Pedro Muñoz, una tarde de entrega

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GUARISMO DEL OCHO


  

Abrió la tarde un ejemplar serio, de capa negra. Sánchez Vara lo recibió en el capote, probándolo, recogiendo la embestida. En el tercio de varas, Adrián Navarrete le recetó dos buenos puyazos. El diestro protagonizó el tercio de banderillas, recurriendo a la variedad y lucimiento al que acostumbra. En la muleta lo llevó a media altura, intentando desafiar las embestidas desmedidas que este le planteaba en cada serie. No estuvo certero con la espada. 

Javier Herrero lanceó con temple y delicadeza en el saludo capotero al primero de su lote. Prolongó sus buenas maneras ante el astado durante el último tercio, derrochando una gran capacidad lidiadora y técnica con un toro que reponía. En la suerte suprema dejó una estocada que quedó arriba. El diestro fue premiado con apéndice. 

Esaú Fernández recibió al tercero de la tarde con una larga cambiada y otra afarolada desde el tercio. Al tratarse de una corrida goyesca, Julián Gómez Carpio vio oportuno deleitar al respetable con el salto a la garrocha, que fue seguido por un meritorio y lucido quite por navarras de Esaú. En la faena de muleta empezó el trasteo con suavidad, para seguir con la mano baja, sometiendo a un astado que dejaba ver cierta nobleza, pero flojo de remos. El animal terminó por pararse y soltar alguna que otra embestida defensiva por sentirse podido. Esaú siguió en su empeño, con una entrega total hasta cortarle las dos orejas, a pesar de fallar con la espada. 

Marcaba el ecuador del festejo un ejemplar que sí permitiría la expresión a Sánchez Vara. Lo saludó con una larga cambiada desde el tercio, para después seguir guiándolo, aprovechando la fijeza que este desprendía en el percal del diestro. Volvió a banderillear, con ganas y mucha disposición, sin dejarse nada atrás. En el último tercio, el animal no tuvo todo el celo con el que se supone que debía corresponder al matador de toros. Sin embargo, recurrió a la experiencia y la técnica que siempre ha sabido sacar el diestro. Tirando de alaracas y alardes populistas, terminó por recetarle una estocada en lo alto.

El quinto toro del festejo dejó un claro ejemplo en el ruedo de lo que constituye el peligro sordo. No terminaba de pasar, dificultando los tercios y la labor de los profesionales. Javier Herrero trazó una faena importante y meritoria, a pesar de las adversidades que el de su lote presentaba. No logró hundir el acero con acierto, llegó a recibir un aviso, pero su entrega el público la premió con una oreja.

El sexto, al igual que quinto, tuvo el mismo juego, incluso menos. Esaú lo apreció en los primeros compases del saludo capotero, unas condiciones que posteriormente acentuaría. No pudo sacar nada al último de la tarde, el animal estaba vació, no terminaba de pasar. Esaú recibió una ovación, mientras pedía perdón por no haber podido hacer nada más con el segundo de su lote. 

Pedro Muñoz. Toros de Partido de Resina para Sánchez Vara, silencio y dos orejas; Javier Herrero, oreja y oreja; Esaú Fernández, dos orejas y ovación.

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