La gloria en la espada

 Crónica 

PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 



Villaseca de la Sagra celebró la tercera novillada del Alfarero de Oro, una tarde en la que los de La Quinta fueron complejos, pidieron el carné, quizá destacó con una embestida más armoniosa y que permitió el lucimiento el cuarto. Los peores del festejo fueron el segundo y el quinto, coincidiendo con el lote de Polope. La terna, compuesta por Diego Peseiro, Miguel Polope y Pablo Páez, trató de buscar las teclas que tanto escondían los de La Quinta. El portugués  tuvo en su mano las dos orejas en la cuarta faena de la tarde, pero la espada se lo impidió. Polope no tuvo suerte y Pablo Páez brilló con el tercero de La Quinta, lo exprimió, exigiéndole.

Peseiro recibió la primero de la tarde a portagayola, para después tratar de fijarlo, pues salió suelto. Entraba más recto y corto por el izquierdo, abriéndose por el derecho. Más lucido y con poder resultó el tercio de banderillas, protagonizado por el propio novillero, que se adornó, al tiempo que dejaba los palos en lo alto. Empezó la faena a pies juntos  tanteándolo por alto, reservando parte de sus embestidas. Se encajó con él  pasándoselo a cámara lenta, ajustando mucho las distancias. Tanta suavidad que llegó a perder la muleta entre las yemas. Hubo profundidad y longitud en los naturales, aunque también había que aguantar sus parones y embestida reservada y corta. El tercio de varas le pasó factura. Mató con una estocada efectiva y fulminante.

Miguel Polope dejó correr al segundo de la tarde, con el que terminó ejecutando un saludo basado en la brega, en el cuidado de unas embestidas que terminaban soltando la cara arriba. Tras brindar al público empezó a construir su faena. El inició llegó agarrado a tablas, teniendo que cambiar los terrenos, tras unas probaturas breves. Le bajó la mano sobre el pitón derecho, empezando a encauzar y templar la embestida, con suavidad. Había que meterse en su terreno y provocarle, pero sin lograr que terminara de humillar. En un inicio de serie resultó prendido  en uno de sus derrote secos arriba. Volvió a la cara del animal, toreando con raza, para cerrar con unas bernardinas muy ceñidas en las que la violencia gobernó. Volvió a ejecutar la suerte sin acierto en la colocación, pero efectiva.

Pablo Páez no tardó en frenar al tercero de la tarde en su capote, con saludo medido en el que cumplió, tratando de encelarlo en la tela. En el tercio de banderillas destacó José Otero, que fue ovacionado por el respetable. Inició la faena con un novillo de tranco irregular y que entraba recto al engaño. Lo citaba en largo, aprovechando el la inercia del animal y construer tandas con ligazón. Resperando los tiempos entre series, retomaba el sometimiento por abajo. Se la dejaba puesta  para después arrastrar la franela por el albero y tirar de una embestida que se acompañaba al compás que este le pautaba. Respondió con un tranco desgastado y desinteresado, estuvo Páez lo exprimió. Ejecutó la suerte suprema con una estocada fulminante y efectiva.

Peseiro salió a recibir al segundo de lote, un astado que se movía con habilidad y buen tranco. Lo espero paciente, a pesar de que salía suelto de los lances de su saludo. Recogió, envolvió y logró encelar mientras lo sacaba del tercio. Se volvió a lucir el portugués en el tercio banderillas, con variedad. Trazó un inicio muy bien diseñado, en el que lo sometió, genuflexo, por abajo, buscando la humillación hasta abrocharlo. Las ganas y el poder llevaron al novillo sometido a las exigencias del portugués que cuidó cada muletazo. La faena rompió con la suavidad exquisita que el novillero demandaba y que el novillo prestaba, envolviéndose en los vuelos de una franela en la que gobernó la cadencia y la torería. Peseiro no quiso alargar una faena que había llegado al momento cumbre, con el que podría ser el mejor de la tarde. Culminó de rodillas, dejando su seña de identidad, para después recetar algún que otro pase y dejar varios pinchazos que le hacen perder la oreja.

Polope recibió al cuarto de la tarde, un novillo al que le costó entrar en el percal del valenciano. Por el pitón derecho se paraba, quedándose corto y buscando. Lo tanteó genuflexo   andándole, sacándolo a los medios muy despacio y con mucha suavidad. Soltaba la cara buscando, sin demasiado interés en la tela. Después de cada muletazo había que reconstruir y reestructurar las tandas. Las.embestidas eran muy poco uniformes. Sobre El pitón izquierdo, con el toreo al natural logró alejárselo del cuerpo, uno a uno, sin perder la continuidad, pero sin alargar en naturales innecesarios.

Cerraba la tarde Pablo Páez que ejecutó un saludo lucido en el que envolvió al astado en su capote. El inicio de la faena de muleta se vio definido por la irregularidad del tranco del animal, pero le bajó la mano  se encajó con él y templó su embestida, respetando los tiempos y cuidando el motor del animal. Se arqueó con el astado, citándolo con los vuelos y alargando cada muletazo hasta donde su brazo y cintura le permitieron. Terminaron en los terrenos que el animal demandaba, llevándolo en paralelo, jugando a su favor, pero robándole alguna que otra tanda ligada por abajo. Cerró con el toreo en redondo,  logrando hundir el acero al segundo intento.

Villaseca de la Sagra. Novillos de La Quinta para Diego Peseiro, aplausos y vuelta; Miguel Polope, aplausos; Pablo Páez, vuelta tras petición y aplausos.

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