Diez orejas en Chinchón

Crónica 


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

Chinchón ha acogido este sábado 15 de agosto su tradicional festival. Una tarde triunfal en el que Finito de Córdoba, El Cid, Sánchez Vara, Rafael de Julia, Serafín Marín, Aitor Fernández y Álvaro de Chinchón se repartieron un total de diez orejas de los astados de La Rinconada. Los animales estuvieron justos de fuerza, pero muy aprovechables para los espadas, siendo el sexto el mejor novillo de la tarde.

Antes de que saliera el primero de la tarde, se homenajeó a Sergio Delgado, campeón de España en recortes y chinchonete. Abrió la tarde Finito de Córdoba, que saludó por verónicas, estirándose con el capote junto a las tablas. El animal andaba más que justo de fuerzas, había que mimarlo. Se mostró protestón tras el tercio de varas y banderillas. Finito lo pasó por alto, probándolo por ambos pitones, con cierta intermitencia, ya que se paraba y le costaba atender al cite. El diestro se puso con mucha verticalidad, toreando en línea recta, sin alejarse del tercio. Suavidad y la muleta adelantada al morrillo para engacharlo y llevarlo, pero sin asfixiarlo, para que le aguantara en el engaño. En el toreo al natural fueron los vuelos, se los dejó en la cara. Estructuró el último tercio en faenas cortas muy miradas, en las que le costaba el primer cite, después fue el diestro el que se encargó de la continuidad. Se lo ciñó, todo por completar la faena y robarle cada embestida. Metió la mano con aseo.

El Cid saludó con garbo al segundo de la tarde, un toro con movilidad y al que pudo lucir. Brindó desde los medios y se fue a los terrenos del uno, los de la sombra, para recibirlo en la franela. Lo probó por ambos pitones, dejándolo pasar, una vez fuera del tercio, tomó la muleta sobre el pitón derecho. Lo toreó muy despacio, pero cambiaría al natural, abriendo el compás y llevándolo por alto. Llegó a perder las manos, cayendo sobre el firme. Incluso, se le metió por dentro, ya que la embestida corta e incierta convirtieron el último tercio en un tira y afloja. En una faena de poca música, empezó a sonar, aunque lo cierto es que logró ligar tres naturales seguidos que despertó la ovación de los tendidos. Retomó el pitón derecho, obligando a rectificar después de cada pase, en la continuidad del uno a uno y en las distancias cortas, metiéndose entre pitones. La faena fue a más, al igual que las miradas del animal. Culminó con un sutil abaniqueo en la cara y una estocada efectiva.

Sánchez Vara se puso de rodillas para recibir al tercero de la tarde con una larga cambiada. Le dio continuidad estirándose con el percal hasta sacarlo a los medios. Fue el propio matador de toros, el encargado de protagonizar el tercio de banderillas, dejando un último par al violín. El diestro lo sacó del tercio y en los medios, tocó y deslizó, pero el animal tenía muy claras sus preferencias. Sánchez Vara se empleó en mantenerlo fijo en la tela, con mucha voz y un toque firme y fijador. Le adelantó la mano, se cruzó y lo provocó, pero a la salida de cada pase este salía suelto. Las tandas fueron cortas y, en los últimos compases, en los terrenos que el astado demandaba, pero sin dejar de obligarlo a pasar. Allí, en las tablas, Sánchez Vara no dejó de insistir, cerrando de rodillas, a pesar de que no pasaba, arrojando un poco de su valor seco. Se tiró a matar.

Rafael de Julia recibió al cuarto de la tarde, con temple, meciendolo muy despacio, con un lucimiento intermitente, hasta sacarlo a los medios. El animal estaba claramente mermado  así que en el tercio de banderillas se abrevió dando paso a la faena. En los primeros compases lo fue tanteando por ambos pitones, sacándolo de las tablas. Una vez en los medios, tomó la muleta sobre la mano derecha, toreándole sin bajar la mano, mimándolo, y acortando las tandas para que el astado le aguantara. Le dio tiempo y sitio, después siguió, cruzándose y provocándolo para que entrara en un cite al que se resistía. Le dejó el pico y trató de seguir tirando del animal, un animal que no le dio ninguna ventaja. Cambió al pitón izquierdo, pero el astado pasaba sin contenido en su embestida, a la que intentó dar forma, abriéndolo en los vuelos. El desmayo y la verticalidad no las había perdido el diestro, sacándolos a relucir. De Julia alargó la faena, exprimiéndolo pase a pase. Pinchó con la espada, logrando hundirla al segundo intento.

