Gómez del Pilar destaca en Madrid

Crónica


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

Las Ventas celebraba este domingo 3 de julio la primera corrida de toros desde que culminara la Feria de San Isidro. David Galván, Gómez del Pilar y Francisco José Espada se midieron a los astados de José Enrique Fraile de Valdefresno. El encierro fue variado, siendo el segundo de la tarde el que más opciones brindara para el triunfo. Fue por ello la faena de Gómez del Pilar la más importante de la tarde, que a punto estuvo de pasear el triunfo, pero la espada empeñó su buen hacer. Sí que pudo cortar la oreja al segundo de su lote. David Galván no tuvo suerte con los de su lote, siendo el primero devuelto y el cuarto un inválido de nulas opciones. Francisco José Espada no encontró acople, aunque algún que otro destello al natural y por abajo se pudo disfrutar. Muchi mejor estuvo en el último de la tarde, al que sacó todo lo que tuvo.

"Buscabuenos" abrió plaza en Madrid. David Galván lo saludó sin lucirse con el astado, que no podía, perdía las manos descoordinado. Finalmente, fue devuelto a corrales y en su lugar salió un toro de Montealto al que Galván meció en su capote. Empezó la faena tanteandolo por ambos pitones, dejándolo pasar, metiéndolo en la tela por abajo, puliendo sus salidas por alto. Lo sacó del tercio, remató las probaturas y empezó a llevarlo sobre el pitón derecho, abriendo, recogiendo y guiando, sin quitársela. El de Montealto tenía un tranco irregular y flojo, había que sujetarlo en tandas cortas y de poca exigencia. Rectificando y buscando las distancias, no encontró pulcritud, salvo algún pase curvilíneo a la cadera al natural. Culminó pegado a tablas, tratando de romperse, encontrando el compás al final del último tercio. Falló con los aceros.

Gómez del Pilar se fue a la puerta de chiqueros para recibir al segundo de la tarde a portagayola. Salió y entró en aquella larga cambiada que el diestro le recetó, para después seguir estirandose con el astado. Brindó a García Padrós para después empezar desde los mismos medios, de rodillas, llevándolo cosido a la franela, toreando. Levantó los tendidos de la plaza. Le dio tiempo, lo dejó respirar y volvió a citarlo de rodillas, envolviéndoselo al cuerpo, aprovechando la larga distancias para que la inercia del animal hiciera el resto. Ahora ya sobre el pitón derecho, con cadencia, buscándolo abajo, dejando el paso atrás y tirando del animal. Gómez del Pilar se la dejó puesta mientras él se mantenía anclado al firme en un vaivén de embestidas en las que lo tocó abajo y se rompió con el astado. El diestro compensó la exigencia de las series con los respiros que le dejó entre ellas. Dejó un pinchazo hondo, que no sería suficiente.

Francisco José Espada no encontró acople en el saludo capotero del tercero de la tarde. Llegó el último tercio y el diestro lo empezó a pies juntos, para después seguir sobre el pitón derecho, guiando el buen tranco al que respondía el animal. Sin embargo, no podía era un tranco de querer y no poder entregarse, pues acababa perdiendo las manos. Soltaba la cara al encontrar la tela, tampoco le gustaba sentirse podido. No estaba en plenas facultades el animal, sin embargo, mantenía una uniformidad permisiva que dejó a Francisco José Espada hacer una faena en la que en el toreo al natural, con algún pase, en el que le fue bajando la mano paulatinamente, logró enroscárselo, pero sin terminar de calar en los tendidos, alargando la faena.

David Galván marcó el ecuador del festejo con el segundo de su lote, en un saludo bregado en el que no pudo lucirse. El toro fue muy protestado y se pidió el cambio ante su condición, pero el presidente no consideró oportuno el cambio. El inicio de la faena estuvo marcado por las protestas, mientras Galván trataba de sacar algo a un inválido. Lo toreó, prácticamente, en el tercio, empeñado en exprimirlo, dejándolo respirar y mucho sitio. Lo apuró y aprovechó las arrancadas para que el animal pasara por la muleta. Las protestas se extendían, pero al diestro parecieron no importarle, sabía lo que había con el astado, así que no paró de buscarlo. Fue al natural, donde logró sacarle algo más en largo, dejándole los vuelos en la cara para que los siguiera y darle algo más de cuerpo a la faena.

Gómez del Pilar se fue, de nuevo, a portagayola para recibir al segundo de su lote. Sin embargo, después le costó fijarlo en el percal, sería después de que lo dejara correr. Tras un buen tercio de banderillas, el diestro se fue directo a los medios para brindar al público y empezar bajo los terrenos de siete. Firmeza y determinación en los primeros compases, puesto en el sitio, dejandosela puesta y tirando de un animal al que no les podías quitar la tela del morrillo. No logró mantenerlo en el sitio, el animal acudió a los del uno, así que fue desde allí donde seguiría el último tercio. No faltó voz, para que el astado no se le fuera.  Se lo echó a la cadera y ligó uno tras otro, cada vez más próximo a las tablas. Cambió los terrenos, fuera del tercio, muy despacio, uno a uno, exprimiendo lo que le dejaba. Había pinceladas, no daba para la continuidad, nada reprochable a la actitud sólida y determinante de Gómez del Pilar. La suerte suprema se alargó y terminó fallando con la Espada tras escuchar el aviso. Sería al segundo intento donde hundiera el acero con acierto.

Francisco José Espada trazó un saludo comedido. Fue un astado muy criticado, pero el diestro empezó la faena como si nada, a pies juntos, probándolo por ambos pitones. Se lo ciñó, se lo llegó a pasar por la espalda, mostrando expresión con el astado. El animal se quedaba corto, pero atendía al cite del espada, todo ello entre las críticas. Tiró y arrastró, buscando lucimiento en las pinceladas, sin dejarse nada atrás. Empezó a curvarse con el astado, llevándolo hasta el final, tratando de alargar algo más su recorrido, haciendo las cosas a favor del animal, dándole ventajas. Se ajustó los tiempos y no alargó la faena. Las manoletinas que cerraron la faena terminaron de convencer a los tendidos, se lo pasó muy cerca y sin afear. 

Toros de José Enrique Fraile Valdefresno para David Galván, ovación y silencio; Gómez del Pilar, ovación y oreja; Francisco José Espada, silencio.

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