Duarte Fernandes se alza con el Torneo Manuel Vidrié

 Crónica


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

Chinchón acogía este sábado 24 de septiembre la final del Torneo Manuel Vidrié. Una tarde de triunfo y sobresaltos en la que Duarte Fernandes se alzó con el trofeo de dicho torneo. La terna se repartió un total de cuatro orejas, una para Iván Magro y Duarte; y dos para Adrián Venegas que salió por la Puerta Grande. 

Iván Magro saludó al primero de la tarde, un astado al que trató de fijar sin demasiado éxito. El animal no mantenía una uniformidad a la grupa, pero Magro logró dejar el rejón de castigo envolviéndolo. El animal llegó a perder las manos, siendo ligeramente incierto y sin ofrecer lucimiento en los primeros compases. Dejó un segundo rejón de castigo, entre las medias arrancadas del de Guerrero y Carpintero. Cambió las cabalgaduras y dio paso a las banderillas, con un astado mermado de los cuartos traseros. Trató encontrar el compás, pero tuvo que dejar los palos a toro parado, siendo él el que lo hiciera todo. Lo envolvió, provocándolo, dando Magro y su caballo todo el lucimiento, buscándolo al quiebro. Hizo un nuevo cambio para seguir con las banderillas, las cuales fue dejando con habilidad, pasándolo en los medios, sacándolo de tablas en cada palo. Lo mismo que ocurrió con las cortas. El rejón de muerte quedó contraria, pero muy efectivo.

El segundo de la tarde salió rematando en tablas, con fuerza. Después seguiría con ritmo al rejoneador. Le dejó el primer rejón de castigo a un astado parado y de continuidad intermitente al que había que aguantar. Cambió de caballo y esperó, provocándolo, hasta fijarlo a la grupa y colocarlo en el sitio. Apurando en las distancias cortas, gustándose mientras se adornaba, trataba de calar en el respetable, dando la chispa que le faltaba al astado . Toda la movilidad la puso Duarte, con intensidad, dejando los palos al quiebro, provocándolo desde las largas distancias. Sin embargo, el animal cada vez iba a menos, con una media arrancada que no llegaba a nada. Se dobló, arqueándose para dejar las banderillas cortas, mostrando variedad y firmeza ante un astado de muy limitadas opciones. Falló con el rejón de muerte.

Adrián Venegas lo corrió hasta encelarlo al caballo, dejando con habilidad el rejón de castigo. Hizo el cambio de cabalgaduras, esperándolo para enzalazarlo al trazo del caballo, corriéndolo junto a las tablas, ciñéndoselo en exceso. Después trató de sacarlo de las tablas hasta pararlo para captar su atención en la larga distancia y dejar uno de los palos al quiebro, con rotundidad y firmeza. Es cierto que el astado le tocó en varias ocasiones el caballo, dejando momento de tensión en la plaza. El animal prestaba más atención a todo lo que pasaba a su alrededor, que a las provocaciones del propio rejoneador. Si le apuraba, se le terminaba arrancando para seguirlo momentáneamente. Sin embargo, la entrega la puso Venegas. Aprovechó la poca movilidad que le quedaba en los últimos compases para lucirse con las banderillas cortas. Le llevó su tiempo, pero logró dejar el rejón de muerte en lo alto, aunque ligeramente trasera, siendo muy efectivo.

Iván Magro marcaba el ecuador del festejo con un astado de muchos pies que se arrancaba con facilidad, buscando a la grupa. Magro se empleó en los primeros compases, pues lo apuró, pero logró un ovacionado rejón de castigo. Hizo el cambio de caballo y llegaron las banderillas, tras dejar el primer palo, estuvo a punto de prenderlo contra las tablas, pues hizo hilo y el astado se fue tras el rejoneador. Buscó el calado en el público, encontrándolo, al igual que el acople con el astado, que se arrancaba al encuentro y que después le daba continuidad hasta frenarlo. Había movilidad en el de Montealto. Se mantenía fijo en cada momento del caballo. Continuó los últimos compases de su actuación con las banderillas cortas, pero el de Montealto ya se había ido a tablas, teniendo que sacarlo de aquellos terrenos, para completar el tercio. Falló con los aceros.

El segundo del lote de Duarte Fernandes salió con movilidad y algo buscón. Dejó algún que otro momento de tensión, pero el joven rejoneador supo solventarlos. Hasta dos rejones de castigo en los que lo enceló, fijándolo a la grupa del caballo. Llegó el turno de mostrarse con las banderillas, llevándolo con raza y mucha firmeza, en unos terrenos complicados en los que se lo ajustó a los cuartos traseros. Antes de cada palo, trató de tirar del animal para sacarlo algo más hacia los medios y envolverlo allí para dejar las banderillas al quiebro. Al cambio de caballo, se escurrió y terminó cayendo sobre el albero, a merced del astado. El caballo salió herido, aunque sin que, aparentemente, pareciera de gravedad. Duarte quedó en el suelo, pero, rápidamente, salieron para ayudarlo y evitar que el percance pasara a mayores. Pudo cambiar el caballo y, con más raza, salió cuajando una faena en la que público y rejoneador parecían  estar hermanados.  No se dejó nada por mostrar, luciéndose con las largas y las cortas, captando toda la atención. Cogió el rejón de muerte y, junto a las tablas, falló con el.

Cerraba la tarde Adrián Venegas, que trazó un inicio movido, dando continuidad, corriendo la plaza con el astado, fijo en la grupa. Muy exigente. Hubo cambios en las cabalgaduras para lucirse con los palos. Hubo mucho peligro, pues el animal apretaba en las tablas y en más de una ocasión estuvo a punto de prender al caballo. Venegas continuó, apurando en las distancias cortas, mientras lo llevaba ligado a los cuartos traseros. Tras un nuevo cambio de caballo, el rejoneador siguió con los palos largos, dejando un par, soltando las riendas, mientras lo envolvía hasta ganarse la ovación del respetable, en el que había calado hondo. Culminaba los últimos compases con las banderillas cortas, ya a toro parado. Tuvo alguna que otra media arrancada antes de que le dejará el rejón de muerte, que le costó hundir, pero que dejó arriba.

Chinchón. Toros de Ángel Luis Peña, Villanueva, Aurelio Hernando, Guerrero y Carpintero, El Retamar y Montealto para Iván Magro, oreja y vuelta al ruedo; Duarte Fernandes, orejas y ovación; Adrián Venegas, oreja y oreja.


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