Tarde con nombre propio

 Crónica


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

La plaza de toros de Las Ventas abría sus puertas para acoger un nuevo festejo taurino, una corrida de toros concurso de ganaderías. Fernando Robleño, Miguel Tendero y Luis Gerpe se midieron a los astados de José Escolar y Hoyo de la Gitana. Los astados se dejaron llevar en sus embestidas, siempre en el punto de mira el sitio y las distancias. Con temple y despaciosidad, encontrando en las asperezas y limitaciones el término medio para llevarlos. Más complicado resultó el tercero, al que se le tubo que pasaportar. Robleño y Luis Gerpe, que confirmaba alternativa, vieron como el presidente les negaba las orejas. Sin embargo, la tarde tubo un nombre propio, el de Fernando Robleño dejando tres vueltas al ruedo y una faena en la que brilló al ritmo de Madrid, a los "olé" del respetable. Tendero no tuvo opciones con los de su lote. La tarde de Luis Gerpe, más allá de su alternativa, estuvo marcada por las devoluciones a corrales, hasta dos toros fueron devueltos.

Abría la tarde "Cabrero" en las manos de Luis Gerpe, que confirmaba alternativa. El saludo fue comedido, con un astado muy agarrado al piso y muy condicionado por las manos. Finalmente fue devuelto. Se corrió turno y salió "Cortinero", al que saludó estirándose con el, ganándole terreno. El astado se arrancó con gracia al caballo, empleándose. Se procedía con la ceremonia de confirmación, para después iniciar el último tercio. El toro se quedó emplazado en los medios y tuvo que ser el diestro quien fuera a buscarlo para tantearlo por ambos pitones. Después de que perdiera las manos empezó a torearlo sobre el pitón derecho en una tanda breve. Siguió sobre ese mismo pitón, sin terminar de limpiar el muletazo, tocándole la tela. El animal no era pronto, pero una vez que entraba, a base de tocarle seguía la tela, sin ritmo. Al natural, logró estirar ligeramente el trazo, cruzándose, bajándole la mano e insistiendo para que entrara. Retomó el pitón derecho, recomponiendo en cada pase. Mató con acierto.

Robleño saludó al segundo de la tarde, sacándolo a base de verónicas, pero con algún que otro extraño sobre el pitón izquierdo, que paró el saludo y empezó la brega. Luis Gerpe devolvió los tratos a Robleño y dio comienzo la faena. Los primeros compases los desarrolló con un ligero tanteo por abajo  genuflexo, esperando la embestida, muy despacio. Tiró del animal y trató de sacarlo del tercio, donde empezaría a torear, con la mano derecha, templando la embestida al tiempo que le iba bajando la mano. La tanda se fue desarrollando pase a pase, aun así se le paraba en mitad. Era tardío, con poco recorrido, algo mirón y buscón. Cambió al natural, abriendo y mostrando la salida, arriesgando bajo los terrenos del siete. Volvió a la mano derecha, citando con firmeza ante la brusquedad e incertidumbre que le dejaba la embestida del segundo de la tarde. Le dio sitio y sitio entre tandas para después desarrollarlas con despaciosidad y pulcritud, en los terrenos que el animal marcaba, encerrándose en tablas. La espada entró al segundo intento.

Salió el tercero de la tarde, entre palmas de tango. Lo recibió en su capote Miguel Tendero que empezó con algún que otro lance lucido y culminó con una labor de brega en la que guio la embestida. El tercio de varas estuvo marcado por la caída del caballo, tirando a Carlos Pacheco, que se quedó a merced del astado. Afortunadamente, no hubo que lamentar ningún percance. Tras un desastroso tercio de banderillas, llegó la faena de muleta, la cual inició Tendero entre probaturas, sin terminar de pasarlo. El toro, tras sacarlo del tercio, se acabó echando. Una vez levantado volvió a la tela de Tendero, que lo llevó entre correcciones, sin mantenerse en el sitio. El animal era incierto, se resistía a pasar, sin una faena con la que se expresara, lo acabó pasaportando. Se le terminó echando en la suerte suprema.

Fernando Robleño marcaba el ecuador del festejo con un saludo bregado y bien llevado en el que fue mostrando la embestida del cuarto de la tarde. Iván García y Fernando Sánchez saludaron una sonora ovación tras la ejecución del tercio de banderillas. Cada pase en el inicio de faena fue ovacionado por el respetable. Había emoción en el inicio. Lo dejó respirar y siguió insistiendo sobre la mano derecha, citandolo en la media y larga distancia, adelantándole la mano, para después dejársela puerta y darle ligazón a los pases. Fue acortando las distancias, rompiéndose con un astado de tandas cortas y que se entregaba y se dejó someter. Las cosas se las hicieron muy bien a este toro de José Escolar. Tiraba del animal y seguía el vuelo vaciando. Nunca le faltó ese punto de miradas. El público estaba totalmente entregado a la faena de Robleño, que no quiso excederse y deció acortar, pues ya le había sacado todo lo que tenía. Falló en la suerte suprema, hundiendo el acero al tercer intento.

Tendero dejó un saludo breve y por abajo en los terrenos del siete. Tendero lo tanteó genuflexo por ambos pitones, aguantándolo, pues se le quedaba parado. Abrevió y lo sacó del tercio para empezar a llevarlo sobre el pitón derecho. El animal pasaba sin chispa, con la cara alta sin entregarse. El diestro se intentó cruzar, pero no había demasiadas opciones en la faena. Entraba recto y se metía por dentro, así que Miguel abrió el trazo mostrándole la salida, alejándolo del cuerpo y ganando terreno, preparado para el siguiente. No hubo continuidad, simplemente pasaba y Tendero tiraba del animal. Mató con aseo.

Cerraba la tarde un aplaudido sobrero con el hierro de Couto de Fornilhos, al que Luis Gerpe saludó con garbo, bajándole las manos. Con el tercio de varas quedó claramente mermado. Finalmente se devolvió a corrales y salió el segundo sobrero, de Casa de los Toreros. El toro salió suelto, aún así Gerpe logró trazar su saludo capotero. También fue devuelto en el tercio de banderillas y en su lugar salió un astado de Montealto. Luis Gerpe lo buscó por abajo en el recibo, con el que, finalmente, pudo estirarse. Llegó el último tercio, entre probaturas, pasándolo por ambos pitones, ganándole terreno. Lo dejó respirar y volvió a la cara del animal. El de Montealto quería pero no podía atender como debiera a las demandas del matador de toros. La faena empezó calando en los tendidos, pasaba entre miradas al cuerpo. Le fue robando embestidas, diseñando una faena a base de insistir, haciéndolo pasar. Lo fue metiendo, bajándole la mano sobre el pitón derecho, encajándose para envolvérselo a la cintura. Cerró por manoletinas y dejó una estocada certera y entera.

Madrid. Toros de José Escolar y Hoyo de la Gitana para Fernando Robleño, vuelta al ruedo y dos vueltas al ruedo; Miguel Tendero, silencio y silencio; Luis Gerpe, vuelta al ruedo y vuelta al ruedo.


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