Cara y cruz

Crónica 


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

Madrid vivió un día de celebración, era 15 de mayo, era San Isidro. Curro Díaz, Álvaro Lorenzo y Ginés Marín se medían a los astados de El Parralejo. El rojo de los claveles bañaba la tarde de sangre, Ginés Marín sufría una herida por asta de toro ante el tercero de la tarde. Los astados dieron un juego escaso, nada de ventajas para los diestros, protestaban, buscaban y eran reservados. La excepción llegó con el primero, al que Curro Díaz llevó con clasicismo, pases cadenciosos y toreo lento. Algo más vacías fueron las embestidas de las demás, aunque aprovechables las del quinto, a pesar de las reservas que este causaba. Lo exprimió y el de Toledo, entre polémicas por el sitio, logró cortar el primer apéndice de la tarde. Algo parecido ocurrió con el último de la tarde, al que también tuvo que lidiar Curro. Lo puso todo el de Linares, dándole emoción a la faena. 

Majadero" abría la tarde en manos de Curro Díaz, quien lo recibió con un ramillete de verónicas al compás. El animal recibió un buen tercio de varas, al que le siguió un gran quite de Álvaro Lorenzo desde los medios. Lebrija se libró por los pelos tras perder los pies en la cara del toro. Curro Díaz lo fue atemperando, metiéndolo por abajo mientras lo tanteaba por ambos pitones. Por el izquierdo soltaba la cara arriba en la salida. Se salió del tercio con una buena tanda por el pitón derecho, cadenciosa, totalmente acompasado. El animal era pronto al cite, siguiendo la tela con codicia, aunque algo reservado. Era de tandas cortas y muletazos por bajo, tenía que ser el animal el que vaciara su embestida y no verse obligado a ello. Curro lo trató con mimo, dejando en el toreo al natural la muleta muerta en el morrillo. Se dobló con el, arrastrando la muleta por el albero, llevándolo poco a poco a su terreno. Mató con derrame incluido.

Álvaro Lorenzo recibió al segundo de la tarde, un astado que salió ligeramente disperso y que rápidamente huía del percal. El diestro se llegó a estirar hasta en tres ocasiones, el resto se basó en la labor de brega. Tras un criticado tercio de varas, se protestó efusivamente las condiciones de este. El de El Parralejo estaba para cogerlo con pinzas, así que finalmente fue devuelto. En su lugar salía el primer sobrero, de José Vázquez, al que Álvaro lo recibió en un saludo de brega medido y pausado. No se ejecutó el tercio de varas como debiera, algo que se remedios en el de banderillas. Cogió la muleta para recibir a un astado suelto, disperso, manso y descoordinado, que no tenía fuerza y al que hubo que recetarle una faena paliativa. El diestro lo fue metiendo en la tela, insistiendo fuera de sitio, había que meterse algo más para que atendiera los cites. Sin terminar de alejarse del tercio, se la dejónpuesta y fue tirando, siendo la tela la que esperara a la embestida, terminando así de completar los pases. Sobre el pitón izquierdo logró darle otra chispa. Logró hundir el acero al segundo, aunque parecía no ser suficiente.

Ginés Marín saludó a "Congresista", tratando de lucirse, pero sin evitar que le arrancara el capote de las manos. No hubo tiempo para pensar, Ginés Marín lo recibió junta a las tablas para después ir sacándolo al paso, alternando pases por bajo y alto. El animal pasaba en largo, dando distancia, pero siempre buscando lo que dejaba atrás. Lo llegó a ofender, volteándolo con fealdad. Se repuso y volvió a la cara del animal, cambiando los terrenos, donde el de El Parralejo marcaba. Se sentía podido y descomponía su embestida con agresividad. Acortó la faena, pero la herida que llevaba le había atravesado el muslo.

Curro Díaz y "Molinero" marcaron el ecuador del festejo, con un saludo guiado en el que fue educando la embestida. El respetable reconoció la labor de los subalternos en el tercio de banderillas, donde se dejaron buenos pares en el sitio y en lo alto. El de Linares lo citaba, pero el animal se lo pensaba. Sus embestidas eran defensivas, derrotando en lo alto en cada salida. El diestro tomó la muleta sobre el pitón derecho, muy despacio, acercando posturas entre ambos, citándolo delantero, sin pulcritud. Se cruzaba y al natural, debía levantarle la mano, pues caía sobre el firme. Eran embestidas vacías, cada vez más cortas y peligrosas. Mató con aseo.

Álvaro Lorenzo lanceó al segundo de su lote, muy despacio, abriendo el compás, sacándolo hacia los medios. Se desarrolló un notable tercio de banderillas, también ovacionado, ovación que continuaría con el brindis de Álvaro Lorenzo desde los medios. Desde allí esperó al astado con la muleta plegada, pasándoselo por la espalda y quedando desarmado. Volvió y retomó, ahora ya sobre la mano derecho, esperándolo en largo para después aprovechar la inercia y llevarlo ligado. A pesar de las reservas que este animal causaba, Álvaro quiso aprovechar pasándoselo a cámara lenta a su alrededor. El público lo acompaña al compás de los "olé", había llegado a los tendidos, a base de una mano baja y templada. El animal respondía con la mirada fija en la tela, pero debía cruzarse para continuar. Álvaro lo tocó y fijó en cada pase. Mostró firmeza, aunque algo insistente en cuanto al sitio. Abrió y recogió, uno a uno. Cerró por bernardinas y culminó con una espadazo en el sitio.

Curro Díaz recibió al último de la tarde, pues Ginés Marín se mantenía en la enfermería, donde le operaban del percance sufrido. Lo frenó y no fue un saludo prolongado, sino que le ajustó. Curro lo recibió genuflexo en la tela, tantenadolo por ambos pitones hasta sacarlo del tercio. Lo siguió cadencioso y abajo sobre el pitón derecho, diseñando tandas cortas. A un tranco más o menos uniforme, reunió las embestidas y las dio forma, vaciándolas por abajo. Citaba tocaba, encauzaba y ligaba, rompiéndose con un astado que se dejaba llevar, ante la quietud y verticalidad de Curro Díaz. Se mantenía a media altura, siguiendo la tela, la emoción la puso el diestro. En la suerte suprema dejó una buena estocada.

Toros de El Parralejo para Curro Díaz, ovación, silencio y oreja; Álvaro Lorenzo, silencio y oreja; Ginés Marín, ovación herido

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