Fonseca arrasa en Pamplona

Reseña



GUARISMO DEL OCHO 

Abrieron la tarde Jorge Martínez y "Oloroso", con un saludo capotero con ritmo, luciéndose, meciéndolo en el capote. Tanteó en los primeros compases por ambos pitones. El animal era algo áspero, pero tenía continuidad y atendía a las demandas del novillero. Terminó de acoplarse sobre el pitón derecho, pitón por el que bajaba la cara, sin embargo, cada vez acortaba más y se le quedaba más encima, a pesar de la colocación. Terminó por voltearlo, sin consecuencias. Falló con la espada.

Isaac Fonseca lanceó al primero de la tarde con pulcritud, pero sin poder estirarse con el astado hasta el remate. Inició la faena de rodillas, desde los medios, aprovechando la inercia para envolvérselo, abriéndolo y retomando las embestidas. El de Pincha acudía con prontitud, obediencia y pulcritud, dejando que Fonseca sacara variedad. Caló hondo en los aficionados, aunque tuvo que limar las impurezas que el novillo mostraba a la salida de los muletazos, soltando la cara por alto. Se tiró a matar y aunque el animal tardara en doblar, cortó las dos orejas. 

Álvaro Alarcón se midió al tercero de la tarde, saludándolo desde los medios, sin terminar de centrarlo. Se lo ciñó para pasárselo por la espalda e iniciar la faena con el pase cambiado, a punto estuvo de llevárselo por delante. El animal tenía movilidad, pero arremetía sin medida, buscando, volviéndose, sin permitir que la faena que Álvaro pretendía diseñar tomara vuelo. 

"Rascatripas" marcaba el ecuador del festejo en las manos de Jorge Martínez, que lo llevó en el capote amortiguando las embestidas, pasándolo, sin dosificarlo. Le costó meterlo en la tela, pues no terminaba de encontrar el acople con las embestidas que le ofrecía el novillo. Tuvo que rectificar y recomponer, imponiéndose ante la irregularidad, que terminó por pulir. Empañó con la espada su buen empeño

Fonseca recibió a "Vago"con una larga de rodillas para después lancearlo desde el tercio, sin poder lucirse. Empezó la faena atalonado en la arena, probándolo por ambos pitones. No tenía material en el que buscar, le protestaba, cabeceaba, sin querer sentirse sometido, así que lo llevó uno a uno, intentando que no le alcanzara la tela. Tomó paciencia y le fue robando las embestidas, apurando las distancias y los terrenos. Dejó un estoconazo y se llevó las dos orejas. 

Álvaro Alarcón saludó al último de la tarde, tomando la delantera, tratando de fijarlo. Tras un accidentado tercio de banderillas, Álvaro Alarcón empezó la faena de rodillas, dejando algún que otro momento de apuros con un astado que se lo pensaba y medía. Se la tuvo que dejar muy puesta para que el animal no tuviera que elegir entre el cuerpo y la franela. No había uniformidad, pero el novillero le quiso alargar la embestida y mostrarle la salida para evitar que se le quedara tan encima. Lo fue pasando, con más ganas y voluntad, que material tuviera. Tras pinchar logró hundir el acero, pero no afectó para que el diestro se llevara un apéndice.

FOTOS: SANDRA SAGUAR

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