Pérez Mota corta la única oreja de la tarde

Crónica 



PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

Miraflores de la Sierra albergó la tercera corrida de toros de la Copa Chenel. Paco Ramos, Pérez Mota y García Navarrete se midieron a los astados de Arauz de Robles y Aurelio Hernando. No hubo un gran juego ganadero, pues la lidia recetada en los tercios previos a la faena no ayudaron. Otros como en el caso del lote que le tocó en suerte a Paco Ramos, mansos y rajados desde el primer momento, embistió él a los toros. No faltó entrega en la entrega, pero las embestidas vacías no acompañaron en el lucimiento ni en los trofeos. La única oreja que se paseó en toda la tarde fue para Pérez Mota, con un astado de Arauz de Robles, que se prestó a ello.

Paco Ramos se fue directo a la puerta de toriles para recibir a portagayola al de Arauz de Robles, que salió frenándose. El saludo bregado dio paso al tercio de varas, tercio en el que el picador no encontraba el sitio, sería bajo el tendido del seis donde se  lograra completar la suerte. Comenzó el último tercio pegado a las tablas, genuflexo, ante un astado sin fijeza, de embestida dubitativa, rajada y mansa que no quiso entregarse. Le cambió los terrenos, acortó las distancias, tratando de llevarlo pegado a la tela. Paco Ramos, a pesar de que terminara toreándolo en la querencia, no paró de intentarlo, provocándolo a compás lento y muletazos milimetrados. Sabía que lo tenía que poner todo él. Metió la mano y lo metió con aseo, empujando.

El saludo capotero de Pérez Mota fue breve, logrando dar continuidad a las verónicas, pero sin terminar de fijarlo en la seda. El picador lo señaló, antes de que el astado derrumbara al caballo y se cambiara el tercio. Pérez Mota lo recibió a pies juntos en la muleta, siguiendo con mucha suavidad hasta sacarlo del tercio. No le bajó en exceso la mano, manteniendo el ritmo de la embestida en un tranco uniforme, ligando. En el toreo al natural, trató de darle mayor longitud a los muletazos, dejando que los vuelos y, ahora sí, la mano baja dieran la continuidad. Ralentizó las embestidas del de Arauz de Robles, dejando que lo único que viera fuera la muleta. Miraba y le faltaba motor, pero eso no impidió que Pérez Mota acortara distancias, quedándose entre los pitones.

Daniel García Navarrete frenó al primero de su lote, sin poder estirarse con él, bregándolo, encelándolo en la seda. Paco Plazas le recetó un buen puyazo al de Arauz de Robles. Los primeros compases se desarrollaron por abajo, genuflexo, al tiempo que lo iba sacando al paso. Tras el tanteo por ambos pitones, se decidió por el pitón derecho, trazando la tanda uno a uno, embestida a embestida. Soltaba la cara buscando, sin pulcritud. Paró y retomó, pero tenía que cruzarse, tocándolo, ligando una embestida totalmente descompuesta en cuanto tocaba la tela. Hubo miradas en las salidas de cada muletazo. Navarrete empezó a someterlo por abajo, llevándolo con el pico, abriéndolo algo más el trazo del muletazo. En una de las salidas se le quedó encima, con un pitón que pasó rozando el costado, sin consecuencias. Cambió la ayuda por la espada y pinchó.

Paco Ramos recibió en el percal al primero de Aurelio Hernando, aplaudido en su salida. Le apretó contra las tablas. En el tercio de varas se vivieron momentos de confusión y angustia, el astado tiró al caballo, quedando el picador atrapado, sin poder moverse. No tuvo suerte, en los primeros compases de la faena, el de Arauz de Robles ya buscaba las tablas, totalmente rajado y ajeno a la faena. Se fue a las tablas, arrancándole las embestidas, en las que arremetía a la defensiva, sintiéndose podido. Se puso, pero el cuarto decidió no pasar.

Pérez Mota no lo dejó correr, fue a recibirlo, frenando una embestida que arremetía con fuerza y fijeza en el percal. Lo tanteó por abajo por ambos pitones, tirando del animal hacia delante. Se decantó rápidamente por el pitón derecho. El animal no paraba, andaba y costaba que se quedara quieto. No lo ligó, con buen criterio, sino que midió los pases, cortando, pasándolo y retomándolo. De esta manera, no se le quedó encima, sino que dotó a las series de mayor pulcritud y profundidad, tirando del animal, siempre hacia delante, colocándole muy bien los vuelos. Tenía una embestida bronca y poco definida. Era Pérez Mota quien culminaba los muletazos. Cambió la ayuda por la espada, pero esta cayó baja.

Navarrete frenó al último de la tarde con un buen ramillete de verónicas. Lo probó por ambos pitones, sacándolo del tercio. Parando el tiempo  empezó a llevarlo con suma suavidad sobre el pitón derecho. No lo agobió, lo dejó respirar y lo volvió a envolver en la franela. En paralelo, tocando y dejando, lo quiso llevar, pero sin bajarle demasiado la mano. El viento empezó a molestar y eso lo llevó a algún que otro susto, quedando a merced del astado. Simplemente pasaba, sin terminar de encontrar el acople. 

Miraflores de la Sierra. Toros de Aurelio Hernando y Arauz de Robles para Paco Ramos, ovación; Pérez Mota, oreja tras aviso y silencio; García Navarrete, silencio tras dos avisos y silencio.

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