Barbero devuelve el calor a los tendidos

Crónica 



PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

La segunda novillada que se celebraba en la plaza de toros de Las Ventas fue tímida en triunfos, de hecho las opciones fueron escasas y el silencio y los avisos fue lo único que escucharon los novilleros. Carlos Olsina, José Rojo y Daniel Barbero se midieron a los astados de Sánchez Herrero, en una tarde especialmente complicada. Hubo un toro devuelto al tercer aviso, un percance del que se esperaba lo peor y un encierro de muchas teclas y poca entrega,  sosos, sin transmisión. Se dejaban pasear de un lado a otro, pero sin poderles exigir ni someter, al sentirse podidos arremetían a base de arreones,  sin uniformidad alguna, soltando la cara. Destacó las tandas de Barbero al último de la tarde, que arrancaron los olé del público, pero el presidente le negó la Puerta Grande.

"Caminero" abría la tarde de Carlos Olsina que se estiró a base de verónicas. Con lucimiento, sosteniéndolo en los vuelos. Su falta de fuerza, perdiendo las manos. El que salió en su lugar se metía por dentro, se frenaba y buscaba, el viento jugaba en contra. No tuvo interés en el caballo. Los primeros compases de la faena se desarrolló por abajo, genuflexo, sometiéndolo. Lo llevó muy templado en los terrenos de sol, haciéndose con el astado y el viento. Le costaba atender alcite, se  frenaba en la tela, sin prontitud alguna, pero a base de insistencia, dejándosela abajo y tirando logró configurar las tandas. No pudo evitar sus salidas desmedidas, que se englobaban dentro de un tranco irregular y poco fiable, quedándose encima con miradas al espada. En cuanto tocaba la tela se descomponía con agresividad. Cerró por manoletinas, aferrándose a la determinación.

José Rojo recibió a "Fabiolo", un novillo que salió suelto y al que tuvo que buscar para poder trazar el saludo capotero. La incertidumbre del animal se llevó por delante al tercero de Rojo, Julián Gómez Carpio, con el que hizo presa, pero que afortunadamente no hubo consecuencias. Volvió a tener un pequeño percance en el tercio de banderillas, paseando los pitones por la taleguilla. En el último tercio, en el inicio lo citó en las distancias largas, pero sin lograr ligar con la inercia de su embestida. Le dio tiempo antes de retomar las series, pero el viento dificultaba aún más la faena.  Le costaba abrochar las tandas, pero uno a uno, sin quitarle la muleta de la cara, ligando, sin que se le fuera consiguió darle forma. El de Sánchez Herrero,  claramente mermado, manso y sin interés en la franela, acudió a toriles, terrenos en los que continuara el espada. Las arrancadas eran muy fuertes, desmedidas, y sus embestidas intermitentes, a base de arreones. Logró cerrar la faena, prácticamente en tablas, aprovechando la fuerza para robarle las embestidas. En la suerte suprema, José Rojo resultó cogido feamente por el pecho,  no pudo ponerse en pie y tuvieron que llevárselo a la enfermería. A pesar de la estocada, tuvo que salir Olsina a descabellar, pero sonó el tercer aviso y tras un mar de descabello, fue devuelto a corrales.

Barbero frenó al de Sánchez  Herrero con dos lastras cambiadas bajo el tendido del cinco. Siguió en los medios antes de cambiar de tercio hasta rematarlo por una media. Sin probaturas, se dispuso de rodillas y empezó la faena, también en los terrenos del cinco. Siguió sobre el pitón derecho, soltando la cara, entre embestidas defensivas, se sentía podido. Había que tratarlo con mucha suavidad. Barbero le bajó la mano y lo tomó con firmeza. El animal estaba totalmente descompuesto, rajado, sin empeño en las demandas del novillero. No hubo opciones, así que acortó la faena, cambió la ayuda por la espada y lo pasaportó. El novillo, al igual que el anterior, arremetía con irregularidad, sin uniformidad ni pulcritud. No hubo armonía en las embestida, simplemente pasaba. Mató con aseo.

Olsina saludó al segundo de su lote, guiando la embestida con la amplitud de sus brazos, abriéndolo y educando. En los primeros compases de la faena lo citó de lejos, aprovechando la inercia, para darle continuidad al inicio. Por abajo, tirando del animal hacia delante, logró ahormar la embestida y encontrar la ligazón. Lo llevó despacio, acortando las distancias, alargando la embestida, llevándolo hasta el final, pero sin llegar a calar en el público venteño. Por el derecho, con un toreo templado, su embestida fue a peor, soltando la cara, descomponiéndose al tocar la franela. Le dio algún que otro pase, lo colocó en suertes y dejarle la espada caída. No sería suficiente, así que tuvo que tuvo que recurrir al golpe de cruceta.

José Rojo volvió al ruedo para medirse al segundo de su lote, recibiéndolo con una larga cambiada de rodillas y seguir después guiando la embestida, recogiéndola y envolviéndolo en el percal. Recuperado de su percance, comenzaba la faena, con un toro más que justo de fuerza que no terminaba de humillar, con una embestida rectilínea. En el toreo al natural, le soltaba la cara, dejando que los pitones pasarán muy cerca del pecho. A pesar de los sucesivos avisos que le daba el animal, el siguió en su empeño. Necesitaba cambiar los terrenos, hacía mucho aire. El de Sánchez Herrero no tenía nada que decir. Le pegó dos últimas tandas por la derecha, envuelto en un auténtico vendaval, cerró por manoletinas y culminó con una buena estocada, que no sería suficiente y tendría descabellar.

Barbero cerraba la tarde tarde con un buen saludo iniciado con una larga cambiada de rodillas. Volvió a los terrenos del seis para iniciar la faena. Lo esperó muy despacio, mientras lo citaba, llevándolo a un leve tanteo por abajo, genuflexo, avanzando con él, tirando hacia delante. Muleta recta y firme, tocándolo, llevándolo toreado de principio a fin. Con buen trazo,  en largo, arrancando los olé entre el público venteño. Tomó vuelos la faena, solo le faltó meterse un poco más en el sitio, cruzándose, para darle mayor profundidad al último tercio. El animal fue perdiendo motor, tuvo que provocar las embestidas en los últimos compases. El animal tardó en doblar.

Novillos de  Sánchez Herrero para Carlos Olsina, ovación y silencio tras dos avisos; José Rojo, percance y ovación tras aviso; Daniel Barbero, silencio tras aviso y vuelta al ruedo tras aviso.

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