Emilio de Justo, toreo del caro en Madrid

Crónica 


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 



La Feria de Otoño seguía su curso con una tarde de "No hay billetes". El Juli, Emilio de Justo y Juan Ortega acapararon toda la atención del público venteño. De hecho, la tarde se inició con una faena que despertó al respetable, pudiendo torear al compás de los "olé" y cortando lo que sería la primera oreja de la tarde. Emilio de Justo alargaba su primera faena hasta escuchar el primer aviso, con un astado al que le recetó firmeza. Ortega no se terminaba de encontrar, sin terminar de ponerse ante el primero de su lote. Derrochó torería frente al sexto de la tarde. Se había paralizado la emoción tras el primer toro de la tarde, los ejemplares de Garcigrande y Domingo Hernández plantearon grandes dificultades a los diestros, les faltó raza y entrega. En la segunda mitad del festejo la expresión de Emilio de Justo y su toreo caro frente al sometimiento del quinto hicieron que la tarde rompiera.

El saludo capotero de El Juli al de Domingo Hernández fue muy comedido, entre el silencio que dominaba los tendidos. Inició el último tercio genuflexo, sacándolo del tercio. Sobre el pitón derecho empezó a torearlo entre los "ole" del público. Hubo continuidad y ritmo en los primeros compases, aunque en terrenos dudosos. Se lo alejó del cuerpo, llevándolo en largo para después encajarse con él, primero en largo y después aprovechar la inercia y meterlo cosido en la franela. El animal obedecía metiendo la cara, siguiendo los engaños con pulcritud, dejándose someter. Lo terminó de cuajar y sin alargar la faena lo colocó en suerte natural y hundió el acero, teniendo que ejecutar un único golpe de verduguillo.

"Tapadero" de Garcigrande recibió la ovación en su salida. Emilio de Justo fue el encargado de bregar al este segundo ejemplar de la tarde, un animal que salió suelto, pero al que el extremeño fue ganando terreno hasta encontrarse con el en los medios. Algo abanto de salida. No mejoró en exceso durante los tercios de varas y banderillas. Brindó al público y comenzó la faena de muleta, entre probaturas por bajo, obligándolo a humillar, a pesar de las protestas del animal. Lo cambió de terrenos y se decidió por el pitón derecho, habiéndole que llevar muy metido en el engaño. Se cruzó y lo provocó, con mucho sitio de por medio. Sin embargo, las distancias se fueron acortando, encontrado el punto acompasado en el que el animal embestía con uniformidad y obediencia. Uno a uno volvió a la cara del astado para configurar una tanda tras otras, con mucha inteligencia y técnica. Al natural soltaba más la cara saliendo descompuesto del muletazo, teniendo que perderle pasos, sus embestidas estaban limitadas, atendiendo ante el toque firme y poderoso del extremeño. Alargó en exceso la faena y escuchó el primer aviso antes de cuadrarlo en suertes. Dejó un pinchazo hondo y posteriormente lo completaría con el golpe de cruceta, sin demasiado acierto.

Juan Ortega frenó en su percal a "Chumba" un animal de buen tranco al que le costaba seguir la tela, saliendo por el pitón izquierdo por arriba, mientras que por el pitón derecho humillaba y parecía tener algo más de recorrido. Junto a las tablas comenzó el tanteo con la muleta, para, poco a poco, ganarle terreno y llevarlo a los medios. Entre el silencio se desarrollaron los primeros compases, con una tanda sobre el pitón derecho, templando la embestida. El animal soltaba la cara, cabeceando contra el estaquillador. Ortega no encontraba el compás , citándolo con el pico de la muleta, abriéndolo, retirándoselo del cuerpo, sin continuidad. Hizo una breve muestra del toreo al natural y retomó, tras quedar desarmado, el pitón derecho. Faltó raza y entrega, ante lo que el diestro firmó una faena de probaturas y poco toreo. No tuvo acierto en la suerte suprema.

El Juli y "Explosivo" marcaron el ecuador de la tarde. El de Garcigrande se recorrió la plaza antes de encontrarse con el capote del madrileño, al que no parecía prestarle demasiada atención, saliendo suelto y al que solo se le pudo bregar. El tercio de varas fue un auténtico desastre, algo que se compensó con el de banderillas. El no dejó que la emoción de los tendidos se enfirara y empezó el último tercio con una breve probatura. Siguio sobre el pitón derecho, buscando el sitio. El animal se mostraba reservón, con una embestida cambiante, sin terminar de pasar, quedándose encima. Sobre el pitón izquierdo, con el toreo al natural, el de Garcigrande pasaba sin humillar, sin entregarse y sin dejar que el diestro se pudiera expresar. Eligió cambiar la ayuda por la espada y abreviar la faena ejecutando la suerte suprema, metiendo la mano sin acierto.

Emilio de Justo no dejó correr al segundo de su lote y lo frenó, rápidamente, en su capote, sin terminar de estirarse con el. Se dobló con el astado en el inicio de su faena de muleta, sometiéndolo, arrancando la emoción de los tendidos. Le bajó la mano y empezó un recital que no tenía final, encajándose, rompiendo la tarde con cada embestida que el de Domingo Hernández le prestaba. En el sitio, con una mano delantera, encauzaba la embestida y se lo envolvía en su cuerpo, aprovechando la fijeza, ritmo y compás que el astado mostraba. Con el toreo al natural, el animal viajó lejos, aunque acortando su recorrido, costándole seguir el engaño hasta el final. Paró y reestructuró la serie al natural, mostrándose con verdad, dándole el pecho y dejando la muleta atrás para después adelantarla lentamente. Los muletazos llegaban con una continuidad pulcra, bien rematada, en la que encontró el toreo. La estocada fue el broche final a una faena en la que se otorgaron las dos orejas.

Salió el último de la tarde, suelto ante las exigencias del sevillano Juan Ortega.  Lo probó y empezó la primera serie, llevándolo de uno en uno, cuajando las series. Le tendió los vuelos, buscándole el morrillo, tirando del animal y encauzarlo en los naturales, a los que no les faltó sabor y torería. Tocó y llevó, robando cada embestida, a pesar de las condiciones que el astado presentó en su salida. No quiso alargar más la faena, muy comedida, y acudió a por la espada. Le recetó una nueva serie, ahora sobre el pitón izquierdo de delante hacia atrás. Se terminó rajando y culminó el último tercio en sus terrenos. Lo pasaportó en el descabello, tras escuchar el primer aviso.

Las Ventas. Feria de Otoño. Toros de Garcigrande para El Juli, oreja y silencio; Emilio de Justo, silencio y dos orejas; Juan Ortega, silencio y palmas.

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