Tarde para los valientes

 Crónica 


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

Villaseca de la Sagra sigue disfrutando del Alfarero de Oro. La tarde del sábado 11 contaba con la máxima expectación entre los aficionados, una novillada de Monteviejo a la que se midieron Jesús Díez "El Chorlo", Carlos Olsina y Francisco Montero. Sin embargo, no fue una tarde para el lucimiento y sí para el esfuerzo, el empeño, el valor y las ganas de querer ser matadores de toros. El Chorlo mostró solvencia, con las ideas muy claras, con un lote repleto de teclas para mimar. Se pudo "lucir" más con el segundo de su lote  al que le robó alguna que otra tanda cadenciosa por abajo, muy en torero. Olsina tuvo un lote que, al igual que el de Jesús desarrollaba pronto, no pudo terminar de romper en sus faenas, las embestidas estaban vacías de sabor. Montero tiró de hambre novilleril, entregándose y exponiéndose en extremo, a veces. Aprovechó cada embestida que llevaba dentro, hasta vaciarlo, sumando emoción a una tarde de tensión.

El Chorlo no lo dejó correr, lo frenó con las rodillas en tierra, envolviendo la embestida con suavidad en el percal. Al estirarse con él, el animal empezó a quedarse corto, le volvió la cara y lo lanzó por los aires. Un novillo de tela justa. Brindó al público para iniciar el tanteo por ambos pitones, con suavidad, muy despacio, ante un astado que media y se volvía buscando lo que dejaba atrás. A base de empeño y medir muy bien las distancias logró robarle una tanda sobre la mano derecha. No había manera de que tragara, había desarrollado y estaba, totalmente, pendiente de El Chorlo, tenía que tocar y fijar. Le metió la mano con habilidad, aun teniéndolo fijo en el cuerpo.

Carlos Olsina recibió al segundo de la tarde, un animal que salía del percal del francés con las manos por arriba y volviéndose para quedarse encima. El espada lo probó por ambos pitones, cambiando los terrenos, sacándolo de las tablas y llevándolo a los medios. Tenía el recorrido muy medido, soltando la cara con violencia y buscando. No encontraba las distancias ni los terrenos, el animal no facilitaba las opciones. Sin más que acudir a por la espada y hundir el acero con destreza, dejándola caída y trasera.

El tercero de la tarde permitió el saludo capotero a Francisco Montero, tratando de que no se fuera de la tela, fijándolo, al mismo tiempo que abría la embestida. José Otero volvió a protagonizar, una tarde más, el tercio de banderillas, luciéndose. El inicio del último tercio se basó en el tanteo por abajo, alejándolo del tercio. El animal salía de cada natural buscando, aún así Montero quiso entregarse, bajándole la mano  encontrando la pulcritud en su embestida. No alargó la faena, así que cambió la ayuda por la espada y compuso los últimos compases a base de manoletinas muy ceñidas. Acertó en la suerte suprema.

El cuarto de la tarde, segundo en el lote de El Chorlo, permitió que el de Llerena se estirara con él  abriéndolo y andándole hasta sacarlo a los medios y rematarlo. Pegado a las tablas, genuflexo, quiso Jesús pasárselo por ambos pitones, buscándolo abajo. Muy encajado, tocándole abajo, muy cadencioso empezó a ligar con continuidad y pulcritud. Le mostró la tela con amplitud, abriendo el compás con un cite delantero que después encauzaba toda su embestida en el muletazo. Uno a uno, con poder  sin dejarlo pensar, dejando que los vuelos se arrastraran a cámara lenta por el albero, invitando al de Monteviejo a entrar en la franela. Cerró con una estocada, que no fue entera  pero sí efectiva, el animal se lo puso difícil para ejecutar la suerte suprema.

Carlos Olsina ejecutó un saludo muy medido en el que trato de envolver al astado en el percal. Llegaron los primeros compases de muleta, sin transmisión, trató de buscar el sitio, pasándoselo sin que dijera nada. Dejaba la cara alta. Sobre el pitón derecho los muletazos estaban más que contados se paraba y se negaba a seguir pasando. También lo toreó al natural, pero con las mismas volvió sobre el piton derecho, metiéndose en sus terrenos  derrochando valor y entrega, exponiéndose.

Montero se fue directo a la puerta de chiqueros para recibir al último de la tarde a portagayola con el capote de paseo. Después siguió de rodillas con alguna que otra larga cambiada desde el tercio. El animal fue devuelto a corrales tras el tercio de varas y en su lugar salió un sobrero de Baltasar Ibán al que Montero recibió a portagayola. Lo tanteó genuflexo abajo, entre algodones, ligando muletazo tras muletazo, dejándole la franela con desmayo, esperando que el animal culminara el pase. Al novillo solo había que dejarle la muleta en la cara y meterlo en el siguiente pase. Se lució y buscó en las distancias, que tanto le caracterizan, las cortas, para después seguir jugando con los vuelos y alargar su embestida. Quiso y pudo adornarse. Acertó con los aceros.

Villaseca de la Sagra. Novillos de Monteviejo para Jesús Díez "El Chorlo", ovavión y vuelta al ruedo tras aviso; Carlos Olsina, silencio; Francisco Montero, ovación y ovación.

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