Entre madurez y juventud

Crónica 


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

Madrid tenía la cuenta atrás activada, quedaban pocos días para que el serial de San Isidro se completara. Este viernes, el coso venteño albergaba una corrida de toros de El Puerto de San Lorenzo y la Ventana del Puerto, a la que se encargarían de estoquear José María Manzanares, Alejandro Marcos y Tomás Rufo. Nuevamente, se celebraba una tarde especial, una tarde de confirmación para el torero de Salamanca. El encierro dejó pocas opciones para el lucimiento, les costaba completar los pases, siendo la terna la que mostrará dominio y poder, pero sin la entrega del astado. La faena de José María Manzanares, que marcó la tarde, al cuarto tuvo intensidad, fuerza y poder, imponiéndose para exprimir a un toro que no tenía nada para ello, cautivó las embestidas y encantó en los tendidos. No dejó nada atrás Rufo con el último de la tarde, un toro con una faena complicada a la que sacó partido, ahormando las embestidas, acompañándolas en la franela.

Alejandro Marcos se encargó de frenar al primero de la tarde, al toro de su confirmación, un toro que prácticamente no pudo llevar con el percal. El toro siempre marcó la puerta de toriles. Tras la ceremonia de confirmación, Alejandro Marcos se puso en el tercio, paralelo a tablas, probándolo genufelxo, sacándolo muy despacio. Se la dejó abajo, con un toreo cadencioso sobre el pitón derecho, envolviéndoselo al cuerpo. Cambió al natural, abriendo un poco el compás, dejando los vuelos en el morrillo, pero dosificando, tratando de que le aguantará la faena completa un toro de poco motor y aquerenciado que no cumplía en la tela. En cuanto terminó la tanda, salió hacia chiqueros, buscando las tablas. Daba lo que podía, el animal no tenía más. Falló con la espada. 

Manzanares estaba estirándose con el segundonde la tarde, pero terminó por arrebatarle el percal y desarmarlo. Tomás Rufo salió para lucirse en el quite, pero no se pudo lucir, el animal se le metió por dentro y el pitón pasó por zonas muy comprometidas. Rufo se quedó agarrado al asta. Manzanares comenzó la faena por abajo, probándolo por ambos pitones. Paró y reestructuró. Lo tomó sobre la mano derecha, pero el animal se venía cruzado, por lo que no podía darle la ligazón deseada. Había continuidad, pero la muleta se la tenía que dejar muy puesta para que no se metiera por dentro. Tuvo peligro, había que respetar su sitio, así que el de Alicante trató de abrirlo, recurriendo más al pico y mostrarle la salida. Se puso con firmeza ante las dificultades y mató con una buena estocada arriba.

El toro de Rufo fue disperso, aunque lo mantuvo ligeramente fijado en la tela durante el saludo capotero. El de Toledo brindó y se dispuso con el animal por abajo, sacándolo mientras lo tanteaba genuflexo. Una vez hechas todas las probaturas, se puso con él, pero el dominio del diestro lo abrumaba, huyendo de la tela, sin fuerza, agarrado al piso. No terminaba de pasar. Pudo sacarle algún pase sobre el pitón derecho, por abajo y muy cerca, pero sin nada para exprimir.

Manzanares lo fijó en el percal durante el saludo capotero, sin poder terminar de estirarse con el capote. El diestro lo sacó al tercio, tratando de templar una embestida basada en los arreones, irregular. La fue ahormando, lo fue metiendo poco a poco, bajándole la mano. Cautivando su comportamiento, haciéndole tragar. Lo llevó sobre el pitón izquierdo, con la amplitud de sus vuelos, envolviéndolo, recogiendo la embestida y dejándola metida. Quiso mostrarlo sobre el derecho, en una faena que tenía cuajada por el izquierdo. Sobre la mano derecha le costaba obedecer, no se adentraba en el cite. Sin embargo, a base de insistirle logró llevarlo. No terminaba de bajar la cara, pero la media altura fue suficiente para cuajar una faena importante ante un toro que no le brindó opciones. Le falló la espada.

Volvía al ruedo Alejandro Marcos, para lucirse con el segundo de su lote, al que llevó a la verónica bajó el tendido siete. Alejandro Marcos inició la faena con mucha cautela, bajándole la mano, arqueándose, pero mimando las embestidas para que no perdiera las manos. No podía tocar la tela, pues se terminaba de descomponer su embestida. La faena estaba más que medida, obligándole a llevarlo a media altura para sostenerlo. Resultó de cuidados paliativos, poniéndose pero sin ser correspondido. Pinchó en la suerte suprema.

Tomás Rufo bregó en un saludo breve al último de la tarde, un toro que no tuvo interés en el capote. El de El Puerto de San Lorenzo acabó por tirar al caballo, quedando el picador bajo el animal. Cuando pudieron quitarle de encima al animal, salió y se fue a enfermería. En su lugar, picaría el que guardaba la puerta. Destacó Fernando Sánchez en tercio de banderillas, levantando a los tendidos. Lo tanteó en los primeros compases de la faena de muleta, para después seguir sobre el pitón derecho, dejándoselo puesto y abajo, guiando una embestida mermada y frenada. Se arqueó con él animal, llevándolo hasta el final, mientras se anclaba en la arena, mirándolo pasar a su alrededor. Los "olé" marcaron el compás de una faena que tomaba forma en aquellos terrenos del cinco. Por el izquierdo se le quedaba algo más corto, metiéndose por dentro, por lo que tuvo que parar y citar para darle una continuidad pulcra. Le dejó los vuelos en el morrillo, acompañando la embestida, sin descompasar, ahormando. Empujó él las embestidas.

Toros de Puerto de San Lorenzo y Ventana del apuesto para José María Manzanares, silencio y ovación; Tomás Rufo, silencio; Alejandro Marcos, silencio tras aviso.

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