José Rojo, única vuelta al ruedo

Crónica


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

La plaza de toros de Las Ventas albergaba este domingo 21 de agosto una novillada picada en la qje los novilleros Santana Claros, José Rojo y Leandro Gutiérrez, que se presentaba en Madrid, se midieron a los astados de Villamarta. Resultó un encierro especialmente complicado, que no ofreció facilidades, moviéndose a base de arreones defensivos, costándoles la continuidad en la tela y la humillación. Además, buscaron las tablas. Sin embargo, el cuarto fue el que más esperanzas dio en los tendidos en su salida, pero se fue apagando poco a poco. El quinto tuvo su movilidad, dejando una faena que calaba en los tendidos. La terna que no tuvo demasiadas opciones en la primera mitad del festejo, se supieron sobreponer a las circunstancias y sacaron firmeza para exigirles y llevarles para que no se les fuera la franela. Sería en la segunda mitad donde se vieran pinceladas interesantes, de la mano de Santana Claros, haciendo muy bien las cosas al novillo; y por parte de José Rojo, que dejó la única vuelta al ruedo de la tarde. Leandro no pudo terminar la tarde, pues fue prendido por el sobrero, que salió en sexto lugar y no pudo continuar la lidia.

"Escaparate" abría la tarde en las manos de Santana Claros, que lo recibió sin demasiado lucimiento. No le dio ritmo al saludo capotero y, a pesar de perseguirlo, no atendió al cite. Quiso compensarlo en el quite, con un novillo parado y dubitativo. Se llegó al tercio de banderillas a base de tirones, el animal se emplazó y no había manera de que se arrancara. Empezó la faena y se acercó al astado bordeando las tablas, buscándolo genuflexo, tanteándolo por ambos pitones. Después, trató de darle continuidad pero su movilidad se reducía a los arreones defensivos. Logró sacarlo del tercio y llevarlo sobre el pitón derecho, buscando la forma en la que mejor pasara, pero lo desarmó. Le robó a base de raza, voz, toque y brusquedad las embestidas, eso sí, una a una. Siguió insistiendo, ya desde los medios, cruzándose, provocándolo a pitón contrario. Falló con los aceros.

José Rojo trató de saludar al segundo de la tarde, una tarea que se complicó. Tras correr la plaza y parecer entrar al capote, se fue y no se reencontraría con el astado hasta el tendido cinco donde pudo bregarlo levemente. Llegó el último tercio, con un inicio algo desordenado en el que le fue sacando pases de tanteo. Se puso a torear sobre el pitón derecho y, uno a uno, parecía ir tragando. Lo fue llevando muy despacio, sin llevarle la contraria, manteniendo la altura, mientras lo iba dominando. La continuidad llegaba de la mano del uno a uno con muletazos firmes y bien definidos, con entendimiento entre ambos. Cada vez se lo pensaba más y sobre el pitón izquierdo se le echaba encima. Lo intentó llevar hasta el final, abriendo el compás para después llevárselo a la cadera y dejarlo puesto para el siguiente pase. Mató con determinación, pero el animal tardaría en doblar. Tuvo que emplear el golpe de cruceta.

Leandro Gutiérrez se presentaba en Las Ventas con "Rabanuevo", un novillo que le permitió un saludo comedido con algún que otro lance con lucimiento. Leandro se fue hasta los terrenos del siete para recibir al primero de su lote en la faena. El animal atendió con buen tranco y continuidad, repitiendo hasta el cuatro muletazo. Trató de cambiar los terrenos y sacarlo más hacia los medios, alejándolo de las querencias, dejándosela muy en el morrillo. A pesar de lo bien que se ponía y el trazo largo que imperaba en la faena del espada, el animal contaba con una embestida incierta que se metía por dentro. Llegaba a ser, incluso, atropellada, sin dar tiempo para que se pudiera colocar en el sitio. Lo desarmó y volvió a ponerse delante para que le volviera a suceder lo mismo. Lo colocó y retomó sobre el pitón derecho, uno a uno, llevándolo hasta el final e intentando ganarle terreno para que no se le quedara tan encima. Cada vez se le quedaba más corto, buscándolo. Mató con acierto.

Santana Claros encontró el lucimiento en el saludo capotero al segundo de su lote, estirándose con gusto y despaciosidad. Brindó desde el tercio y se fue directo al encuentro con el cuarto de la tarde. La faena la inició con quietud, por ayudados por alto, atalonado en la arena, sacándolo poco a poco y llevándolo hasta los medios. Allí daría continuidad a su faena, con animal que pedía tela y le bajaba ligeramente la cara. Había que estar muy en el sitio para que el astado atendiera a las demandas que se le solicitaban. Al natural, le dejó los vuelos delanteros para enganchar la embestida y tirar de ella para llevarla hasta el final, redondeando el trazo. Siguió insistiendo sobre el mismo pitón, mucho más despacio y suave, levantándole los vuelos al final del pase. Terminó toreando en el tercio, acercándose a las tablas y dar paso a la suerte suprema. No culminó la faena con la espada.

José Rojo no le dejó correr al segundo de su lote, sino que lo frenó de rodillas, junto a las tablas, con una larga cambiada. Después, el saludo capotero no terminó de romper, salía suelto y sin interés. Brindó desde los medios y allí se quedó para iniciar el último tercio, aprovechando la inercia para darle continuidad, eso sí, entre las protestas del quinto de la tarde. Tomaba con celo la tela, repitiendo mientras calaba hondo en los tendidos. Rojo lo llegó en línea recta, echándole la mano abajo, por donde el animal respondió humillando, aunque con cierta irregularidad, incluso llegando a descomponer su embestida al tocar la tela. Le dio continuidad y movilidad a la faena, aunque Rojo no quiso mermarlo antes de tiempo y dosificó las tandas. Las diseñó con suavidad, uno a uno, reestructurando y buscando el sitio en cada pase, citando y fijando. La espada quedó certera.

Leandro Gutiérrez salió al tercio para recibir al último de la tarde, al que trazó una brega breve pero bien llevada. Finalmente, ante las condiciones mostradas, el toro fue devuelto. Salió el sobrero y cuando Leandro estaba trazando el saludo caporero, fue prendido feamente quedando en el suelo. Tuvo que ser trasladado a enfermería. En su lugar, siguió Santana Claros, que terminó con el saludo y siguió en la faena, la cual inició con un tanteo ligero por abajo que lo continuó con el toreo sobre su mano derecha. Había que llevarlo muy metido y con el engaño en el morrillo para que no se fuera a las tablas. Le costaba atender al cite, así que el novillero le provocó acortando distancias y adelantandole la mano para adentrarlo en una faena que, prácticamente, se desarrollaría en tablas. Lo sacó hacia el tercio, para mostrarlo al natural, también uno a uno, exigiéndole con la muleta plegada al morrillo.

Madrid. Novillos de Villamarta para Santana Claros, silencio y silencio; José Rojo, ovación tras aviso y vuelta al ruedo; Leandro Gutiérrez, ovación y herido.

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