Los aceros condicionan la tarde

Crónica 


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

La primera final de la Copa Chenel llegaba a Valdilecha. Ángel Sánchez, Amor Rodríguez y Francisco de Manuel se midieron a los astados de Cebada Gago y Montealto. Los animales resultaron complicados, llegando a ser ásperos en la tela, obligando a los matadores a reconsiderar sus faenas, buscando la altura, el sitio y los terrenos. No les valía cualquier cosa, por lo que fueron muy exigentes. Sin embargo, si hay que hablar del toro de la tarde, ese fue el sexto, un astado de Montealto que se entregó en las manos de Francisco de Manuel. La espada empañó las faenas de los diestros, robando los triunfos y desluciendo su entrega en el último tercio. Solo se pasearon dos orejas, una para Amor Rodríguez en el quinto y otra para Francisco de Manuel en el sexto. Ángel Sánchez se impuso y toreó con determinación, pero la petición que parecía mayoritaria no fue suficiente para tocar pelo.

Ángel Sánchez saludó a "Llorón", el primero de la tarde, abriendo la primera final de la Copa Chenel. Se pudo estirar momentáneamente, lo que el astado le permitió. Lo tanteó por abajo, tocándolo, sacándolo del tercio para pararlo y engancharlo muy despacio llevándolo. Fue templando poco a poco la embestida, toreando sobre el pitón derecho. Lo dejó respirar, pero cuando le citó para empezar una nueva tanda se le vino recto, golpeándolo sin aparentes consecuencias. Volvió a la cara del animal  dejándosela muy puesta, acortando las distancias. Poco a poco se le fue a los terrenos del uno, así que tiró del astado y reestructuró la faena. Se lo fue envolviendo, a pesar de las irregularidades que el animal presentaba en su recorrido. Era incierto y le exigió. Le hizo una faena medida, adaptada a lo que el animal podía entregar. Mató con acierto.

El segundo de la tarde salía con fuerza, rematando en tablas, pero uno de los golpes le dejó descoordinado y fue devuelto. En su lugar salió el sobrero de Gómez de Morales, al que Amor Rodríguez lanceó con gusto, con un cite delantero. Empezó la faena junto a las tablas, en un trazo lineal, muy despacio, sin agotarlo, dosificando. Eligió el pitón derecho para empezar a torearlo, colocándose para citarlo, meterlo y llevarlo reduciendo la velocidad de sus embestidas. El animal no poseía un recorrido excesivamente largo y cada vez levantaba más la cara. Solo humillaba al inicio del muletazo, después pasaba por encima del estaquillador, sin agotar su embestida en la franela. Empezaba a agotarse el motor, así que empezó con el uno a uno, aguantándolo en el sitio y apurando las distancias para exprimirlo, sin afear. Mató con determinación, pero sin acierto el animal tardó en doblar y tuvo que descabellar.

Francisco de Manuel saludó al tercero de la tarde en un lucido recibo. El diestro se estiró con el astado por ambos pitones, por el derecho salía por arriba y con las manos por alto, mientras que por el izquierdo entraba más recto. Francisco de Manuel llegó al último tercio y lo inició con un trazo muy marcado, con despaciosidad. Siguió sobre el pitón derecho, con alguna que otra aspereza que el espada trató de limar, a pesar de que le soltara la cara. Insistió sobre ese mismo pitón, tirando del animal, acompañando la embestida, llevándolo más metido. Por el pitón izquierdo buscaba, soltandole la cara arriba. No le dejó muchas opciones para la expresión, tenía que recomponer en cada muletazo. No había armonía ni pulcritud en su faena, afeándose en cada salida, arremetía contra la tela.

Ángel Sánchez meció al segundo de su lote con gusto, un toro de Montealto que salió rematando en tablas. Brindó al público y se dirigió a las tablas, para agarrarse a ellas y tirar del animal. Lo dejó reponer fuerza, tras un buen inicio, para seguir con tandas cortas, adelantándole el cite para engancharlo delantero y bajarle la mano para llevarlo por dentro, muy metido. Le costaba atender a los últimos muletazos de cada serie, así que Ángel las milimetró para que el animal lo aguantara. Continuó la faena sobre el pitón derecho, cruzándose mucho y provocándolo para que atendiera a las demandas del matador. Al natural, lo abrió y tiró del animal, llevándoselo a la cadera, imponiéndose con un toreo de mucha determinación. La espada quedó caída, pero resultó efectiva para que el animal doblara. 

Amor Rodríguez se estiró con gusto y cadencia en el saludo capotero con el segundo de su lote, otro astado de Montealto. Hizo lo propio y brindó al público de Valdilecha. Comenzó el último tercio probándolo genuflexo, con la rodilla en tierra, guiándolo. Empezó a torearlo sobre el pitón derecho, buscándolo por abajo, exprimiéndolo y calando en los tendidos. El toreo cadencioso de mano baja envolvió la embestida del animal a su cintura, anclándose en el albero y mirar cómo pasaba. No dejó que el animal llevara el mando, sino que fue el matador el encargado de dominarlo. Le soltó los vuelos y alargó su embestida, pero cada vez que le tocaba la tela se descomponía soltando algún que otro derrote. La entrega del de Montealto fue a menos, cada vez más atento de lo que pasaba en los tendidos, había que exigirlo un poco más. Le ganó el paso, adelantándole al animal, pero cada vez se quedaba más corto. Entró dos veces en la suerte suprema, dejando una estocada arriba al segundo intento.

Francisco de Manuel frenó al segundo de su lote y último de la tarde con un ramillete de verónicas muy lucido y que caló hondo entre el público. En el tercio de banderillas destacó Juan Carlos Rey con dos pares que cautivaron en los tendidos. Francisco de Manuel fue a por todas, no hubo probaturas, empezó la faena de rodillas desde el tercio, aprovechando la inercia para envolvérselo al cuerpo y llevarlo con ligazón. El animal embestía y se movía, así que el diestro lo aprovechó para llevarlo totalmente metido, dejándosela puesta y que no parase. Se lo dejó muerto al natural, solo tuvo que arrastrar la franela para que el animal entrara y siguiera los vuelos de un Francisco de Manuel roto y que se entregó. Entre series lo dejó respirar, dándole tiempo y sitio para después retomar el toreo al natural. Se encajó con el astado, llevándolo lejos y cuajando la mejor faena de la tarde. Aprovechó cada embestida, sin dejar que el animal parase.  Quiso cerrar de rodillas, pero el astado se le venía encima, así que buscó un final alternativo y dio paso a la suerte suprema, dejando un buen espadazo al segundo intento, pero con el que el toro se resistía a doblar y tuvo que descabellar, donde el de Montealto le arreó.

Toeos de Cebada Gago y Montealto para Ángel Sánchez,  ovación y vuelta al ruedo; Amor Rodríguez, ovación tras aviso y oreja; Francisco de Manuel, silencio y silencio.

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