Fonseca y Perera, triunfadores del Circuito del Norte

Crónica


GUARISMO DEL OCHO


  
Santander acogió la Gran Final del Circuito del Norte, una novillada de Jandilla de juego más que limitado con el que la terna tuvo que buscar las teclas para poder torear y lucirse, sin dejar que los triunfos se les escapara. La lluvia no acompañó, pero no empañó la entrega, garra y determinación que Fonseca depositó en el ruedo, se vació toreando, sin dejar nada que mostrar. Logró cortar un total de dos orejas, una por cada ejemplar de su lote. Manuel Perera estuvo muy metido en sus faenas, exprimiendo a sus astados, ciñéndoselos. Fue toda una declaración de intenciones por parte del moreliano y del extremeño. Carlos Domínguez no encontró el punto a los de su lote, faltó transmisión y acierto con los aceros. 

Carlos Domínguez abrió la tarde de la Gran Final del Circuito del Norte en Santander. Recibió a un astado que tuvo movilidad en su salida y con el que pudo lucirse en el saludo capotero. En la faena de muleta, fue robando embestidas, una a una, al astado le costaba atender al cite y terminar de pasar. Salía por alto con un tranco desigual, teniendo que buscarlo el espada, provocándolo para poder completar las series. Utilizó los vuelos, abriendo la embestida y recogiéndola, buscando la continuidad a un animal limitado. Falló con los aceros y el animal dobló tras el primer aviso.

Fonseca apostó fuerte, recibiendo al primero de su lote de rodillas, derrochando una gran variedad en el capote. El inicio de faena se basó en el toreo por abajo, de rodillas, a pase cambiado. Lo buscó en sus terrenos, dejándosela plana, para después curvar su embestida, envolviéndose con él, ligando los muletazos. Ajustó las distancias y empezó a aguantarlo, el animal se quedaba parado, pero el mexicano no dejó de buscar opciones. Siguió adornándose, mientras le recetaba una faena de muchos cuidados, de suavidad, sin deslucir, sin dejar margen de error, con un novillo que se había apagado. Culminó su faena con una estocada más que efectiva que le valió la oreja.

Manuel Perera se estiró con el capote en su saludo capotero, que remató más allá del tercio. El extremeño quiso empezar la faena desde los medios, de rodillas, pero tuvo que ir a su encuentro, sin levantarse, para citarlo en la media distancia y seguir hasta la primera tanda, arqueándose y sometiéndolo por abajo, hasta rematarlo con el de pecho. El animal atendía con celo la franela de Perera, que adornando entre series, se encajó con él, dejando el paso atrás y la mano delantera para recoger la embestida y guiarla. El animal se paró y el espada tenía que empezar a insistirlo mucho más, dejando que los vuelos le tocaran el morrillo. Mató con aseo y acierto. 

Carlos Domínguez marcaba el ecuador del festejo con un ejemplar de Jandilla al que le saludó entre mimos y mucha torería. Escogió los medios para recibir al de Jandilla en la muleta. Esperó para desplagarla, esperando que el animal se fijara en él. Le costó atender al cite, pero después hubo una continuidad en las series, costándole algo más abrocharlar con el de pecho. Salía con una embestida bronca, no debía tocar la tela, pues se descomponía. Encontró, por abajo, la continuidad, aunque limitada y de muletazos dosificados. No tuvo acierto en la suerte suprema. 

Isaac Fonseca saludó al segundo de su lote con una larga afarolada de rodillas para después enccelarlo en la tela, pero el animal entraba con recelo y parándose. La lluvia arreció y el suelo perdió toda su firmeza, aun así, Fonseca no cambió su faena ni estructura, fue a por todas y firmó su declaración de intenciones, con un astado al que se pasó por la espalda, ciñéndoselo y arriesgando. El animal, descompuesto, arremetía con violencia en la tela del mexicano. Se rajó, a pesar de la firmeza y poder con el que Fonseca le exigía. El animal no puso facilidades a la tarde, buscó las tablas, tratando de deslucir la faena que había ahormado el espada. Culminó el último tercio en las tablas, con el pase de las flores, toreando a favor del astado. 

Manuel Perera salió con uñas y dientes, recibiendo al último de la tarde a portagayola, para después seguir de rodillas. El animal presentaba movilidad y así lo demostró en el inicio de la faena de muleta, que Perera desarrolló de rodillas, ligando por abajo, sometiéndolo. Se encajó y con mucha verdad, configuró las primeras tandas, le extendió la tela y dejó que el animal siguiera los vuelos, abriéndole para después recoger su embestida, la cual acometía con obediencia y humillación. Solo se mostraba más irregular cuando le tocaba la tela, pero, rápidamente, el espada tiraba de la franela para evitar que desluciera. Lo llevó en largo, alargando su recorrido, mientras acortaba el número de pases, dosificando así la entrega. La espada quedó delantera y tendida, teniendo que descabellar. 

Santander. Novillos de Jandilla para Carlos Domínguez, palmas en ambos; Isaac Fonseca, oreja y oreja; Manuel Perera, oreja y oreja.  

Comentarios

  1. Por la nota expuesta los muchachos le echaron pusieron arte y sapiencia a sus astados para poderes,bien por ellos!!

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Colaboraciones

Publicidad

Entradas populares