Manuel Perera, tres orejas en Cadalso de los Vidrios

Crónica 


RICARDO BEDIA 

Jorge Martínez, Jordi Pérez ‘El Niño de las Monjas’ y Manuel Perera estoquearon un encierro, que resultó interesantísimo, de la ganadería de Baltasar Iban.

Sartenero fue el que abrió plaza. Recibiole Jorge Martínez con una larga cambiada que fue aplaudida por el público, como suele suceder en estos casos. Los lances de recibo después de la larga cambiada resultaron estéticos, la embestida del novillo era repetidora y codiciosa. Estaba lanceando con el capote y al salir de una chicuelina, tuvo que rectificar porque la embestida del novillo no aceptaba florituras. En varas recibió un largo puyazo, al que acudió con alegría. El novillo empujaba abajo, además se le tapó la salida, lo cual provocó una bronca. La lidia en el tercio de banderillas fue un auténtico desastre. La faena de muleta comenzó con seis muletazos larguísimos, tomados con una embestida humillada y profunda. El novillo embestía con fuerza. Cuando se pasó la muleta a la mano izquierda la embestía era más templada. Una tanda con la mano derecha fue el prolegómeno del toreo de cercanías. Los pases circulares resultaban deslucidos ya que el novillo punteaba los engaños. Al acabar uno de estos pases circulares, el novillo volteó al novillero, sin consecuencias. El final de faena fue con cuatro manoletinas. La suerte suprema fue con una estocada muy defectuosa que fue suficiente para que el novillo doblara. Silencio.

El segundo de la tarde fue Camarito y le recibió a portagayola, el animal estaba distraído, el resto del saludo capotero fue con cinco verónicas muy movidas y rápidas. En varas se le propinó un larguísimo puyazo que el novillo tomó empujando abajo, metiendo los riñones. El novillo no fue puesto en suerte, pero en un error se encontró con el caballo y acudió al embroque haciendo lo mismo que en la anterior entrada al caballo. Unas gaoneras, un tanto atropelladas y con poco poso torero, en las que sólo hay que resaltar la exposición, fueron el quite. El novillo tenía un tranco largo en el tercio de banderillas, metiendo la cabeza en el capote con clase. La faena de muleta comenzó con cinco naturales y el de pecho, el toreo que trazaba con la muleta Jordi Perez era muy rápido tanto con la mano derecha como cuando toreaba al natural. Según se sucedían las series el novillo se iba templando, aunque el toreo seguía siendo rápido sin quedarse verdaderamente quieto. Cuando conseguía qedarse quieto el toreo tenía cierto gusto porque el muletazo era largo. Cuando estaba saliendo de una manoletina el novillo le volteó, sin consecuencias visibles, aunque se le veía dolorido. Muchos aficionados en el tendido pensaban que el novillo se le estaba yendo. Mató de una estocada defectuosa y se le concedieron dos orejas al novillero y la vuelta al ruedo al novillo.

El tercero de la tarde se llamaba Peletero. El saludo con el capote no tuvo ningun brillo estético. El novillo le comía el terreno en cada capotazo. La entrada al caballo fue tan violenta que el novillo volteó a caballo y picador generando una imagen espectacular y de peligro en el albero. Cuando se puso otra vez en suerte para que acudiera al caballo, se arrancó cuando el caballo estaba girando cogiendo al caballo por el pecho, el picador pudo tranquilizar la pelea con el novillo y le administró un larguísimo puyazo. El quite fue por gaoneras, resultando de gran estética. En la brega de banderillas el toro evidenciaba un buen tranco y embestía con codicia. El trasteo con la muleta era más de acompañamiento de la embestida, a media altura. Cuando le baja la mano al novillo el toreo tenía ligazon y profundidad. El novillo embistió con más cadencia y temple cuando Manuel Perera tomó la muleta con la mano izquierda. Dos series con la mano derecha con cierto temple y gusto dieron paso al toreo de cercanías al uso, que fueron unos pases circulares con algun desplante torero. La estocada fue tan defectuosa que la sacó enseguida, tuvo que hacer uso del verduguillo una vez. Se le concedió una oreja.

El cuarto de la tarde se llamaba Rabioso. Desarmó a Jorge Martínez en el tercer capotazo. Lo estaba encelando llevándolo de un terreno a otro, el toro era distraído y necesitaba manoseo para meterlo en la pelea. Tomó un puyazo largo embistiendo con la cara arriba pero con fijeza. El novillo mantenía un tranco largo en el tercio de banderillas. Los muletazos surgían largos y profundos, de mano baja, aunque el novillo sólo permitió dos series así. Los muletazos tuvieron que surgir de uno en uno, con muletazos breves pero con mucha exposición. Unos lances de toreo de cercanías iban llevándonos al final de la faena de muleta. La suerte de matar fue con una estocada entera, un punto trasera y desprendida. El novillo se estaba tragando la muerte en los medios y fue aplaudido por ello. Sonó un aviso. Jorge Martinez escuchó algunos pitos y el novillo recibió unos aplausos en el arrastre.

El quinto de la tarde se llamó Pecetero. El saludo capotero se basó en enseñar a embestir al novillo. Se arrancó alegre al caballo empujando con la cara arriba y tomando un largo puyazo. Cuando se le puso en suerte por segunda vez al caballo, esta vez más largo, se arrancó nuevamente alegre. El quite fue de cuatro verónicas, siendo en la cuarta verónica tropezado el capote evitando ser alcanzado por el novillo. La faena de muleta empezó con cinco muletazos con la rodilla flexionada para llevárselo al tercio. Otra vez como en el primer novillo de su lote, el toreo fluía rápido y sin sabor. Jordi Pérez trazaba un toreo de mucha pose pero poco toreo. Aquello que decía Domingo Ortega de ‘templar, parar y mandar’ no se lo había aprendido. El toreo de cercanías fue con pases cambiados y algún circular. Después de pinchar varias veces al novillo tuvo que usar dos veces el descabello.

Manuel Perera recibió a Barberito de rodillas, con un precioso saludo con verónicas rematadas con una revolera. El novillo tardó en acudir al caballo, pero se arrancó con fuerza, en el peto empujó abajo. El quite fue por delantales, algo poco visto y rematados con una media. La brega en el tercio de banderillas fue con capotazos largos y por abajo. Los banderilleros se lucieron poniendo los palos teniendo que desmonterarse para responder a la fuerte ovacion desde el tendido. El inicio de la faena de muleta fue muy torero con muletazos de rodillas. Los muletazos eran a media altura largos y templados. En la segunda serie Manuel Perera le bajó la mano al novillo yendo el toro largo, la embestida tiene calidad y nobleza. Un circular especialmente sin enmendarse resultando muy torero. La parte central de la faena fue alternando el toreo en redondo con algun que otro pase circular. El toreo de cercanías en las postrimerías de la faena fue con pases cambiados. La suerte suprema fue con un pinchazo y una estocada entera. El premio fue de dos orejas.

Cadalso de los Vidrios. Novillos de Baltasar Ibán para Jorge Martínez, ovación y ovación; Jordi Pérez ‘El Niño de las Monjas’, dos orejas y ovación; Manuel Perera, oreja y dos orejas. Informa Ricardo Bedia

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