Serafín Marín firmó uno de los mejores saludo capoteros de toda la tarde. Lo inició por abajo, genuflexo, y lo siguió a base de verónicas. Lo sacó con gusto y torería hasta los medios. Intentó iniciar la faena de rodillas, sin embargo, el animal no atendía y tuvo que recibirlo como le vio, ya levantando. En cuanto le apretó ligeramente la mano, se echó y tuvieron que levantarlo. Muy despacio, citó y arrastró, manteniendo la mano alta, sin sofocar las fuerzas que este pudiera llegar a mostrar. Después dejarlo respirar, volvió, mostrándole la muleta sobre el pitón derecho, dándole aire. Se adaptó a las limitaciones del animal, limpiando el mueltazo. Por el izquierdo era algo más incierto, atropellando los naturales, por lo que tuvo que pararlo y templarlo, pasándolo uno a uno, siempre con una muleta uniforme que lo guiara. Empezó a alargar el trazo, llevándolo hasta el final, hasta donde le permitió su brazo izquierdo y su muñeca, la cual giraba para envolverlo en los vuelos y devolverlo a la serie. Lo mismo empezó a ocurrir con el pitón derecho, pitón con el que apuró hasta meterse a tablas. Le metió mano con acierto.

El novillero Aitor Fernández saludó al sexto de la tarde, con lucimiento y compás. A la salida del caballo llegó a prenderlo bruscamente, aunque sin aparentes consecuencias. Llegó el inicio de faena, y el chinchonete, antes de meterlo en la muleta, lo brindó al público. Lo metió en la franela genuflexo, obligándole por abajo. Siguió sobre el pitón derecho, dándole distancia, pero teniendo que acortarla para ese primer cite. Después fue la inercia y la movilidad del novillo el que dio continuidad a la tanda. Hubo un trazo largo y limpio, al que sólo le pudo afear las salidas del astado, que soltaba la cara. Cambió la muleta a su mano izquierda, y el de La Rinconada le bajó la cara, por lo que Aitor siguió insistiendo abajo, arqueándose con el. Se lo pasó a su alrededor, muy ceñido a la cintura, acompañando la embestida con su cuerpo. Pidió más y más tela, con una obediencia y fijeza absolutas. Lo cuadró y le metió la mano.

Salió el último novillo de la tarde, al que Álvaro Chinchón se encargó de frenar. Lo lanceó con gusto en el capote. Brindó a sus compañeros, a todos los que habían hecho el paseíllo junto a él en este festival. Lo probó genuflexo, pasándolo por ambos pitones, esperándolo y llevándolo, en un inicio en el que lo obligó por abajo. Continuó sobre el pitón derecho, pasándolo alrededor de su cintura, manteniéndose firme en la arena, con cadencia, mirándolo pasar hasta mostrarle la salida. Álvaro no dejó que se fuera hacia al tercio, así que rectificó y volvió a sacarlo para seguir insistiendo sobre el pitón derecho, abriéndolo y recogiendo, deja dásela puesta en la cara. Las tandas fueron cortas, muy medidas, dosificando las embestidas. Lo mostró también al natural, alargando todavía más el trazo, llevándolo hacia la cadera, redondeando algo más el pase. Diseñó una faena uniforme, limpia y templada. Cada vez le costaba más entrar, por lo que tuvo que echarle los vuelos al morrillo para enganchar la embestida. Cerró por manoletinas y una estocada al segundo intento.

Chinchón. Toros de La Rinconada para Finito de Córdoba, oreja; El Cid, oreja; Sánchez Vara, dos orejas; Rafael de Julia, vuelta al ruedo;  Serafín Marín, dos orejas; Aitor Fernández, dos orejas; Álvaro de Chinchón, dos orejas.

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