Ortega y Aguado, Puerta Grande en Lucena

Reseña



PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ


  

Morante recibió al primero muy comedido, sin forzarlo tras dejarlo correr. En la muleta, tampoco se quiso exceder con un toro desordenado e intermitente. Dobló en el descabello.

Ortega ejecutó el saludo capotero a un Murube que salió suelto. Toreó con desmayo y mucha torería, robándole algún que otro muletazo sobre el pitón izquierdo, siempre metido y bajándole la mano a un toro cada vez más reservón y abrupto. Alargó la faena.

El tercero salió reservón, exigiéndole en la tela a Pablo Aguado. En el último tercio, lo llevó a base de muleta baja y compás abierto para envolver al astado en los compases que marcaron las muñecas del sevillano. Tocaba y deslizaba.

Morante de la Puebla meció al segundo de su lote entre verónicas y lucidez con el percal. Se adornó en la faena con un animal de juego limitado que obligaba a reconstruir las tandas en cada muletazo. Mató con acierto.

El quinto de la tarde entró con genio, metiéndose por dentro en el saludo de Ortega. Inicio de faena comprometido, agarrado a las tablas. Lo llevó con suavidad, tratando de limpiar el remate seco y arriba que soltaba el animal. En largo, compaginando el tiempo y el sitio. Los últimos compases los compaginó con una banderilla en su mano derecha. Lo pasaportó con aseo.

Pablo Aguado se estiró con temple y lucimiento. Le robó una buena tanda sobre el pitón derecho, con desmayo, en un tira y afloja. Aguado se midió a un astado complejo, muy reservón, pero al que terminó encauzando.

Plaza de toros de Lucena. Toros de Murube para Morante de la Puebla, palmas y oreja; Juan Ortega, oreja y oreja; Pablo Aguado, ovación y dos orejas

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