"Hurón" destaca en la primera nocturna

Crónica 

PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

Las Ventas llegaba con las novilladas nocturnas, con Cénate Las Ventas, una iniciativa que atrajo a los aficionados a la plaza de toros. Este jueves 7 de julio, inauguraban las nocturnas los novilleros Diego Peseiro, Francisco Montero y José Rojo, que se midieron a los astados de Saltillo y Fuente Ymbro. En la primera mitad del festejo faltó chispa, no terminó de romper en las faenas, a pesar del empeño de los novilleros, destacando José Rojo ante el tercero de Saltillo. El quinto de la tarde, un utrero de Fuente Ymbro al que se le pudo haber sacado más, no dejó de embestir, pero Montero no le dejó la suavidad necesaria.

Peseiro no pudo trazar un saludo lucido al primero de la tarde, un novillo de Saltillo, que trató de saltar y al que no logró fijar. El novillero ejecutó el tercio de banderillas, con tres pares en lo alto. Empezó la faena a pies juntos, probándolo por ambos pitones, dándole tiempo y sitio, sacándolo poco a poco fuera del tercio. Lo mostró por abajo entre probaturas. Siguió sobre el pitón derecho, por alto, sin encontrar todavía el acople, llevándolo de uno en uno. El novillo se le metía por dentro y tuvo que parar, dejarlo respirar y retomar. Al natural, empezaba abajo, pero no tardaba en colocar la cara y descomponerse. Tiró de los vuelos con rabia, sin esperar la embestida, tratando de adelantarse. Volvió a la mano derecha, pero el animal ya no completaba un pase, se quedaba corto. Falló con los aceros y el animal dobló con el golpe de cruceta.

Montero trató de dar cuerpo a las embestidas del novillo en el saludo capotero. El tercio de varas fue algo de lo más protestado, al considerarse insuficiente. Llegó la faena de muleta y antes de que Montero pudiera tantearlo sufrió un serio percance Daniel Sánchez. Mientras el de plata era trasladado a la enfermería, el espada empezaba su faena, con raza,  ganándose los tendidos, llevándolo a media altura. Le empezó a buscar a bajo en mitad de la faena, dejandosela puesta para que el animal la siguiera. Encontró la continuidad y ligazón en la serie. No dejó de llamarlo, fijándolo para que se mantuviera con él, un novillo que si no lo mantenía metido te buscaba. Los último compases al natural no tuvieron la reunión deseada, dejando algún que otro pase incierto. Mató con aseo.

José Rojo trazó dos largas cambiadas de rodillas para saludar al primero de su lote, después continuó a la verónica con el animal. El novillero se fue al encuentro del astado, amortiguando las primeras embestidas, buscándolo por abajo, aprovechando la inercia de un pase para darle el siguiente. Le exigía y ganaba terrenos, así que le obligó a buscar la distancia, rectificando para darle mayor pulcritud a la faena. Encontró el acople, toreando en aquellos terrenos del siete con la firmeza y determinación de su muñeca derecha. Tocar, fijar y deslizar, provocándolo para arrastrarlo hacia el interior del muletazo. Cada vez más encima, volvía a buscar el sitio, tratando de sacarlo hacia fuera, ajustando las distancias e insistir para que pasara y pudiera culminar el último tercio. Mató con acierto.

Peseiro se fue a portagayola para recibir al segundo de su lote, un astado de Fuente Ymbro al que también se mostró por verónicas. Fue muy ovacionado en los palos el portugués. Siguió y avanzó haciendo la faena de muleta, la cual empezó cerca de los medios,  para recibirlo de rodillas, pero tras pasar en par de ocasiones y tener que rectificar, se levantó y siguió. Tras una tanda incierta en la que el espada no se definió, lo llevó a los medios para llevarlo sobre el pitón derecho. No había acople, lo pasó de uno en uno sin que la faena tomara vuelo, el novillo se le frenaba en mitad del muletazo y soltaba un tornillazo arriba. Cerró por manoletinas, pasando él cuando el animal no lo hacía. Hubo acierto en la estocada.

Montero se estiró con el segundo de su lote, en un saludo comedido y bien llevado. Aunque lo más destacado fue el quite de Montero. El novillo se arrancó con viveza y el espada lo aprovechó para ligarlo desde los medios. El de Fuente Ymbro metía bien la cara, pero apretaba, había que tomarles muy bien las distancias. Estaba fijo en la tela, embistiendo con ritmo, pero Montero no quiso anotarlo, así dosificó las tandas. Entraba con fuerza y codicia, pero necesitaba algo más suavidad. Tenía calidad en su embestida y el novillero quiso exprimirlo, pero no paró de engancharle la tela en los finales de cada pase. Faltó pulcritud y entendimiento con el astado, que terminó por afearle la embestida, sin lograr templarlo. Falló con los aceros.

José Rojo se fue a los terrenos del siete para recibir al último de la tarde, sin poder terminar de estirarse. José Rojo se fue acercando poco a poco al novillo para iniciar la faena, tanteándolo por ambos pitones para después decidirse por el pitón izquierdo, pitón por el que el animal mostraba un son constante. Lo tomó por el derecho, pero el animal no atendía con la misma viveza, había que robarle las embestidas. Se fue apagando poco a poco, soltando la cara ligeramente. Trazó los compases de la faena uno a uno, a base de insistencia. Mató con el golpe de cruceta, tras un pinchazo escaso.

Novillos de Saltillo y Fuente Ymbro para Diego Peseiro, pitos tras aviso; Francisco Montero, palmas; José Rojo, ovación.



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