Doble Puerta Grande en Pamplona

Reseña


GUARISMO DEL OCHO

 "Bocinero" abría la tarde en la plaza de toros de Pamplona, un toro que salió con ligereza para frenarse en el capote de Perera, pero sin fijeza. Se fue de rodillas hacia el encuentro con el astado, iniciando así su faena. Se lo envolvió en el sitio, sin moverse, siguiéndolo de rodillas, aprovechando la embestida del animal. Lo toreó encajado de riñones, llevándolo hasta el final, vaciándolo, con gusto y ligazón. Se la dejó puesta, cruzándose, tiró de un animal que metía bien la cara siguiendo la franela. Tenía calidad y dejó un acople casi perfecto. Con la espada el animal tardó en doblar, pero tras un aviso la oreja fue concedida.

Paco Ureña saludaba a "Enamorado", que entraba con cierta incertidumbre sin fijeza en la tela. Inició el último tercio por abajo, obligándole a humillar, muy despacio, tratando de avivar las embestidas. Estas cada vez eran más cortas y con poca fuerza, perdiendo las manos a su salida. Ureña estaba más entregado de lo que podía darle el de Victoriano del Río. Lo pasó de uno en uno, sin obligarlo en exceso, tratando de alargar el recorrido, aguantando el ritmo, sin que terminara de pasar. No le aguantó el ritmo, no tuvo mucho para ofrecer y Ureña no acertó con la espada.

Roca Rey se midió a "Jaceno", un astado que no quiso prestarle demasiada atención al peruano en el capote. Trató de fijarlo y logró envolverlo bregando las primeras embestidas, llevándolo. Empezó a pies juntos, pasándoselo por la espalda para después seguir toreándolo. Lo llevó cosido, sin separar la franela del morrillo, diseñando su faena desde los medios. Se impuso con poder y mucha determinación, exprimiendo las embestidas, bajándole la mano, totalmente encajado, llevándoselo a la cadera, prolongando y dando continuidad a los pases. Cerró por estatuarios muy ceñidos. Pinchó con la espada, pero eso no evitó que le cortara la oreja.

Marcaba el ecuador del festejo Miguel Ángel Perera, que se pudo estirar ya fuera del tercio, prácticamente en los medios, ganándole terreno. Lo tanteó a pies juntos, con cadencia y torería, dejando que el animal pasara por ambos pitones, templándolo. Eligió la mano derecha, por donde le fue bajando la mano hasta el final del muletazo, pero el animal a mitad del pase levantaba la cara, con una salida algo deslucida. Lo llevó al natural, con un pitón mucho más templado y entregado, bajando la cara con armonía, así que desde los medios, fue culminando su faena sobre ese pitón izquierdo. Lo llevó con pulcritud. Cerró y dejó una estocada aseada.

"Misigato" se quedó fijo en los vuelos del capote del saludo de Paco Ureña. Inició la faena de muleta atalonado en la arena, pasándoselo a pies juntos. Lo toreó sobre el pitón derecho, con una embestida justa que cada vez se quedaba más corta en los pases. Fue afeando su recorrido, sin mantener la uniformidad en el último tercio, ni dejar opciones a Paco Ureña, que se limitó a pasarlo, tratando de colocar y lucir algún que otro muletazo suelto. Era complicado aunar. Dejó una muy buena estocada, con la que culminaba su entrega absoluta ante un toro escaso.

Cerraba la tarde Andrés Roca Rey con un astado que tardó en adentrarse en los vuelos de su percal, pero se fue haciendo con el astado hasta sacarlo. Con la cadencia y temple que tanto lo caracterizan, el peruano fue sacando al toro a los medios, para después seguirlo sobre el pitón derecho, bajándole la mano, muy en sitio. El de Victoriano del Río fue encarrilando la embestida entre las directrices de Roca Rey. Se lo llevó a la cadera, con pases muy largos, culminando cada tanda. Se ancló y lo veía pasar, envolviéndoselo alrededor. Cada vez le costaba más seguir el compás al diestro, aún así, se lo ciñó, apurando las distancias. Estuvo a punto de prenderlo un toro totalmente rajado. Metió la mano con aseo al segundo intento.

Plaza de toros de Pamplona. Toros de Victoriano del Río para Miguel Ángel Perera, oreja y oreja; Paco Ureña, silencio tras aviso y oreja; Andrés Roca Rey, oreja y oreja. 


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