Ferrera corta una única oreja al séptimo

 Crónica 


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

La encerrona de Antonio Ferrera con los de Adolfo Martín levantaba el interés del público venteño, sin embargo, no alcanzó el "No hay billetes" de la tarde anterior. Ferrera se encontró con seis ejemplares que tuvieron en común la cantidad de teclas que plantearon en la tela. No fueron sencillos, los terrenos, la altura y los tiempos fueron claves con los de Adolfo. El extremeño estuvo muy voluntarioso con el segundo de la tarde, que aunque planteó dificultades, supo entenderse con el, acoplándose en los terrenos del cuatro. Le faltó algo más de entendimiento con el cuarto de la tarde, que tampoco mostró demasiada viveza en sus embestidas. Las opciones en la tarde fueron limitadas. Lo más destacado del festejo fueron los tercios de banderillas, donde escucharon las ovaciones de la tarde, además de su faena al séptimode la tarde, donde encontró el reconocimiento dividido del público. Ferrera se marchó con una única oreja del séptimo.

Antonio Ferrera frenó en su capote al primero de Adolfo Martín, bregando con el astado, acompasando la embestida, enseñándolo por abajo. Empezó el último tercio entre probaturas, bajándole la mano hasta decidirse por el pitón derecho. Lo citó y llevó, esperando la embestida para acoplarse con él. Uno a uno continuó la faena, con un animal que no terminaba de pasar, se quedaba corto y que sabía donde dejaba el cuerpo del espada. Lo probó al natural, pero volvió sobre el derecho, encontrando una mínima luz de esperanza. Sin nada más que añadir acudió a por la espada, para probar la suerte en varias ocasiones.

El segundo de Adolfo Martín fue ovacionado en su salida. Por el pitón izquierdo echaba más las manos arriba y por el derecho se volvía buscando. Se arrancó con garbo al caballo, cogiéndole bien los pechos y buscando abajo. Ante el interés del astado por acudir al caballo que guardaba la puerta, Ferrera decidió que lo sacaran del ruedo y que solo quedara un único picador. El público estaba entregado y tras culminar el tercio de banderillas, ovacionaron a Sánchez y Valdeoro. Ferrera trataba de llevarlo toreado desde el inicio, pero el vendaval que se adueñó del coso venteño dificultaba su labor. El animal, de atención selectiva no atendía a las exigencias del diestro. Lo cambió de terrenos y allá en los terrenos del cuatro, logró robarle una tanda, también lo llevó al natural, acortando distancias, provocándolo y exprimiéndolo. Fuera del tercio, lo buscó a pitón contrario, logrando ligar de dos en dos, después había que meterse en sitio y reestructurar la tanda. Puso todo lo que le faltó al de Adolfo. Estaba cómodo y decidió a seguir, alargando el último tercio, a pesar del riesgo añadido que se sumaba a la faena cada muletazo que le recitaba. Se tiró con todo para matar al segundo de la tarde.

Ferrera saludó al tercero, que salió con ritmo y movilidad. El de Adolfo derribó al picador, para después entrar hasta en dos ocasiones más. Ferrera se sentía bien, cómodo, dando indicaciones en la cara del animal. Dificultó el tercio de banderillas, con unas condiciones ásperas y poco voluntariosas. Empezó toreando el último tercio, dándole sitio y tiempo, marcando muy bien los inicios de cada muletezo. No atendía al cite, había que provocarlo en exceso para que este se aventurara en los vuelos del extremeño. Ferrero quiso sacar todo lo que este se dejara, pero el de Adolfo no quería contribuir a la tarde y no se pudo lucir. Le costó cuadrarlo, pero, finalmente, logró hundir el acero con acierto.

Extremeño y "Sevillano" marcaron el ecuador del festejo con un saludo en el que iba buscando, apretando, motivo por el que Ferrera lo sacó hacia los medios, desplazando su embestida. El picador se excedió y el público venteño no lo pasó por alto. El diestro lo tanto por ambos pitones, encontrando la altura. Lo dejó respirar antes de embarcarnos en una nueva tanda. Tocó y sin demasiada viveza en la embestida, la fue llevando, pasándola de un lado a otro, sin encontrar los terrenos. El animal prestaba más atención fuera del ruedo, acometiendo con sosería y brusquedad, buscando abajo en la salida del muletazo. No culminaba los pases y sin añadir nada más, ejecutó la suerte suprema.

El quinto de la tarde salió algo más suelto del percal de Ferrera. De nuevo, fueron ovacionados Sánchez y Montoliu, este último lo hizo después de resultar prendido feamente cuando dejaba el par de banderillas. Ferrera no quiso esperar para cambiar los terrenos del nueve por los medios, sin referencias para el animal. Sin embargo, el juego volvía a limitarse, el de Adolfo Martín se echó. Lo pudo llevar al natural, muy despacio, encontrando la continuidad en muletazos medidos, contados a cuentagotas. Algo más lejos parecía llegar sobre el pitón derecho. Se paraba y no terminaba de pasar dejando a Ferrera en más de un momento delicado, pero la voz y el toque continuados le robaron los muletazos. Se perfiló en la larga distancia y así meter la mano con aseo, hasta en dos ocasiones. Tras escuchar el primer aviso ejecutó la suerte suprema, acortando terrenos.

El sexto toro de la tarde entraba con buen tranco pero sin fijeza en el percal de Antonio Ferrera. Lo más destacado fue el tercio de banderillas. Brindó la faena al público y la inicio en los terrenos del seis, con un toro desinteresado, sin raza. Lo probó y volvió, pero no permitía errores, pues a la mínima metía la cara por dentro, colándose y buscando el cuerpo. El público estaba con el espada, solo necesitaba encajarse con el astado para que el público ovacionara. Pasaba con la cara alta, sin entregarse, tragando de uno en uno, sin buscarle más allá. No tuvo acierto en la suerte suprema.

Ferrera no quería irse de vacío, así que pidió que saliera el primer sobrero, un ejemplar de Pallares que encontró armonía en el capote del extremeño. En esta ocasión, fue el propio matador el encargado de ejecutar el tercio de banderillas, junto con sus subalternos. El de Pallares tenía fijeza, entrando con pulcritud en la tela. Empezó una serie sobre el pitón derecho de mucha intermitencia, así que Ferrera le dejó los vuelos en el morrillo, aunque la faena empezaría a romper con la tanda al natural, donde se lo echó a la cadera, enroscándoselo. Lo exprimió por el pitón izquierdo, buscando el sitio y el tiempo, para dosificar las tandas y no agitar su último cartucho de la tarde. Lo llevó a base de voz, sin dejarse nada. Sin embargo, hubo muchos parones en la faena, dejando demasiado tiempo entre series.

Las Ventas. Feria de Otoño. Toros de Adolfo Martín para Antonio Ferrera, silencio, gran ovación tras aviso, palmas, silencio, palmas, silencio tras aviso y oreja.

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