Triunfal clase práctica en Chinchón

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GUARISMO DEL OCHO

Chinchón ofreció el martes 16 de agosto un festejo de variedad y mucho futuro en el que los alumnos de la Escuela Taurina José Cubero "Yiyo" se midieron a los astados de San Isidro y Toros de Tenorio. Los animales fueron exigentes, había que cogerles la altura y la distancia, respetando los intermedios entre series, para que pudieran reponer fuerzas.

El primero de la tarde fue recibido a portagayola, después se le saludó con ritmo y lucimiento. El animal necesitaba un poco de mano a media altura, porque meter, metía bien la cara. Hubo que llevarlo sin acusarlo, mimándolo con suavidad y mucho temple. El viento y las asperezas de la muerte de cada muletazo lo descomponían. Uno a uno lo fue llevando hasta culminar la faena. En la suerte suprema dejó una estocada entera.

La Piyaya frenó al segundo de la tarde, que buscó algo más en la tela, pero dejando un buen saludo capotero, con variedad y viveza. Se lo pensó antes de entrar en las demandas de la novillera, pero terminó acometiendo, sin respiro. Le exigió, teniendo qje estar muy en el sitio, pues se quedaba muy encima, listo para el siguiente muletazo, pero sin demasiada pulcritud en su embestida. Mató con eficacia.

Olga Casado recibió a portagayola al tercero de la tarde, para después levantarse y ligar con lucimiento y gusto. También protagonizó el tercio de banderillas, dejando cuatro palos en el sitio. Inició la faena de rodillas, cautivando los tendidos. Había que mantenerlo a media altura, respetando sus tiempos y sitio, sin agobiarlo, porque el animal entraba al cite con prontitud, con la cara abajo. Sería en la salida algo más descompuesto y buscón. Terminó la faena, prácticamente en tablas, algo más atropellada, pero manteniendo la firmeza. En la suerte suprema metió la mano con aseo, pero con un acero poco efectivo. Paseó una oreja.

Gonzalo Gómez saludó al último de la tarde, en un racibo más intermitente en el que no se pudo terminar de estirar con el percal. Empezó la faena desde los medios, esperándolo, sin embargo, tuvo que acortar las distancias para que este se arrancara, después solo tuvo que aprovechar la inercia. Aguantó la altura y temple para que el animal no perdiera las manos. El de la ganadería de San Isidro presentó buenas condiciones, aunque le faltó un punto más de transmisión y para terminar de romper en la tela. Dejó pinceladas en algunos de los muletazos. Trazó un gran final de faena, desde los medios, toreando al natural, llevándolo cosido y bajandole la mano.

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