Llevársela o jugársela

Crónica 



PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

Madrid albergaba la penúltima tarde de la Feria de San Isidro. Rafaelillo, Manuel Escribano y Alejandro Talavante se medían a los astados de Adolfo Martín. Los toros iban y venían, dejando la labor de entrega a los matadores de toros, que tuvieron que buscar las teclas para meterlos en la faena. Rafaelillo cortó la primera oreja de la tarde con el primero de su lote, teniendo una de las mejores estocadas de la feria. Con el cuarto, marcando el ecuador del festejo, se midió a un toro muy complicado con el que se metió en terrenos comprometidos, pero la espada entró al segundo intento. El peligro sordo se apoderó de la tarde, sobre todo, en la faena de Manuel Escribano, en la que insisitó a pesar de lo que sabía que el animal podía ofrecerle. Talavante quiso y no pudo.

Rafaelillo frenó al primero de la tarde, un toro que le permitió estirarse en el capote. En la faena de muleta tanteó a "Mentiroso", manteniéndolo sin fuerza. Se decidió por el pitón derecho, pasando a un animal, que sin humillar, logró meterlo en la faena. Al natural, algo más pudo escarbar, pudiendo expresarse, llevándolo más lejos, sacándolo. El animal tenía un tranco irregular, sin bajar la cara, pero Rafaelillo se lo llevó hasta el final del muletazo, arqueándose. Acertó con la espada, dejando todo un estoconazo.

Manuel Escribano pudo lucirse con el primero de su lote, sacándolo poco a poco. El tercio de banderillas lo protagonizó el propio matador, cerrando con un par al quiebro y al violín. El sevillano lo tanteó levemente hasta llevarlo más allá del tercio, donde empezó a torearlo. Escogió la mano derecha, con una trazo lento, cadencioso y bajo en el que continuó la embestida, empujándola hacia adelante. Un tira y afloja continuado, en el que el animal se negaba a terminar de pasar, siendo el matador quien le dejará la muleta puesta y culminara el pase. Le avisó, quedándose muy cerca a la taleguilla. Finalmente, sin añadir nada más, cambió la ayuda por la espada. Falló con los aceros en la suerte suprema y el animal dobló en el golpe de cruceta.

Talavante recibió a "Aviador I" en los terrenos del nueve, primero bregándolo mientras los abría y recogía la embestida, para después estirarse a la verónica. Tras un buen tercio de banderillas, el extremeño se fue al tercio para probarlo poco a poco, para después seguir con la mano izquierda. Se la dejó muerta en el albero, para después dejársela en la cara y tirar del animal. Algo más irregular y áspero resultó por el pitón derecho, pitón que terminó limando, aunque no tardaría en retomar la mano izquierda. Lo quiso llevar lejos, evitando que se le quedara encima, pero el viento no jugó a su favor, algo que se sumaba al interés que iba perdiendo el astado, metiéndose por dentro. Le falló la espada.

Salió con viveza el cuarto de la tarde, apretando hacia las tablas Rafaelillo, exigiéndole, por ello tuvo que sacarlo hacia los medios, donde se estiró al ritmo frenético que el animal pautaba. Lo llevó por alto en el inicio de faena, después de protagonizar un importante tercio de varas. Le costaba atender al cite, estando muy agarrado al piso. Rafaelillo buscó el sitio para iniciar las tandas y después ligarlo, pero se tragaba el primero, después venía vencido y había que rectificar, sabía lo que dejaba atrás y buscaba. Volvió a colocarlo, paralelo a tablas, para dejarle el pico y tirar, pero solo arremetía con violencia. A pesar de todo, se metió en los terrenos comprometidos, donde sabía que le soltaría la cara y arremetería. No hubo forma de ahoramar la embestida por abajo, solo había incertidumbre y un peligro latente. Falló al primer intento, pero estuvo efectivo en el segundo.

Escribano se fue directo a la puerta de chiqueros, para recibir a portagayola al segundo de su lote. Después continuó a base de verónicas desde el tercio, pues no ligó la larga cambia de rodillas. Le llegó a desarmar, pero recompuso el saludo capotero. El matador de toros se adornó en el tercio de banderillas, dejándolas en el sitio y arriba. Escribano lo tanteó, pero no tardó en cambiar los terrenos, sacándolo más hacia los medios. El de Adolfo Martín siguió soltando la cara, con violencia, llegando a desarmarlo. Venía metido por dentro, ajustándose al cuerpo, pasando pero buscando a la salida, volviéndose. Lo avisó y a punto estuvo de prenderlo, pero el diestro siguió insistiendo en los mismos terrenos, sobre el mismo pitón, teniendo que ganarle terreno al final de cada pase, porque le buscaba el pecho. Cerró con una estocada fulminante.

Talavante bregó al último de la tarde, en un saludo comedido que no permitió nada más. Finalmente fue devuelto y en su lugar saldría el primer sobrero, un toro de Garcigrande, protestado en su salida. Talavante lo frenó y guió. El toro se quedó fijo en el peto y el picador siguió insistiendo. Comenzó genuflexo, obligándolo por abajo, con poder y determinación, templándolo mientras lo fue sacando al paso. Con cadencia y mucha despaciosidad siguió llevándolo, insisitiendo sobre un pitón derecho que no atendía a cites. Lo tomó sobre su mano izquierda, con un poder tirante en el que las imposiciones no calaban en el de Garcigrande. Se negaba a pasar, así que retomó el pitón derecho, con provocaciones muy marcadas en las que tiraba hacia adelante de la sosería. Estaba totalmente vacío el animal. Los aceros no fueron su fuerte.

Toros de Adolfo Martín para Rafaelillo, oreja y ovación; Manuel Escribano, silencio y ovación; Alejandro Talavante, silencio y silencio.

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