Rubén Pinar, cuatro orejas en Daimiel

Crónica




RICARDO BEDIA


  

En la tarde de hoy se lidiaron seis ejemplares que iban marcados con el legendario hierro de la A coronada, tornados desde hace casi 60 años en los famosos Victorinos, santo y seña de la casta brava, por los matadores especialistas en corrida dura Manuel Escribano, Rubén Pinar y Román, el primero indultó en la Maestranza de Sevilla al famosos toro Cobradiezmos y el segundo el año pasado al toro Muralista en la plaza de la localidad jienense de Villanueva del Arzobispo.

El primero de la tarde fue ovacionado de salida, salió corretón y derrotó en burladeros. El maestro Escribano le saludó con apretados lances con el capote en tablas con el toro reponiendo terrenos, con esa forma tan particular que tienen los Albaserrada de embestir trotando. En el caballo, el toro fue puesto de largo, pensándoselo mucho a la hora de embestir, aunque cuando se arrancó lo hizo con bravura empujando abajo, en la segunda ocasión en el que se le puso en suerte para ir al caballo, costó mucho ponerlo en suerte aunque fue una arrancada vibrante y sólo se le marcó, no se le castigó. La suerte de banderillas fue ejecutada, como es habitual y se espera por parte del respetable, por el propio matador con su también habitual estilo deportivo y pleno de facultades y conocedor de los terrenos para poner los garapullos. En la brega de la suerte de banderillas el toro embiste al paso, aunque humillado. Manuel Escribano brindó el toro al respetable. Cuando el maestro Escribano cogió la muleta con la mano derecha le dio una tanda breve y rápidamente se la pasó a la zurda por donde el toro tenía embestidas profundas, humilladas y con mucha vibración. Esa embestida al paso, muy propia del encaste y con ese temple del encaste cuando el toro coge las telas con nobleza. Avanzando la faena recordó en algunos tramos esos toros tobilleros que han hecho famosos a los toros de esta ganadería. La faena concluyó con un desplante muy torero. La suerte suprema fue con un pinchazo hondo en todo lo alto, el toro fue barbeando las tablas hasta que dobló, siendo aplaudido por el público cuando dobló las manos. El premio para el torero fue de una oreja y para el toro una sonora ovación.

El segundo de la tarde y primero del lote de Rubén Pinar salió distraído, derrotó en los burladeros, embistió de forma incierta hasta que lo enceló en los trapos, el toro embestía al paso. En varas, el toro empujó abajo y se le tapó la salida siendo este hecho protestado por el tendido. En la brega del tercio de banderillas, el toro seguía humillando con mucha clase. La faena de muleta se inicia con lances con la rodilla flexionada y un doble pase de pecho. Temple y acople con la embestida repleta de nobleza del toro. Toreo largo y profundo en los embroques. Tandas largas y vibrantes en el toreo al natural. Los tendidos son un manicomio. El trasteo acaba con cuatro ayudados por alto. La suerte suprema se saldó con un estoconazo en todo lo alto tardando el toro en caer, siendo ovacionado cuando dobla. Desde algunos sectores del público se pidió el indulto antes de que Rubén Pinar entrara a matar. El premio fue de dos orejas y se le dio al toro la vuelta al ruedo.

El tercero de la tarde recibió una ovación de salida, salió corretón, derrotó en los burladeros. El maestro Román no se confía con el toro con el capote. Cuando se le pone en suerte para acudir el caballo va como un rayo recibiendo un larguísimo puyazo donde empujó abajo. La lidia sólo se la puede calificar de desastre, el toro va donde quiere. En el tercio de banderillas el toro humilla en el embroque con el subalterno. La faena de muleta empieza con lances con la rodilla flexionada llenos de torería, humillados. Cuando coge la muleta con la mano izquierda el toro embestía con más calidad y con ese temple propio del encaste cuando embiste al paso. La suerte suprema se saldó con dos pinchazos y un estoconazo en lo alto. El toro se comía la muerte y dobló en el tercio, hubo petición de oreja aunque la presidencia no la concedió. Al toro se le ovacionó, el torero saludó desde el tercio.

El cuarto de la tarde fue recibido por Manuel Escribano, quien se salió con el toro hasta los medios intentando meterle en la lidia, aunque no consiguió ningún lucimiento con el toro. En la suerte de varas empujó el toro abajo hasta que derribó al caballo. No hubo otra entrada del toro al caballo de picar. El matador ejecutó la suerte de banderillas con su repertorio habitual con el par al violín, etc… hay que reseñar que la colocación de los palos en el tercer par no le satisfizo y pidió permiso al presidente para poner un cuarto par, lo cual fue del agrado del público. Brindó el toro al público. El toro resultó en la embestida en la muleta reservón, tobillero, iba buscando al torero. El toro fue desarrollando sentido en la lidia de muleta volviéndose peligroso. Acabó la lidia con un desplante muy torero, para después darle cuatro derechazos y un abaniqueo pleno de torería. La suerte suprema fue con un espadazo que cayó muy baja, y el premio a su faena fue una oreja.

El quinto de la tarde fue recibido con un torero toreo a la verónica en las tablas rematado con una media. El puyazo fue largo que fue protestado. El toro empujó abajo. En el tercio de banderillas el público afeó el quehacer de los toreros de plata con una sonora bronca. La faena de muleta empezó con una serie de rodilla flexionada para sacarse el toro al tercio, con un reposo y un temple proverbial. Las series que al principio de la faena eran cortas cada vez resultaron más largas tanto en número de muletazos como en la longitud de cada muletazo. El toreo al natural resultó muy estético, el toro hacía surcos con el morro. Los tendidos estaban entusiasmados con la embestida del Victorino y el toreo de Rubén Pinar. El estoconazo con el que rubricó su faena le granjearon dos orejas y una ovación cerrada al toro.

El sexto de la tarde no dio lugar al lucimiento con el capote. Se le dio un puyazo largo tapándole la salida, se le volvió a poner en el caballo otra vez y en esta segunda ocasión más largo, tomó ese segundo puyazo aunque el castigo fue mínimo. Se lo piensa mucho a la hora de embestir en la brega del tercio de banderillas. Con un ramillete de muletazos con la rodilla flexionada se sacó el toro al tercio. El toro embiste al paso aunque denotaba cierto sentido en la forma de tomar los muletazos. Al principio de la faena las tandas eran cortas teniendo que dejar respirar al toro entre serie y serie, fue capaz el maestro Román de alargar los muletazos en el desarrollo de la lidia. Una serie en especial de cuatro naturales rotundos, largos y toreros, fue el climax de la faena. La faena acabó con cuatro pases ayudados por bajo. La suerte suprema se saldó con tres pinchazos, cuando sonó un aviso, con el toro aculado en tablas se dispuso a usar el estoque de cruceta teniendo que dar siete golpes para que el toro doblara.

Daimiel. Toros de Victorino Martín para Manuel Escribano, oreja y oreja; Rubén Pinar, dos orejas y dos orejas; Román Collado, ovación y silencio. 

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