Álvaro Alarcón abre la Puerta Grande de Madrid

 Crónica


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

San Isidro celebraba su tercera y última novillada, una novillada con ejemplares de Fuente Ymbro. Los astados dejaron movilidad, entrega y posibilidad de triunfo, algo que los novilleros salieron para aprovechar. Aunque hubo algún que otro animal que dejaron más complicaciones fue el segundo y el quinto de la tarde, entraban recto, metiéndose por dentro, ignorando la tela, buscando y sabiendo lo que dejaba atrás. La terna la componían Manuel Diosleguarde, Jorge Martínez y Álvaro Alarcón, que reflejaron una gran dimensión y evolución en su etapa novilleril. Hubo un corte clásico en la tarde, otro más puro y uno explosivo, cada uno dentro de lo que viene mostrando. A pesar de los triunfos y orejas cortadas, la tarde estuvo marcada por una decisión, la decisión del presidente, que negó una oreja de peso y rotundidad a Jorge Martínez. Sin embargo, hubo un Álvaro Alarcón roto.

Manuel Diosleguarde frenó a "Amargado", un novillo que salía suelto del percal y al que trató de recoger hasta dejarlo metido. Tras unos tercios protestados, el de Salamanca lo recibió por estatutarios, anclado en la arena. El de Fuente Ymbro metía la cara abajo, ante la muleta puesta de Diosleguarde. Tenía ritmo y garbo en su embestida, permitiendo la continuidad y expresión del novillero. A pesar del lucimiento en la franela, si este la tocaba se descomponía. El espada dio variedad al último tercio, sometiendolo cuando le bajaba la mano y obligaba a tragar. Dejó que el novillo se le moviera alrededor de su cintura, mientras él mantenía las manoletinas fijas en el firme. Fue a por la espada para cerrar la faena y tirarse a matar con todo, a pesar de lo disperso que el animal se mostraba.

Jorge Martínez se encontró con un astado al que le costaba fijarse en la tela, no quería entrar. Una vez metido, acometía con fuerza y repitiendo. A punto estuvo de meterse por dentro, al no desplegarse bien el capote, y llevárselo por delante. Alarcón se fue directo a los medios para hacer su correspondiente quite, apurando las distancias, pasándoselo muy ceñido. Martínez se acercó a las tablas para tantearlo genuflexo, mientras iba sacando a un astado que no daba descanso, pegajoso, muy encima. Entraba recto, directo al cuerpo, sabía lo que había detrás de la tela, así que se mostró ajeno. Llegó a llevárselo por delante. Un toro peligroso al que trató de abrir, alejándolo del cuerpo, por abajo y al natural. No hubo forma de que se hiciera con él, fue un novillo poco agradecido que no paraba de colarse. Metió la mano con habilidad.

El viento no ayudó en el saludo capotero de Álvaro Alarcón, que no dejó de llamarlo para que no se desligara del percal. Tras un buen puyazo, llegó el quite de Manuel Diosleguarde, que se lo pasó muy cerca, apurando. En el tercio de banderillas la ovación fue para Félix Delgado y Andrés Revuelta. Alarcón se fue a los medios a brindar, allí se quedó, esperándolo con la muleta plegada, para pasárselo por la espalda. El de Fuente Ymbro tenía embestidas para ofrecer y Alarcón mucho que aprovechar, así que le bajó la mano y empezó a ligar un muletazo tras otro. Los vuelos se los dejó algo más adelantos para enganchar la embestida de delante hacia atrás, llevándolo metido. No resultó una faena excesivamente larga, sacó lucimiento cuando el animal conservaba la movilidad. Cerró por bernardinas y culminó con una estocada con la que el animal dobló.

Diosleguarde estuvo comedido en el saludo capotero, llevando y recogiendo la embestida. El último tercio lo iniciaba de rodillas, dejando una entrada en la franela, en un farol de rodillas, en la que soltó la cara por alto y hacia el cuerpo. Se levantó, salió de la raya y lo tomó sobre el pitón derecho, exigiéndole por abajo. Siguió, tratando de templar y encontrar acople, citaba y tiraba, acompañando la embestida. Había que dejársela muy puesta, que no viera otra opción. Más irregular se presentó por el izquierdo, así que retomó el pitón derecho, diseñando más tandas uno a uno, cruzándose, provocándolo y llevándolo a base de mucha voz. No alargó la faena, fue comedido. Desarrolló los último compases por manoletinas para que, posteriormente, dejara una estocada insuficiente, teniendo que descabellar.

Jorge Martínez trazó un saludo cálido y armónico al segundo de su lote, estirándose por verónicas hasta rematarlo. Salió y brindó desde los medios para después tantearlo por alto y por bajo hasta tomarle la altura. Lo fue sacando muy despacio y continuó, ya fuera del tercio sobre la mano derecha, deslizándolo con uniformidad. Sin embargo, era un astado al que había que hacerle las cosas con suavidad, sin que se sintiera podido. Terminó toreando en los terrenos que el animal marcaba, no humillaba, tampoco se entregaba. Fue el novillero quien se metió en sus terrenos, aguantándolo mientras se quedaba corto y le soltaba la cara arriba, buscándolo. El de Fuente Ymbro sabía lo que se dejaba. Aún así, Martínez hizo que se los tragara, uno a uno, despacio y por abajo en el tercio. Le pegó un estoconazo.

Alarcón no pudo trazar un saludo lucido, el de Fuente Ymbro salía con las manos arriba, sin entregarse. Alarcón inició la faena de muleta por estatutarios, pasándolo por alto hasta rematarlo por abajo. Continuó con intensidad, citándolo y anclándose en la arena mientras le veía pasar a su alrededor. Le dejó el brazo atrás y le fue alargando la embestida, templándola. Había que mantenerlo muy metido. El animal presentaba sus complicaciones, pero Alarcón las depuró dejando el paso atrás y ligando, rompiéndose con él en un toreo cadencioso de mano baja.

Madrid. Toros de Fuente de Ymbro para Manuel Diosleguarde, oreja; Jorge Martínez, ovación; Álvaro Alarcón, oreja y dos orejas.

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