La verdad intimida

En Directo 


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

Alalpardo acogía la primera de la Copa Chenel. Palazón, Galván y Ritter se medían a los astados de José Escolar y El Retamar. No fue una tarde para muchas florituras, los astados andaban justos en fuerza, recorrido y entrega, lo tuvieron que poner todo los diestros, que se entregaron hasta las últimas consecuencias, aún sabiendo la incertidumbre con la que se movían en las telas. Destacó el clasicismo y verticalidad de Galván, así como la pureza de las distancias cortas en Ritter. Palazón no pudo expresarse con rotundidad, sin poder culminar los muletazos, se veía obligado a rectificar. La plaza estaba helada, las bajas temperaturas no ayudaban, sin embargo no se pudo comparar el frío meteorológico con el que nos dejó el feo percance sufrido por Galván, congeló la sangre.  Fue con el segundo de su lote, al que recibió con una larga cambiada de rodillas. Se le quedó encima, haciendo presa contra el suelo. Se esperaba lo peor, pensando que le podía haber atravesado el costado. Afortunadamente, se levantó y continuó con la lidia del sobrero. La verdad que desborda la Tauromaquia en tardes como la de Alalpardo intimida.

"Armensito I" abría la tarde en Alalpardo, en las manos de Palazón, que guió la embestida, bregándolo hasta sacarlo a los medios. Frenó y recogió. Lo tanteó genuflexo, sacándolo de las tablas, encontrando un buen pitón izquierdo. Se decidió por las tandas al natural, abriéndole, esperándolo para acoplar su embestida a los vuelos. Se cruzó, tendiendo la mano delantera, dejando los vuelos en el morrillo, abajo, pero uno a uno, sin lograr que terminara de humillar. El de José Escolar miraba, con una embestida medida y mermada que no daba lugar a los adornos. El animal dobló con el golpe de cruceta.

David Galván saludó a un segundo ejemplar de José Escolar, con el que se pudo estirar a base de verónicas, recogiendo la embestida, al tiempo que se lo envolvía a la cintura. Los quites desarrollados por Ritter y Galván dejaron buen sabor de boca, contrastando las distancias cortas con la elegancia. Llegó el último tercio y el diestro lo inició por abajo, pero tuvo que fijarlo en la tela, sacándolo en corto mientras lo tanteaba. Galván derrochó elegancia, cadencia, sutileza y despaciosidad. Aprovechó las embestidas de un astado que miraba y al que había que hacer las cosas muy bien. El espada lo llevó por abajo, tocando y arrastrando, llevándolo cosido a la tela. Encontró el compás en tandas cortas en las que lo dejó respirar antes de retomar. El recorrido estaba justo, pero Galván solo tenía que tocar y tocar, lo tenía sometido. Roto con él, paró el tiempo. Falló con los aceros.

"Malacara" de El Retamar mostró una embestida descompuesta, irregular y desmedida en la seda de Ritter. Sin fuerza, sus embestidas eran a la defensiva, a base de saltos. Se pidió el cambio, pero no sería hasta el tercio de banderillas cuando asomara el pañuelo verde. En su lugar salió "Maestro", también de El Retamar al que Ritter frenó con el percal. Se metió por debajo del peto y tiró al caballo. Ritter empezó el tanteo por arriba, brevemente, dando paso a las tandas sobre el pitón derecho. El animal, falto de fuerza, quería pero no podía, a base de suavidad y mano baja, en el sitio, acabó por llevárselo a su terreno. Con menos muleta y más tiempo, logró reunir las tandas. Tiró la ayuda y siguió sobre la mano derecha, alargando el recorrido. Sin dejar de insistir, provocándolo hasta su entrada en el nacimiento del muletazo. Mató con aseo.

Marcaba el ecuador del festejo "Dormidito" al que frenó Palazón que, en esta ocasión, se pudo estirar a la verónica. En la faena de muleta, lo fue sacando muy despacio, genuflexo, obligándole por abajo. Lo dejó respirar para empezar con la primera tanda por el pitón derecho, abriéndole el compás, para después recogerlo en la muerte del muletazo y retomar la serie, no sin antes perderle pasos. Al natural, muy despacio, lo pudo llevar con uniformidad y pulcritud, transmitiendo antes la embestida insípida del astado. Se quedaba corto, así que Palazón no dejó de reestructurar las tandas. No fue para el lucimiento, se dejó pasear por la franela. El animal no doblaría hasta el primer aviso.

La plaza se quedó sin aliento, se esperaba lo peor, Galván lo recibió de rodillas con una larga cambiada. Antes de que pudiera levantarse el animal hizo presa contra el suelo, esperando lo peor. Se levantó y quiso seguir, pero antes tuvo que esperar para que devolvieran al astado a chiqueros. Salió el sobrero y Galván, entregado, lo saludó, claramente mermado por el percance. En el último tercio lo llevó en línea, tirando del animal hacia delante. Tocó, fijó y tiró de un astado que no humillaba y tomaba la tela con rectitud. Volvió el clasicismo y la verticalidad templada. Acortó la tandas en favor de la pulcritud, aunque sin la entrega de un sobrero de recorrido variable y de interés cuestionable al que el diestro no dejó que se rajara. Lo mantuvo dentro, logrando abrochar con determinación las series. Se tiró a matar.

Cerraba la tarde Sebastian Ritter, con un saludo comedido, en el que lo fue sacando de las tablas, donde empezaba a apretarle. En el último tercio, el diestro tubo que medirse a un ejemplar de poco juego y fuerza. Sin abrirlo en exceso, lo llevó en corto, provocándolo, sin dejar que se lo pensara. Tampoco tuvo recorrido, se le quedaba encima, así que jugó con los vuelos, dando mayor longitud a los muletazos. Era muy andarín, dificultando la labor del diestro, que tuvo que exprimirlo en el uno a uno, en las distancias cortas, cruzado y buscándolo a pitón contrario, siempre hacia delante, logrando alguna que otra pincelada.  En los últimos compases, en una ligera armonía, hizo sonar la música, aunque sin continuidad, ni ritmo. Un toro de embestida desagradecida. Mató con acierto al segundo intento.

Alalpardo. Primera de la Copa Chenel. Toros de José Escolar y El Retamar. J. Francisco Palazón, silencio tras aviso; David Galván, ovación tras aviso y dos orejas; Sebastian Ritter, oreja y tras aviso y oreja.


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