Víctor Hernández abre la Puerta Grande de Las Ventas

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PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

Las Ventas arrancaba la Temporada 2022 con una novillada de Los Chospes en la que hicieron el paseíllo Carlos Aranda, Víctor Hernández y Uceda Vargas. Hubo novillos con mucha codicia, movilidad y diligencia, aportando compases rítmicos a las tandas de los espadas. El tercero fue quizá el que menos opciones brindó, protestaba y había que buscar las teclas. Las espadas volvieron a fallar, empañando faenas tan importantes como la Víctor Hernández al primero de su lote, que derrochó una gran determinación y profundidad. Culminó con el segundo de su lote, exprimiéndolo de principio a fin en cada muletazo, dejando y tirando, a un mismo compás, está vez sí acertó con los aceros. Carlos Aranda llevó al primero de la tarde sobre el pitón derecho, expresándose mejor sobre esa mano, sin las complicaciones del pitón izquierdo. En el segundo acortaría la faena. Uceda se empeñó con el tercero, buscando las opciones a un astado que no se entregó.

Abría la tarde un novillo de Los Chospes que remató en tablas a su salida. Carlos Aranda lo frenó en una meritoria labor de brega en la que, aprovechando el juego de sus brazos, empezó a dar forma a la embestida. Se alargó el tercio de varas, tratando de cumplir con lo establecido. Aranda tanteó la embestida en el inicio de la faena, genuflexo, por abajo. El astado entraba con mayor pulcritud por el derecho, por el izquierdo mostraba algo más de irregularidad. Cuajó una buena primera tanda por el derecho, corta, pero justa, manteniéndolo en los vuelos, tirando de el hacia delante. La continuidad llegaba gracias al toque fijador, la voz y la mano dominante del novillero. Había que cruzarse y estar en el sitio, si quería que el animal atendiera sus demandas. Le costaba cada vez un poquito más. Al natural, dio amplitud a la embestida, dando más espacio entre cuerpos. Retomó el pitón derecho, pitón sobre el que se desarrolló la faena. Culminó con una buena estocada, sin que la espada tuviera el resultado esperado y teniendo que descabellar.

Víctor Hernández hizo su declaración de intenciones en el saludo capotero. Se pudo estirar con gusto a la verónica, mientras lo sacaba al paso y un público unánime lo ovacionaba. El novillo entraba con genio, fuerza y celo. Tras brindar, Hernández optó por las distancias largas, a las que el animal respondió con diligencia. Pudo aprovechar la inercia y envolvérselo a la cadera, dándole continuidad y movilidad al inicio del último tercio. Cautivó al público venteño, a base de distancias cortas tandas rítmicas. El animal se metía algo más por dentro por el pitón izquierdo, mientras que por el derecho era algo más reservón y perdía prontitud. Le costaba atender al cite, pero cuando entraba lo hacía con condicia y uniformidad. No alargó más la faena y cambió la ayuda por la espada, cerrando por manoletinas. Falló en la suerte suprema.

Uceda Vargas lo frenó con la rodilla en tierra, un novillo suelto al que fue recogiendo en la seda. El espada se fue a los medios, aprovechando la larga distancia para el inicio, después ya hablaría la inercia. El de Los Chospes soltaba la cara y se sentía podido en la distancia corta, saliendo descompuesto del muletazo. Uceda le dio mucho tiempo, lo dejó respirar, pero el novillo seguía protestando, sin uniformidad alguna. Se le quedaba encima, metiéndose por dentro, mirándolo. Hubo demasiada incertidumbre, aun así, el espada le siguió insistiendo al natural, cruzándose, apurando en las distancias cortas, trazando tandas intermitentes en las que el novillo tragaba lo justo. No hubo continuidad, la plaza parecía haberse dispersado en los tiempos muertos que dejaba entre series. El de Los Chospes no tuvo obediencia, no se dejó someter, a pesar de que encontrará pases ligados y movilidad sobre el pitón derecho. Mató con aseo, pero sin acierto.

Marcó el ecuador del festejo "Hospitalario", al que Carlos Aranda frenó, amortiguando la embestida, recogiéndola delantera hasta llevarla atrás, aún así salió suelto. Brindó al público venteño, para después esperarlo en el tercio, genuflexo, para seguir en pie y sacarlo al paso, con mucha suavidad, sin tirones. Eligió el pitón derecho, pero no encontró la continuidad inicial ni la inercia, si se le bajaba la franela perdía las manos. Uno a uno, toque a toque, le fue robando embestidas, obligándole, pero en cuanto tocaba la tela volvía a descomponerse. Un tira y afloja en las distancias, la altura, la fuerza y el sitio. Pasaba sin decir nada, sin prontitud y sin que el novillero lo terminara de buscar a pitón contrario. Acortó una faena en la que no hubo facilidades. Metió la mano, pero el animal doblaría en el golpe de cruceta.

Víctor Hernández recibió al segundo de su lote, un ejemplar de Los Chospes al que le faltó fijeza en su salida. El novillero no se quiso dejar nada atrás, con un inicio explosivo obtuvo la atención del público. En los medios, atalonado, pasándoselo por la espalda, sin apenas rectificar. No sólo supo cautivar, sino que también toreó, con verdad, vaciendo las embestidas de un novillo que acometía con obediencia y sometimiento en el engaño. Lo llevó en largo, ligado, en un sin fin de muletazos, dejándole la franela en el morrillo y tirando del animal. Estuvo en el sitio, metido, encajado, bailando al mismo compás. Dejaba y tiraba con cadencia y toreria, sabiendo cuándo parar y no desmerecer a todo lo logrado anteriormente. Un novillo noble y entregado sacó lo mejor de Víctor Hernández. Lo exprimió y culminó su buena actuación con una única estocada certera.

Uceda Vargas no lo dejó correr, lo frenó en una labor de brega. Lo tanteó por abajo en los primeros compases del último tercio, pero resultó un tanteo leve. Rápidamente, se decidió por el pitón derecho, por donde lo desarmó. Volvió a la cara del animal, insistiendo con la misma mano, bajándosela en una tanda extraordinaria en la que reprodujo el chotis, sobre sí mismo, envolviéndolo a su alrededor. En el tercio, en paralelo, encontró la ligazón, pues el novillo entraba con mayor suavidad y con un tranco más uniforme. Caló en los tendidos. A base de voz y toque firme, este respondía, uno a uno, pero sin perder ese ritmo. Roto con el animal, siguió con la mano baja, dejándosela muy puesta, tirando del animal, aprovechando su humillación. Mató con acierto y determinación.

Novillos de Los Chospes para Carlos Aranda, ovación tras aviso y aplausos; Víctor Hernández, gran ovación y dos orejas; Uceda Vargas, aplausos y vuelta al ruedo.

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