José Rojo, dos orejas y rabo en Mejorada del Campo

Crónica 


RICARDO BEDIA

Los novilleros Sergio Felipe, Jose Rojo y Jordi Pérez ‘El Niño de las Monjas’ lidiaron un encierro de la ganadería de Cebada Gago.

Lo primero a destacar en este festejo fue la gran cantidad de público joven que había en los tendidos.

El primero de la tarde salió corretón siendo saludado por Sergio Felipe con un ramillete de verónicas de pata pa’ lante. En la suerte de varas hay que comentar que el picador sufrió un derribo. El quite tras el tercio de varas se basó en tres gaoneras. Brindó el novillo al respetable. Se sacó el novillo a los medios con dos lances y comenzó el toreo en redondo, el novillo embestía con nobleza y buen tranco, con series de cuatro muletazos y el de pecho. Los muletazos tanto con la mano derecha como con la mano izquierda eran largos, ligados y templados. El fin de faena fue con dos circulares ligados y una serie de tres manoletinas. Tras cobrar una estocada tendida cobró una oreja.

El segundo de la tarde fue recibido con un preciosista saludo con el capote. El novillo fue llevado al caballo galleando por chicuelinas. El novillo empujó abajo en el peto en un largo puyazo. El quite fue por gaoneras. Brindó al respetable. Jose Rojo no se acopló en ningun momento con el novillo y los muletazos fueron de uno en uno, aunque es cierto que consiguió algunos muletazos realmente lucidos. El toreo de cercanías fue de gran efectismo. La suerte suprema se saldó con un pinchazo y media estocada tendida. Silencio.

El tercero salió distraido, corretón, cuando se centró en la lidia se le recetaron varias verónicas y una revolera. En el largo puyazo que tomó empujó con la cara alta. El quite fue por gaoneras y media. En la brega de banderillas el novillo tardea en arrancar pero mete bien la cara en el capote. Brindó el novillo al público. Empezó la faena con ayudados por alto. El novillo embestía más franco toreandole al natural por donde iba largo y el toreo tenía sabor, con la muleta en la mano derecha solo se le dio una serie. El fin de faena fue con cinco manoletinas. La suerte de matar fue larga por el desatino con el que se manejaron los aceros. Silencio.

El cuarto de la tarde salió muy distraido, no acudía a los capotes que se le presentaban, se enceló al capote de Sergio Felipe y embistió a las verónicas que con la tela del capote dibujaba humillando. En el caballo embistió como los bravos, con la cabeza baja y empujando con los riñones. En la brega del tercio de banderillas mantenía las condiciones de embestir humillado y con buen tranco. La faena de muleta tuvo que ser con muletazos de uno de uno. Ante la falta de ligazon en la faena de muleta, optó por el toreo de arrimón cerca de tablas con el beneplácito del público. La suerte suprema fue con un pinchazo y una estocada entera. Oreja.

El quinto de la tarde fue recibido con una larga cambiada por Jose Rojo a la que sucedieron varias verónicas movidas pero de gran intensidad por la repetición en la embestida del novillo. La violencia con la que acudió al caballo provocó el derribo. Fue puesto de nuevo en suerte peleando como un bravo. El quite fue con una navarras y una serpentina con gusto. Sin duda era el novillo que apuntaba mejores maneras. La ligazon, la profundidad de las embestidas y la forma de embestir humillada. Fueron dos series de categoria. Después los muletazos fueron de uno en uno aunque con mucha transmisión. El estoconazo fue de efecto fulminante. El premio fue máximo, dos orejas y rabo y vuelta al ruedo para el toro.

El sexto de la tarde fue recibido con una portagayola y una larga cambiada, haciendo saber al público que ‘El Niño de las Monjas’ tambien pretendía salir por la puerta grande. El novillo cumplió en varas empujando con la cabeza abajo. En la brega del tercio de banderillas tomaba bien el capote y tenía buen tranco. La faena comenzó con tres muletazos con la rodilla flexionada para sacar al novillo al tercio. El novillo no admitía el toreo ligado, el buen toreo, por lo que le tuvo que sacar los pases de uno en uno, aunque con gran exposición. La suerte suprema fue con un pinchazo y una estocada. Silencio.




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