Fernando Robleño, Puerta Grande en San Agustín de Guadalix

 Crónica 


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 


San Agustín de Guadalix albergaba la segunda y ultima semifinal de la Copa Chenel antes de la Gran Final. Los de Cuadri y Rehuelga dieron opciones, siempre y cuando se les hicieran bien las cosas, llevándolos a la altura que demandaban. Se podrían haber cortado más triunfos, pero las decisiones de la presidencia pasaron factura. Hubo un toro inválido, al que se le negó el cambio, mermando las posibilidades de Tomás Angulo. Fernando Robleño ejecutó una primera faena de altura, en la que se le negó la primera oreja de la tarde. Compensó con el segundo de su lote al concederle las dos orejas, tras una faena en la que el toro se entregó. Paulita tuvo mala suerte con los aceros, midiéndose a un astado que sabía lo que iba dejando atrás. Con el quinto encontró armonía, toreando con gusto, a placer, midiendo la faena y matando en el momento preciso, pero le volvió a fallar la espada. Cerró la tarde Angulo, estando por encima del de Rehuelga, que se vació en el tercio de varas y no se entregó en la muleta.

Abría la tarde "Mostrador" de Cuadri, un ejemplar aplaudido en su salida y al que Fernando Robleño saludó en su capote. Lo fue sacando con mucha suavidad, templándolo hacia los medios, manejando su salida por alto. Tras brindar en los medios, se dirigió a las tablas para comenzar ahí su faena. Se pegó a ellas, yendo a su encuentro, sometiéndolo por abajo, genuflexo, sacándolo del tercio. En su primera tanda sobre El pitón derecho, no logró culminarla, el animal se echó. Siguió, algo más parado y reservado, de hecho el matador paró la música. Se entregaba más y mejor en el toreo al natural. Robleño tuvo que medirse a una embestida a media altura, con salidas por alto, pero que respondían con obediencia. Hubo que tragar, pero cuando le bajaba la mano encontraba el compás con el Cuadri. Muy cruzado, tocándolo abajo, provocándolo a pitón contrario, logró la prontitud del animal. Uno a uno, le robó las embestidas, haciendo fácil al ejemplar de Cuadri. Logró un pinchazo hondo, caído, que deslució su labor. Alargó la faena a un astado que no completaba los pases. En la suerte suprema

Paulita se estiró a la verónica con él segundo de la tarde, un ejemplar de Rehuelga. Eligió la tablas para abrir el último tercio, por abajo, sacándolo al paso. El astado entraba sin decir nada, siguiendo los engaños, quedándose algo más corto en el pase de pecho. Encontró en la media altura el punto en el que este entraba en la tela, sin olvidarse del pico de la muleta, que se lo echaba a la cara para arrastrar la embestida en el muletazo. Arriesgó con el toreo al natural, pitón por el que el astado se frenaba, con incertidumbre e intermitencia, miraba sabiendo lo que se dejaba atrás. Tras mostrar al animal al natural, retomó el toreo sobre su mano derecha, quedándose cada vez más encima, teniendo que rectificar en cada muletazo. Se puso y, metido en sus terrenos, no quiso dejar en el olvido el pitón izquierdo, pero había que darle la salida, dándole longitud, con firmeza y determinación. Falló con la espada y, tras escuchar el primer aviso, dejó un acero tendido y caído.

