Talavante y "Follonero"

Crónica 


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

Las Ventas albergaba un mano a mano de "No hay billetes" para la Corrida de La Cultura. Una tarde en la que se aunaba el reencuentro y una historia en alza. Alejandro Talavante y Juan Ortega se medían a los de Jandilla y Vegahermosa, unos animales que respondían al cite, pero que no permitían errores, exigían el sitio y las distancias. Aquello de sentirse podidos tampoco lo terminaban de llevar del todo bien. Talavante sacó a relucir su mano izquierda, cortando la primera y única oreja de la tarde, en una faena que fue construyendo el extremeño poco a poco. Ortega, por su parte, sacó raza sevillana dejando buenos pasajes con el capote. Sin embargo, no todos los de su lote le permitieron el lucimiento, lo cierto es que con el segundo se quedó muy encima, ahogando las embestidas. Aún así la tarde prometía más.

"Sembrador" saltaba al ruedo después de los saludos y ovaciones a Talavante, Juan Ortega y Álvaro de la Calle. El extremeño se encargó de fenarlo, una vez bregado y guiada su embestida, se estiró al compás de las verónicas. El tercio de varas se desarrolló sin pena ni gloria, sería en el de banderillas, donde sí se saborearon los pares. Talavante fue a buscarlo bajo el siete, probándolo por abajo, por ambos pitones, evitando el viento. Terminó templando la embestida. Se fue más allá del tercio, toreando a cámara lenta, había que marcar muy bien los muletazos, parando, paso atrás y citar. Requería estar en el sitio, no permitía las cosas de cualquier manera. Logró meterlo y ligarlo en la buena tanda al natural en la que hubo mayor profundidad. Tenía a la plaza entregada. Sobre el pitón izquierdo, empleó el pico de la muleta para tomarlo delantero y los vuelos para llevarlo algo más lejos

Juan Ortega saludó al segundo de la tarde, un toro de Jandilla, de nombre "Lacero", sacando a relucir su corte sevillano, lanceándolo entre "olé". Juan Ortega lo fue sacando al tercio a base de bajarle la mano, pero este soltaba algún que otro tornillazo a su salida. Le costaba atender a las demandas del diestro. Se lo acabó enroscando a la cintura, en una faena de muchos cuidados, en la que se le exigió al sevillano. Le ganaba el terreno, quedándose encima, sin poder expresarse en su totalidad. No eligió el camino fácil, eligió ponerse delante de un animal que no perdonaba ni una. El diestro le abrió el compás y le aguantó el ritmo del uno a uno, para que tampoco se sintiera podido. En los últimos compases le robó los mejores muletazos de toda la faena. Le metió la mano mientras la plaza se ahogaba en un silencio sepulcral. El animal no tardó en doblar.

"Follonero" salió muy despacio, frenándose, pero sin rematar. Talavante se estiró con el, luciendose con el de Vegahermosa. Una animal más reservón que lo mostró en el desarrollo del tercio de banderillas, soltando también la cara arriba. El diestro brindó desde los medios, aprovechando la inercia del primer muletazo en las distancias largas para darle continuidad al inicio de faena. El animal repetía con ritmo, aunque con alguna que otra cosa que limar. Se arrancaba con viveza, pero no le gustaba aquello de sentirse dominado. Mostró desigualdades, quedándose en ocasiones algo corto, pero Talavante quiso exprimirlo, manteniéndose firme, anclado en la arena, siendo el astado el que se moviera a su alrededor. La clave estuvo en la continuidad, llevada a base de vuelos, mucha voz y una franela bien puesta. El diestro encontró la clave de su faena en la movilidad del segundo de su lote, que lo llevó totalmente metido por abajo, rompiéndose con aquella mano izquierda que tantas tardes de triunfo había dado. Aunque la espada fue certera, el de Vegahermosa se tragó la muerte contra las tablas.

Ortega volvió a conducir la embestida del segundo de su lote abriendo, sacándolo del tercio. Se volvía a aplaudir el tercio de banderillas, con palos en la cara, de esos en los que se asoman. El sevillano fue apaciguando la embestida, tanteándola por ambos pitones. Las probaturas no se alargaron, tomó la franela sobre la mano derecha, siguiéndolo. Sin uniformidad y con más de una salida por alto, Ortega desarrolló los primeros compases cerca del tercio, sin tregua, a un ritmo desenfrenado. Cambió los terrenos y se aproximó a los medios, logrando llevarlo con el uno a uno, dejando su brazo hasta el final y girando la muñeca en la muerte de los naturales para que los vuelos lo envolvieran. Parado, sin entrega y sin contenido, lo puso todo Ortega, que acortó las distancias para insistir y que atendiera al engaño. Se quedó muy encima, ahogando las embestidas del animal. El diestro metió la mano con aseo, sin complicarse demasiado.

Talavante se fue al siete para recibir al último de su lote, un negro listón que recibió una buena brega en el saludo capotero. Tras un desastroso tercio de varas, salvable con el de banderillas, Talavante fue sacando a su adversario más allá del tercio, por abajo y muy despacio. Eligió el toreo al natural, con tandas cortas de trazo largo. Tras quedarse desarmado, tomó la muleta sobre la mano derecha, pero no llegaba igual, no era ese toreo roto e infinito. Le faltaba algo, así que sin nada más que añadir ante un toro negado, cambió la ayuda por la espada. Pasaportó a un astado que no quiso enterarse y del que Talavante sacó destellos, pero al que podría haber sacado algo más.

Ortega pudo andar al tercero de su lote, con un saludo bregado en el que no se pudo estirar. El diestro lo esperó con quietud en la franela para probarlo. Rápidamente, escogió el pitón derecho, pero el animal ya empezaba dando pocas esperanzas para el sevillano.  No encontraba el acople con el de Jandilla, que no se prestaba a pasar y cuando lo hacía era soltando la cara, sin querer sentirse podido. Sin sacar nada más al toro se fue directo a por la espada y le dio pista.

Toros de Jandilla y Vegahermosa para Alejandro Talavante, silencio, oreja tras aviso y silencio; Juan Ortega, palmas .

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