Imparable

Crónica


RICARDO BEDIA


  

Las figuras del escalafón novilleril Carlos Olsina, Miguel Aguilar e Isaac Fonseca lidiaron y estoquearon un encierro de utreros de la ganadería de Adolfo Martin, en el cual hay que destacar los novillos quinto y sexto.

Con unos dos tercios de ocupación en los tendidos, podemos decir que la acogida de la primera novillada de este serial era positiva.

Aviador fue el encargado de abrir plaza, salió andarín y derrotó en los tendidos y fue saludado con el capote con cierto gusto aunque sin acabar de romper el novillo, estaba reservón. Acudió alegre al caballo, en la pelea en varas empujó con la cabeza abajo. Puesto el novillo otra vez en suerte, tardó en arrancarse, y recibió un castigo simbólico. Carlos Olsina brindó el novillo al respetable. Con seis lances se llevó al novillo al tercio, el novillo embestía humillando y con suavidad, con nobleza, sin malicia, pasaba sin meterse con nadie. Algunos lances tenían mucho gusto. Cuando se pasó la muleta a la mano izquierda, en el primer natural el novillo casi se lo lleva por delante. Los muletazos se administraban de uno en uno, la fuerza del novillo no daba para más. Con cuatro manoletinas terminaba la faena. La suerte suprema se saldó con una estocada que cayó baja. Silencio para el toro y para el novillero.

El segundo de la tarde fue Bordador. El novillo salió con pies y derrotando, con siete lances dados con gusto. Miguel Aguilar recibió al primer novillo de su lote. El novillo pasó por el tercio de varas sin celo ni codicia, simplemente se deja pegar con la vara. Fue puesto en suerte en los medios para un segundo puyazo, acudió al paso al caballo recibiendo poco castigo. En la brega del tercio de banderillas los capotazos eran largos y por abajo tomándolos el novillo con una embestida humillada y con cierta clase. Brindó el novillo al tendido. Con cinco lances con la rodilla flexionada se intentaba sacar el novillo al tercio, cuando se disponía a trazar el sexto fue desarmado. Las tandas con la mano derecha eran de cuatro muletazos y el de pecho. Cuando tomó la muleta para torear al natural, la embestida era algo más codiciosa aunque su quehacer con el novillo no tenía repercusión entre el público. En las postrimerías de la faena de muleta, Miguel Aguilar optó por pases circulares y pases cambiados, ya en tablas. Un perfecto volapié con una estocada en lo alto le hizo merecedor de una oreja siendo el novillo aplaudido en el arrastre.

El tercero de la tarde, tenía un nombre que recordaba a uno de los toreros más importantes del s. XIX, Rafael Molina Lagartijo. Isaac Fonseca se presentó a Lagartijo con un preciosista saludo capotero con un ramillete de verónicas rematado con una media muy torera; el novillo era repetidor en su embestida. El novillo tardeó cuando fue puesto en suerte para ir al caballo pero entró empujando abajo. El novillo en la brega de banderillas tomaba las telas por abajo. El tercio de banderillas era del gusto del público, que hizo que ambos banderilleros se desmonteraran. Brindó el novillo al respetable. Con cuatro muletazos templados se llevó el novillo al tercio para empezar el toreo en redondo. El toreo al natural fue elegante, aunque dados de uno en uno, resultaron muy toreros, siendo el sumum un desplante. Una serie de tres manoletinas y el de pecho sirvieron para acabar la faena de muleta. En la suerte de matar Isaac Fonseca se hizo un lío, algo inusual en él, pinchando al novillo hasta tres veces, cuando sonó un aviso, a la cuarta entrada se cobró una estocada de efecto fulminante. Silencio.

El cuarto de la tarde se llamó Baratero. Salió corretón, derrotando en los burladeros. El saludo capotero resultó preciosista con unas verónicas clásicas rematadas con una media. En la suerte de varas se midió el castigo. Con cuatro lances se llevó al novillo a los medios. Los muletazos tenían suavidad, dejando que el novillo respirara entre tanda y tanda. El novillo duró poco, sus embestidas fueron de media arrancada, quedándose en mitad de la suerte cuando el toreo era con la mano izquierda, con la mano derecha ya le había dado dos achuchones. El novillero tragaba mucho, pero cuando toreando con la mano izquierda le dio el primer achuchón se fue por la espada, la faena ya no podía seguir. La suerte suprema se saldó con 4 pinchazos, cuando sonaba el primer aviso, cuando sonaba el segundo aviso se le fue la mano abajo con una estocada entera. Tuvo que descabellar en los medios. La bronca fue monumental, los pitos y las palmas de tango es algo muy torero.

El quinto de la tarde se llamó Mentiroso. Salió corretón y derrotó en los burladeros. Miguel Aguilar enceló al novillo para después trazar unas bonitas verónicas. El novillo se arrancó alegre al caballo, empujando abajo, al igual que lo hizo en un segundo encuentro con el picador. La faena de muleta empezó con tandas de cuatro y el de pecho, con muletazos templados, cadenciosos y con gusto. Los muletazos son largos, humillados, de mano baja y ligados. La apoteosis de la faena fue con dos tandas con la mano derecha, con temple y sabor. Después de estas dos tandas, se dio el toreo de cercanías con los habituales pases cambiados. Una serie final, como se dice el final de faena, de seis manoletinas, fue el colofón de la faena. La estocada en lo alto le proporcionó dos orejas al novillero y unos aplausos en el arrastre para el novillo.

Cerró la plaza Aviador, que salió andarín, enterándose, poca codicia en la embestida. En varas el novillo empujó abajo en las dos veces que se le llevó al varilarguero. El novillo no andaba sobrado de motor, aunque la embestida era larga y humillada en la brega del tercio de banderillas. La faena de muleta empezó con buenas vibraciones, una tanda de seis naturales largos, profundos y cadenciosos hicieron sonar los primeros oles rotundos de la tarde. Lo que no ponía el novillo lo ponía el mejicano. Con la mano derecha los muletazos eran largos, profundos y por abajo y con emoción. El toreo de cercanías con pases cambiados y alardes y desplantes fue también del gusto del respetable. Unas manoletinas muy ceñidas y pausadas terminaron la faena. Esta vez, Fonseca si que mató a la primera, con una estocada en lo alto. Dos orejas y rabo para el novillero y una fuerte ovación para Aviador, que hizo que tomara la tarde vuelto alto, fueron el resultado del quehacer de novillero y novillo sobre el albero.

Cadalso de los Vidrios. Novillos de Adolfo Martín para Carlos Olsina, silencio y silencio; Miguel Aguilar, oreja y dos orejas; Isaac Fonseca, palmas y dos orejas y rabo.

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