicadeza, tanteándolo y tratando de sacarlo de las tablas. El animal que quería y se dejó llevar por las directrices de Talavante. El diestro le dejó tiempo y sitio para que recobrara las fuerzas y volviera a entregarse en la tela. Al natural le adelantó los vuelos, dejándoselos en el morrillo, y así tirar de el. Sin embargo, el trazo marcado por Talavante, no era el que seguía el astado, pues se salía, llevando la cara por fuera. La faena se desarrolló en el tercio, venida a menos. Por el pitón derecho, logró echárselo a los riñones, curvando ligeramente su recorrido. Sin embargo, alargó su faena, una faena carente de contenido. No acertó con la espada, a lo que acompañó un mar de descabellos y los tres avisos. Los mansos salieron a la plaza pero el astado se había amorcillado en tablas y no había manera de moverlo, así que lo apuntillaron desde el burladero. 

Se corrió turno y salió Francisco de Manuel, ya que Roca Rey se mantenía en la enfermería tras el corte sufrido al entrar a matar. El joven matador de toros saludó al segundo de su lote con buen son, meciéndolo en su capote y logrando fijarlo. Inició la faena junto a la raya, dándole el pecho, para después pasarlo por ambos pitones. El de Victoriano, por el pitón derecho, buscaba a la salida de la tela. Una vez culminada las probaturas, tomó la muleta con la mano derecha. La plaza estaba de acuerdo y al compás de los "olé", cuajó la primera tanda. El diestro dejó tiempo y sitio entre series, insistiendo sobre el mismo pitón, encontrando acople y profundidad. Lo llevó hasta el final, lo mismo que hizo al natural, solo que parecía haber parado el tiempo. Los vuelos diseñaron el trazo, sin dejar de bajarle mano, obligándolo a humillar. Se lo pasó alrededor de su cintura, sin dejar de tocarlo, vaciando las embestidas y limpiando los muletazos. No alargó la faena, ya que cada vez le costaba más pasar al animal. Mató con determinación, tirándose con todo.

Roca Rey salió en sexto lugar para cerrar la tarde. El saludo fue breve, con alguna que otra pincelada, cambiando de tercio sin que diera tiempo a mayores florituras. Fue andando por las tablas hasta acercarse al astado, después lo fue ganando terreno, una vez en los medios, se quedó allí para poder empezar a llevarlo sobre el pitón izquierdo. Entre miradas, trató de tirar del animal hacia adelante, pero no había chispa en su embestida. Los pocos "olé" que arrancó del respetable fue cuando le bajó la mano al natural y alargó el pase, mostrándole la salidaPor el derecho, las irregularidades se acentuaban, no terminaba de pasar, se quedaba parado. Recuperó las tandas al natural, por donde el de Victoriano del Río medio que se dejó llevar. Falló con la espada.

Toros de Victoriano del Río para Alejandro Talavante, silencio y tres avisos; Andrés Roca Rey, dos orejas y palmas; Francisco de Manuel, oreja y dos orejas.


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