El frío del acero

Crónica 



PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

El Álamo acogía la segunda corrida de toros de la Copa Chenel. Un festejo variado en el que Miguel Tendero, Javier Jiménez y Amor Rodríguez pusieron mucho sabor y entrega. Se midieron a las embestidas de los astados de los hierros de Guerrero y Carpintero y Castillejo de Huebra, a los que hay que sumar un toro de José Manuel Sánchez lidiado en cuarto lugar. Las ganas que arrojaron los matadores de toros no dejaron pasar en largo ni una sola embestida, incluso robándolas cuando, prácticamente, no existían. Los dos últimos astados fueron los más complicados de llevar. Se paseó un único apéndice, el que cortó el diestro Amor Rodríguez, que podría haber paseado un segundo triunfo de no haber sido por la espada. Un factor con el que fallaron los tres diestros, empañando grandes faenas.

Salió "Tabernero", el primero de Guerrero y Carpintero, con el que se pudo estirar Miguel Tendero en el tercio, sin terminar de sacarlo a los medios. Brindó al público y dio paso al inicio de la faena, con un ligero tanteo desde las tablas, para ir sacándolo con movilidad y fijeza. Se decidió sobre el pitón derecho con un toreo en redondo y corto en el que no le quitó la muleta del morrillo. Mucha voz y toque dominante, cruzándose, fijando la embestida para comenzar una nueva tanda. Lo llevó al natural, dejándole los vuelos, adaptándose al ritmo que este pautaba. Soltaba ligeramente la cara, sin terminar de humillar por el izquierdo, algo más irregular que sobre el derecho, descomponiéndose al tocar la tela. Tendero no se dejó nada en el tintero, en el sitio y robándole cada embestida. Logró hundir el acero al segundo intento, pero no sería hasta el golpe de cruceta cuando el animal doblara.

Javier Jiménez frenó al segundo de la tarde, en un saludo de brega en el que trató de guiar la embestida, enseñándole por abajo. El diestro empezó su faena por abajo, tocándolo por ambos pitones, muy despacio, esperando la embestida, tratándolo con suavidad. El animal necesitaba que lo llevaran cruzado, provocándolo a pitón contrario. Sin embargo, a pesar de poder aprovechar la inercia del primer cite, solo podía dárselos de dos en dos.  Encontró la cadencia y el ritmo al llevarlo por abajo, sobre la mano derecho. Había amplitud en la embestida y pulcritud, pero siempre por abajo y cruzado. Al natural, siguió uno a uno, con mucha despaciosidad, sometiéndolo ante la buena respuesta del astado, se dejó mandar, con obediencia. Falló con la espada.

Amor Rodríguez no lo dejó correr, lo frenó en el percal, tratando de fijarlo en la seda. Se pudo lucir  en el quite, estirándose desde los medios, aprovechando la longitud del pitón derecho. Tras brindar al público se dispuso en el tercio, tanteándolo por abajo mientras lo sacaba a los medios. Tomó la muleta con la mano derecha, pasándoselo con cadencia, con la miraba baja, fija en la embestida del  animal. Le dio tiempo antes de retomar las series, sosteniendo las fuerzas de un astado que humillaba y seguía con fijeza la tela. No se le podía emborrachar de muleta, pues no debía sentirse podido. Se le empezaba a quedar parado a mitad el muletazo, así que acortó la tanda, reubicó el desarrollo de la faena cambiando los terrenos y lo tomó al natural, abriendo el compás con determinación a un ritmo pausado e intermitente, pero con continuidad. Retomó el pitón derecho, dejándoselo muerto y tirando, uno a uno. Mató con una estocada certera.

Marcaba el ecuador del festejo Miguel Tendero, que se decidió por una larga cambiada de rodillas, pegado a tablas, para recibir al segundo de su lote, que a punto estuvo de hacer presa con él. Volvió a la cara del animal para estirarse a la verónica y dar paso al tercio de varas y banderillas. Tenía buen tranco en los primeros compases del último tercio. Acortó distancias, le adelantó mano, se cruzó y lo citó por abajo. Toreando de riñones, exigiéndole abajo, dominándolo pero sin asfixiarlo, dejándolo respirar, aguantando los tiempos. Tan suave lo quiso hacer que lo desarmó, pero retomó el pitón izquierdo, abriendo el compás para después dejarle los vuelos en la cara, con un sutil giro de muñeca, y obligarlo a volver, tirando del astado. Siguió buscando el pitón contrario, para después torearlo de principio a fin, alargando y acompasando la embestida. Se empezaba a quedar corto y a mirar en las salidas de cada pase, pero Tendero no dejó de bajarle la mano, arqueándose con el, exprimiéndolo, a pesar del viento. Todavía le quedaba toro, así que alargó la faena. La espada entró al segundo intento, pero no doblaría hasta el descabello.

Javier Jiménez saludó al de Guerrero y Carpintero con sutileza, en el tercio, luciéndose con el. Era algo más reservón, tomando la tela a la defensiva, soltando la cara en el tanteo bajo del diestro. Jiménez buscaba los terenos, la distancia y la altura, pero se sentía podido y eso no le gustaba. Jiménez sacó raza y se impuso, fijándolo con voz y dominio, tocándolo con firmeza, pues le costaba atender al cite. Se los tragaba de uno a uno, así que el espada aprovechó cada impulso para meterlo en la tela e inventar los pases. Tarea difícil la que tuvo que desempeñar Javier, que se puso ante el desinterés de su adversario, que pasaba sin humillar, todo por arriba, así que eligió la mano a media altura.  Acortó las distancias, a pesar de las condiciones que el animal le brindó, arrancándole las embestida a base de raza y valor. Dobló en el descabello.

Amor Rodríguez frenó la embestida del último de la tarde, estirándose con el a base de verónicas que remató junto al tercio. Lo tanteó por abajo, sacándolo del tercio, tirando del animal hacia delante, muy suave, bajándole la mano. El animal entraba con todo y Amor aprovechó ese empujé para diseñar una faena con profundidad, determinación y cadencia, con esos pases en los que pones la mano, bajas la cabeza mirando como pasa alrededor de tu cadera. Abrió y recogió, sin dejar pasar ni una embestida, aprovechando ese arranque y convirtiéndolo en continuidad y ligazón. Lo llevó hasta el final, siempre a un ritmo acompasado, bajándole la mano, dejándosela puesta para continuar las series. Estaba roto, totalmente entregado. Tuvo que cruzarse, no fue una faena sencilla, pidió el carné, pero Amor respondió a base de oficio y mucha técnica, llevándolo en el sitio. El viento fue una complicación más, pero la mano baja cuajó la faena del diestro. 

El Álamo. Toros de Guerrero y Carpintero, Castillejo de Huebra y José Manuel Sánchez para Miguel Tendero, aplausos y ovación tras dos avisos; Javier Jiménez, aplausos y ovación; Amor Rodríguez, oreja y ovación.

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