José Fernando Molina, vencedor del Certamen de Novilladas Nocturnas

Crónica 

PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

La plaza de toros de Las Ventas albergaba la final de las nocturnas, en una tarde aparentemente calurosa y de secano. Sin embargo, las circunstancias climatológicas se adueñaron del coso venteño en el primer toro. La lluvia llegó a parar el festejo, una final que se reanudó en cuanto la lluvia dio tregua. Calerito, José Fernando Molina y Jordi Pérez "El Niño de las Monjas" se midieron a los astados de Fuente Ymbro. El encierro dejó buenas embestidas en el primero y segundo, muy aprovechables, siempre y cuando les tomaran la altura y la distancia, sin asfixiarlos. Calerito toreó a placer bajo la lluvia, pasando desapercibidos, dejando buenas series por abajo. Con el segundo de su lote las opciones no llegaron y decidió alargar una faena que no le iba a permitir el triunfo. Molina cautivó ante un gran novillo de Fuente Ymbro, ahormando con buen son su faena. Lo mismo ocurrió con el quitó de la tarde, al que exprimió hasta quedarse con el animal en las tablas. A Jordi Pérez le faltó acople, no terminó de romper con la franela. Cerró la tarde con una faena de entrega y mucha raza, pero sin aceros.

Harpía" abría la tarde en Madrid, un novillo de Fuente Ymbro, al que frenó Calerito en un sañudo complejo y que dejó muy pocas opciones para el lucimiento. Brindó desde los medios y allí se quedó para recibirlo en la franela. Aprovechó la inercia y ligó dejándosela muy puesta, anclado en el albero. Siguió sobre el pitón derecho, bajándole la mano. Sin embargo, la tanda tuvo que dosificarla, el aire empezaba a molestar y lo dejaba descubierto. Al natural abrió el compás, muy despacio, utilizando los vuelos, cruzándose, con el uno a uno, colocaba y citaba. El animal ya no acometía abajo, pero Calerito seguía insistiendo, eso sí sobre el pitón derecho, donde se pudo romper con él y exprimir. Los derechazos por abajo pasaban desapercibidos entre un público que trataba de huir de la lluvia. Mató pero estaba, prácticamente, solo en la plaza, después de haberlo toreado con gusto y a conciencia.

Salió el segundo tras un parón que cesó cuando la lluvia otorgó la posibilidad. Fue un saludo ameno. Fernando José Molina se fue a los medios y allí lo citó en la larga distancia, dejando un bonito y ceñido pase cambiado que después continuó en el sitio. Siguió llevándolo a buen ritmo dejando que las embestidas y su muleta encontraran el compás. Lo llevó con los vuelos, a un novillo que metía bien la cara y desprendía ligazón. Repetía, pase tras pase, con fijeza y celo, dejando que el novillero ahormara la faena. Lo abrió ligeramente en el toreó al natural, llevándolo por fuera, pero con longitud, aguantando hasta la muerte de cada muletazo, pidiendo tela. Empañó con la espada su labor con un astado de armonía y ritmo.

Jordi Pérez recibió al primero de su lote con una larga cambiada de rodillas a Portagayola. Inició la faena de muleta con un suave tanteo por abajo, genuflexo, pasándoselo por ambos pitones.  Dosificó las embestidas, una a una, ahormando series cortas. Cambió al pitón derecho, sin terminar de encontrar la distancia, viéndose ligeramente atropellado por unas embestidas que se adelantaban al cite. Encontró el compás al retomar rl pitón derecho, donde pudo alargar al llevarlo hasta el final del muletazo, hasta donde le permitió su brazo, bajándole paulatinamente la mano sin quitarle los vuelos del morrillo. Terminó por acortar las distancias, en el tercio, para terminar cerrando por manoletinas. Mató con acierto y aseo.

El saludo de Calerito fue corto y de poca expresividad, el novillo tocó la tela y no hubo lucimiento, una brega ligera para sacarlo. No hubo brindis, se fue a su encuentro, algo más allá del tercio, tanteándolo por ambos pitones. El animal no terminaba de pasar, se lo pensaba en el primer cite, pues una vez metido los tres siguientes llegaba continuados. Le adelantó la mano, dejándole los vuelos en el morrillo, tirando del astado con despaciosidad, encauzando las embestida en la tela. Cambió al natural, pero el novillo llegó a sorprenderlo. Volvió a colocarse, mostrándole la muleta sobre su mano izquierda, sin demasiado acierto, pues lo desarmó. Tomó la decisión de seguir sobre el derecho, con series muy mermadas en cuanto a entrega. Logró robarle algún pase al dejársela muy puesta en la cara, ligando hasta tres muletazos.

Molina lo buscó por abajo en el saludo capotero, llevándolo con sus brazos, muy despacio. El quite, que llegó tras un buen tercio de varas, fue muy ceñido, desde los medios, al apretarlo, metiéndose por dentro. Llegó la faena de muleta, la cual se inició entre probaturas por ambos pitones, sin terminar de bajarle la mano. Siguió buscando los terrenos, hasta decidirse por el tercio y por el pitón derecho. Lo trató de enganchar delantero, para después tirar del animal y llevárselo hasta la cadera. Sin embargo, se mostraba con recelo a entrar en la tela. Encontró los destellos de lucimiento por el pitón derecho, en la media y corta distancia, llevándolo totalmente cosido. Lo trató con mimo y mucha despaciosidad, haciéndole las cosas sin contrariarle. Cerró la faena acortando las distancias, provocándolo a pitón contrario, prácticamente en tablas. Le metió la mano con firmeza y lo mató.

Jordi Pérez recibió al segundo de su lote y último de la tarde a base de verónicas, estirándose con el de Fuente Ymbro hasta sacarlo a los medios. Empezó la faena de rodillas, con rabia, pasándoselo por la espalda para después ligarlo a base de inercia. Siguió, provocando, tirando sin uniformidad ni pulcritud. El animal pasaba, pero había que atemperar la embestida. Levantaba la cara y buscaba arriba, desluciendo. Jordi trató de exigirle, bajándole la mano sobre el derecho. El de Fuente Ymbro buscaba, motivo por el que dejaría algún que otro momento de apuro al perderle la cara al terminar el pase. Al natural, logró escuchar los "olé" del público, llevándolo algo más lejos y encajándose ligeramente. Sin embargo, en cuanto tocaba la tela se descomponía, con violencia sobre el novillero. Culminó con bernadinas para dar paso a una suerte suprema defectuosa en la que llegó a orenderlo sin aparentes consecuencias. Tuvo que entrar a matar en varias ocasiones.

Novillos de Fuente Ymbro para Calerito, silencio y silencio; Molina, oreja y vuelta al ruedo; El Niño de Las Monjas, ovación y.

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