Entre pitones

Crónica 


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

Una tarde especial, una tarde de alternativa, volvía a tener un sabor amargo. Juan Leal, Joaquín Galdós y Rafael González, que tomaba la alternativa, se medían a los astados de Fuente Ymbro. La ganadería regresaba por tercera vez a la Feria de San Isidro, con la cara y la cruz. En esta ocasión, el encierro salió más próximo a lo que se disfrutó en la novillada del pasado lunes. Dejando hacer, con opciones y variedad. Sin embargo, eso sería lo de menos, porque hubo de todo, hubo toros a los que las opciones se las buscaron los matadores. Sin embargo, se probó la cruz en la alternativa de Rafael, que tras dejar una buena faena, fue prendido en los últimos compases, y eso que ya le había avisado. El resto de la tarde, con Rafael González en la enfermería, se desarrolló entre Juan Leal y Joaquín Galdós. El diestro francés bailó en las distancias cortas, en distancias muy comprometidas, teniendo algún que otro percance sin consecuencias. Joaquín Galdós pasó por la tarde sin llegar a calar en el público venteño.

"Pardillo" abría la tarde en las manos de Rafael González, que lo frenó y estiró a la verónica, guiándolo. Tras cumplir con la ceremonia de la alternativa, el diestro brindó el toro y se fue a su encuentro. Lo tanteó genuflexo, llamándolo y tocandolo, sin que se le fuera, atrapándolo en la tela. Le llevó por abajo, cosido, ligando cada muletazo. El cite fue delantero, con un trazo curvilíneo en el que se lo envolvió a la cintura. El animal acometía con fijeza, aunque con alguna que otra impurezas, sobre todo en los últimos compases. Fue feamente prendido y volteado, no podía mantenerse, pero insistió en volver a la cara del animal, cayendo sobre el albero frente al animal. Llegó a entrar a matar, pero no tenía fuerza para empujar el acero. Finalmente, se lo llevaron a la enfermería y Juan Leal se hizo cargo de la suerte suprema.

Leal se encargó de recibir al segundo de la tarde, un toro que se ciñó y que el diestro fue abriendo la embestida en el saludo capotero. El matador de toros se fue a los medios y se quedó de rodillas. Lo citó y el animal no tardó en verlo y en arrancarse hacia él, después solo tuvo qje aprovechar la inercia para torearlo. Sin embargo una vez que lo tomó sobre el pitón derecho el animal empezó a irse a menos, no cumplía en la muleta. Bajó la mano y le dejó los vuelos para tirar, tratando de ahormar la embestida, dándole mayor profundidad en el recorrido. Se metió en terrenos muy comprometidos, acortando distancias, dándole continuidad, robándole las embestidas, obligándole. Se la dejó muerta en el albero, metiéndose entre los pitones. Se tiró sobre el animal, hundiendo el acero.

Joaquín Galdós probó y bregó en el saludo capotero al primero de su lote y tercero de la tarde. Probó por abajo a un toro comedido y cumplidor. El diestro tomó la franela sobre el pitón izquierdo para torearlo al natural. Sin embargo, rápidamente se cambió la franela a la mano derecha. Su tranco era lento, pero estaba entregado a la franela, empezando el pase abajo y siguiéndolo a su salida. Estaba fijo en la tela, así que Galdós aprovechó la circunstancia para exprimir ese pitón derecho. Llegó el momento de llevarlo al natural, es cierto que le tocó algo más la tela. Alargó sin sentido una faena que había perdido toda su esencia. Se fue a menos. No hubo acierto con la espada y el animal se demoró en doblar.

Leal saludó al segundo de su lote, un animal que marcaba el ecuador del festejo. Salió sin interés en la tela, le dejaron correr la plaza antes de encontrarse con las manos del diestro. El matador de toros lo tanteó genuflexo, sacándolo del tercio, avanzando con el, tirando hacia adelante. El de Fuente Ymbro no terminaba de pasar, se lo pensaba y Leal añadió descansos en las tandas, dejándolo respirar, sin agobiarlo. No podía sentirse podido, embestía como podía, a base de arreones defensivos, teniendo por cuello un látigo. No había nada que exprimir, a pesar de que Leal se empeñara en mostrarle su dominio, bajando la tela, citándolo abajo y justo en el morrillo, apurando las distancias. El diestro lo aguantó en el sitio, imponiéndose,  tragando, de nuevo, entre pitones. Le volteó, sin aparentes consecuencias, y volvió para seguir, ciñéndoselo, toreándolo, exprimiéndolo.

El saludo de Galdós fue comedido, sin poder estirarse apropiadamente. En la faena de muleta, las probaturas fueron cortas, quiso empezar a torearlo. Sin embargo, el de Fuente Ymbro no ofrecía pulcritud ni uniformidad en la tela. Lo pasó, pero sin terminar de romper la faena y, por supuesto, sin calar entre el público venteño. Empleó el pico, llevándolo con ello, para después mostrarle salida, colocarse y volver a citar, muy mecanizado sin adentrarse en lo que el animal exigía. Quiso culminar por abajo, pegado a las tablas, sin nada más que añadir. No tuvo acierto con la espada.

Juan Leal frenó al último de la tarde, en un recibo bregado y poco lucido en el que se limitó a guiar su embestida. Le dio emoción en el inicio de faena, anclándose en los medios y citándolo en la larga distancia. El animal se arrancó y el diestro se lo pasó por la espalda, alternando. Era un toro complicado que avisaba, que miraba, que no pasaba. Fue Leal el que le obligó a meterse en la faena. Resultó un tira y afloja, en el que el poder del diestro se terminó imponiendo en los terrenos del tercio, bajo el tendido nueve. Se la dejó muy puesta, que lo único que viera fuera tela. Parecía no ser suficiente, seguía buscando y soltando la cara en mitad de los muletazos. Hubo un milagro, para que el francés no saliera herido. Mucha técnica entre los pitones, inventándose una faena nuevamente.  Firmeza y determinación ante el desinterés y falta de entrega del último de la tarde.

Toros de Fuente Ymbro para Juan Leal, oreja, ovación; Joaquín Galdós, silencio y silencio; Rafael González, herido.


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