""Casero" arroja luz

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PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

El festejo aplazado el pasado 24 de septiembre, se recuperaba este viernes 8 de octubre, con una tarde marcada por la sosería y la poca transmisión que ofrecieron los astados de Jandilla y Victoriano del Río. Diego Urdiales, José María Manzanares y Paco Ureña se las vieron y desearon con sus respectivos lotes, a excepción del quinto, les costaba humillar, acortaban su recorrido, con mucha intermitencia en la tela y sin llegar a romper, generando faenas de uno en uno. El quinto arrojó luz en la tarde, al que se pudo exprimir, entre caricias y mucha tela en el morrillo. Se llegó a descomponer y la espada dejó al alicantino sin triunfos, pero no encontró el sitio.

"Libertino" abría la tarde en Las Ventas, en el capote de Urdiales. Salió suelto, sin interés en el percal. Hubo desgobierno y poco mando en los tecios de varas y banderillas. Empezó la faena entre tanteos y palmas de tango. Lo dejó pasar y se decidió sobre el pitón derecho, sin sabor, dejándose pasar, sin entregarse. Quiso intentarlo por el izquierdo, llevándolo en recto, dejándole los vuelos, abriendo el compás, perdiéndole pasos y reestructurando las tandas después de cada pase, ante un animal que soltaba la cara y que no humillaba. Su embestida tenía dos tiempo, a la que hay que añadir la intermitencia. Urdiales decidió alargar, a pesar de las condiciones. Mató con una estocada certera y entera con la que el animal dobló,

El segundo, también de Jandilla, tomó el capote de Manzanares con celo y entrega, apretando, muy buscón en los primeros lances. Destacó el quite, muy ceñido desde los medios. Lo buscó pegado a tablas, genoflexo, sacándolo más allá del tercio entre probaturas. Empezó a torear sobre el pitón derecho, con un astado muy reservado y buscón al que Manzanares trató de buscar el sitio,  las distancias y altura. Lo probó al natural, templándolo, dejándole los vuelos en el y tirando de el. Más encajado, estuvo a punto  de prenderlo por el pecho tras un derrote seco arriba. Se lo envolvió a la cadera y poco a poco fue construyendo su faena. Sobre el pitón derecho, le robó una tanda que logró calar en los tendidos. El animal ya no llevaba nada más dentro, pero pinchó su faena. Logró hundir el acero al segundo intento.

Ureña ejecutó un saludo de capote bien trazado, muy medido, acompasando la embestida. Brindó al público para empezar el último tercio genuflexo. Tiró del animal y lo sacó hacia los medios, siguiendo con una tanda sobre el pitón derecho, diseñando tandas breves, más cortas. Logró meterlo, iniciando las series en la larga distancia para después aprovechar la inercia y llevarlo cosido a la tela. Algo más corto se quedó sobre el pitón izquierdo, teniendo que perderle pasos y recuperar la distancia. Estaba totalmente arqueado con el astado, roto, ganándose al público venteño con cadencia y el sello personal de Ureña, que le dejó el engaño muerto en el morrillo, después solo tuvo que emplear los vuelos para terminar de encauzar su embestida. Buscando la verdad, mostrándole el pecho, tanto se ciñó que en uno de los pasos en falso del astado lo prendió, sin aparentes consecuencias.  Culminó por abajo, doblándose con él, jugando a favor del astado. Justo antes de ejecutar la suerte suprema, escuchó el primer aviso. Tuvo que descabellar.

Marcaba el ecuador del festejo "Bochornoso", un ejemplar de Victoriano del Río al que saludó Diego Urdiales  recogiendo la embestida, guiándola hasta quedar desarmado.  Lo tanteó por abajo, tratando de cambiar los terrenos, sacándolo más allá del tercio y tomarlo sobre el pitón derecho. No puedo evitar toparse con la embestida descompuesta del de Victoriano del Río, al que quiso abrir cruzándole la mano para después llevar la embestida hacia afuera y ampliar su recorrido y alejárselo del cuerpo. Uno a uno, trazó el toreo al natural, sin alcanzar transmisión, aunque robándole algún que otro pase.  El animal no podía tocar la tela, pues se volvía más violento en la faena. Alargó con el toreo al natural, tratando de hacerlo pasar en largo. Cambió la ayuda por la espada y, tras varios intentos para colocarlo, eligió la suerte natural dejando una estocada entera pero el animal  encontró la muerte en el golpe de cruceta.

Manzanares se estiró con él astado en capote, luciéndose, encontrando buen ritmo en la embestida del de Victoriano del Río. El quinto se arrancó con fuerza al caballo, buscando pelea y derribándolo. Completó un tercio de varas en las que toro y picador cunplieron, siendo ovacionado. Lo mismo ocurrió con el tercio de banderillas, en la que Mambrú y Luis Blázquez saludaron una ovación. El inicio de faena fue muy templado, por abajo, con una primera serie sobre el pitón derecho, en la que encontró compás. Lo dejó respirar, dosificando las fuerzas de un animal que llevaba mucho dentro. Necesitaba caricias y distancias cortas, así el animal atendía con obediencia. Pedía muleta y Manzanares se la recetó, sin quitársela de la cara. Sin embargo, con el avance del último tercio, el de Victoriano de Río había agotado sus opciones, tocando en la tela, sin uniformidad ni pulcritud. Logró la suavidad de las tandas previas metiéndose en su terreno, siendo durante lanzado por los aires, pues el animal coló la cara por dentro. Su embestida se había descompuesto, había que seguir, muy encima del él, bajándole la mano y que lo único que viera fuera la tela. Pinchó su faena. El animal se tragó la muerte.

Salió el cierraplaza, un astado al que Paco Ureña frenó, sin dejarlo correr, ni poderse estirar con él. Tras salir del saludo capotero el de Victoriano del Río topó con las tablas y levantó las del burladero del uno. Hubo un ligero tanteo en los terrenos del siete, siguiendo con una serie poco uniforme sobre el pitón derecho. No dejaba de tocar la tela y estaba totalmente descompuesto. No encontraba el sitio, arremetiendo con brusquedad en la tela, sin lograr componer una tanda con el último de la tarde. No hubo nada que mostrar y ejecutó la suerte suprema.

Las Ventas. Feria de Otoño. Toros de Jandilla y Victoriano del Río para Diego Urdiales, ovación y palmas. José María Manzanares, ovación y ovación, Paco Ureña, ovación y silencio.



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