Tomás Angulo pedía calma con el primero de su lote, un astado de Cuadri, que se frenaba y no se entregaba en el percal. Se le pidió el cambio pero el presidente se mostró ajeno a las condiciones del animal y cambió el tercio. Dejando a un astado inservible sobre el ruedo, limitando las opciones de Tomás Angulo. No tanteó, se puso torear, practicando un toreo medicinal en el que cuidó las embestidas, evitando que se cayera. Puso valor, técnica y entrega, paralelo a tablas, tratando de mostrarle la salida antes de volverlo a meter en la franela, perdiéndole pasos. Logró sujetarlo, pero sin que el animal terminara de pasar, no tenía fuerzas, mientras tanto, Angulo lo mostró al natural, con pases cortos, uno a uno, abriendo el compás, muy reposado sobre el pitón izquierdo, dejando naturales de calidad a base de citarlo y llevarlo a cámara lenta. Hubo mucha colocación en la faena, la cual se desarrolló, mayoritariamente, sobre el pitón izquierdo. Logró hundir el acero a la primera, sin embargo, quedó caída y poco efectiva. El animal dobló en el descabello.

Robleño salió con garra, aprovechando el buen tranco y movilidad del segundo de su lote. Recogió, sin templar, las embestidas en el saludo capotero. Fue a su encuentro para iniciar la faena de muleta, con la tela muy plana, templándolo por abajo, aprovechando la inercia, probándolo por ambos pitones. Sobre el pitón derecho solo tuvo que dejársela puesta y tirar, el astado respondía con obediencia y uniformidad. Se encajó, alargando los muletazos, llevándolos hasta el final. Las tandas sobre el pitón izquierdo fueron más cortas. Recuperó las embestidas sobre su mano derecha, muy despacio, mermando su movilidad y entrega. Había agotado los muletazos, así que trató de abrochar la serie sobre el izquierdo. Hubo que buscarlo en un cite delantero, tocándolo y después darle continuidad para que no perdiera ritmo, pero el animal había perdido motor. Logró enroscárselo a la cintura, calando en los tendidos. La espada tuvo un efecto rápido.

El quinto, también de Cuadri, se dejó encelar en el percal de Paulita. Sin probaturas previas, lo recibió en la tela de rodillas, pegado a tablas. Midió mucho el sitio, un toro que despacio dándole tiempo, se le podía ir metiendo poco a poco en la muleta. Aprovechó la larga distancia del muletazo de la serie para después dar continuidad con la inercia. Toreó con sabor, gustándose, cuidando en cada muletazo la embestida, poniéndosela delantera, metiéndolo en la tela y dejándolo metido con un buen giro de muñeca que lo devolvía a la tela. Al natural lo buscó abajo, uno a uno, pero con pases muy largos, dotados de profundidad. Era suyo y lo exprimió, dejándosela puesta. El recorrido empezaba a acortarse, estando cada vez más limitado. Mató en el momento justo, sin alargar la faena, cerrando el último tercio y dejándolo puesto para la suerte suprema. Media estocada en buen sitio. Le volvió a fallar la espada.

Tomás Angulo no se lo pensó y fue directo a recibirlo, al toro hubo que darle distancia, pues se quedaba muy encima soltando la cara arriba. Manuel Quinta fue el absoluto protagonista del tercio de varas, picando en el sitio y con precisión. Un toro muy agarrado al suelo y en el que imperaba la brusquedad. Se lo llevó a los medios y siguió al natural, sin que el astado terminara de bajar la cara, entrando recto a la tela. Ligó de uno en uno, sin que el astado se entregarse ni rompiera en el dominio y mando de Tomás Angulo. Que solo atendía en el sitio, un error y el astado no continuaba en la faena. Había que hacerle las cosas muy bien, con suavidad, sin llevarle la contraria. Su embestida era cambiante, entraba mejor que salía, aún así, Angulo no desperdició las embestidas y lo mostró al respetable por ambos pitones. Tuvo que meterse en el sitio y buscarlo a pitón contrario. El empeño del matador no fue correspondido por el de Rehuelga. Falló con los aceros, algo que remendó con un segunda estocada más que acertada.

San Agustín de Guadalix. Toros de Cuadri y Rehuelga para Fernando Robleño, vuelta al ruedo y dos orejas; Paulita, ovación tras aviso y palmas tras aviso; Tomás Angulo, ovación tras aviso y palmas.

Comentarios

Colaboraciones

Publicidad

Entradas populares