Entre valor, avisos y aceros

 Crónica 


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 

  

La Copa Chenel inauguraba las corridas de toros en Miraflores con un festejos en el que el peligro no fue sordo. Los toros de Valdellán exigieron a los matadores, sin ningún reparo. Aún así, Sergio Serrano, Gómez del Pilar y Tomás Angulo se entregaron hasta las últimas consecuencias, sin dejar que se les escaparan unas embestidas vacías de transmisión que requerían mucha técnica y valor. En la segunda mitad del festejo los de Monte La Ermita rompieron, dejando que las faenas tomaran vuelo y los matadores se lucieran. Fallaron los aceros en la suerte suprema y algún que otro triunfo empañaron, estos fallos vinieron precedidos de los tiempos de la faena, en las que se excedieron. Tres conceptos, torería, valor y entrega hasta vaciar a los ejemplares.
 
Sergio Serrano fue el encargado de abrir el festejo. Saludó a "Navarro II" a portagayola, para después, tras dejarlo correr, estirarse con él más allá del tercio a la verónica. Lo recibió genuflexo, muy despacio, buscándolo en corto, tocándolo muy suave hasta sacarlo. Siguió sobre el pitón derecho, exigiéndole por abajo, ajustándose al escaso recorrido que mostraba el astado. En el toreo al natural, justo en la tercera tanda, el animal empezaba a avisar los terrenos y Serrano recurrió al toque y la voz para ligarlo, sin quitarle los vuelos del morrillo. Cambió los terrenos, sacándolo de la querencia para seguir, mostrándole el pecho, con verdad, cogiéndole con un cite delantero, que cuando lo hacía pasar, vacíaba la embestida con entrega. Mató sin acierto.

Gómez del Pilar se fue directo a la puerta de chiqueros para recibir al segundo de la tarde. Resultó un recibo muy ajustado en el que se le quedó, prácticamente, encima para después encelarlo en la tela. El de Valdellán tomaba la tela descompuesto, soltando la cara y sin interés en ella. Lo tanteó en los primeros compases, genuflexo, entre probaturas se metía por dentro buscando el cuerpo. No humillaba, pasando por encima del estaquillador, con un peligro que se palpaba. Gómez del Pilar fue prendido seriamente, sin aparentes consecuencias, el astado solo tenía ojos para el matador de toros, que cada tanda desarrollaba más. Metió la mano con aseo.

Tomás Angulo lo recibió con poder y determinación, tratando de templar las embestidas, que salía por alto. El matador de toros inició la faena exigiéndole por abajo, con poder y pulcritud, sin afear. Lo acabó metiendo, a pesar de las adversidades, respetando el sitio y el tiempo, para que no se emborrachara de muleta. El animal llegó a planear en la tela, pero sin recorrido y saliendo con la cara alta, embistiendo a dos ritmos. Angulo aprovechó cada embestida, suspirando a un motor que cada natural le costaba un poco más. El animal acabó tragando con el toreo al natural, sin terminar de romper, pero con un torero totalmente entregado y firme que quiso exprimirlo sin más opciones.

Sergio Serrano acudió a portagayola para recibir al primero de Monte La Ermita, al que logró encelar con fluidez y continuidad, con un astado que apretaba. Decidió empezar desde los medios, de rodillas, dejándole pasar por la espalda, para después seguir mostrándole el pecho. Sergio Serrano se la dejaba puesta con un toque firme y sutil que lo metía en la muleta y después lo obligaba a seguir con cadencia, muy encajado. Le dio sitio y tiempo, para después provocarlo y poner todo lo que a este le faltó. Le alargó la salida, esperándolo muy quieto, cruzándose, buscándolo a pitón contrario, para exigirlo por abajo romper la faena. Lo no dejó que el animal lo dominara, así que lo cambió de terrenos y siguió hasta culminar por manoletinas. Sergio Serrano acabó con el en el golpe de cruceta.

Gómez del Pilar se fue a portagayola, el astado salió directo, sin demoras y después se fijo en el percal del diestro, dejando una embestida variable. Algo reservón y dubitativo tomaba el astado el engaño en los primeros compases de la faena, compases en los que Gómez del Pilar le bajó la mano y exigió. Siguió buscándolo por abajo sobre el pitón izquierdo, llevándolo en largo, dejando que la embestida se vaciara, mientras que su cuerpo, su cintura y brazo terminaran de guiar el recorrido. Se envolvió con él en la tela, sin darle más opciones que la tela en el morrillo y su entrada en el natural. Lo llevó en corto, ciñéndose al astado, tragando. Se expuso con el pecho y la verdad por delante, abriéndole el compás, aunque sin evitar que este cada vez acortara más el recorrido. Costó cuadrarlo 

El último de la tarde llegaba entre protestas tras partirse el pitón. Salió rematando. Tras brindar Tomás Angulo,  se dispuso a pies juntos, muy despacio, para después construir la faena a base de tandas cortas y bien atadas en las que se ajustó a los tiempos. El animal venía vencido y se metía por dentro. Se cruzó y se metió en sus terrenos tendiéndole la tela con mucha suavidad para tirar del animal sin descomponer la embestida, mimándolo. Angulo se arqueó hasta el final, dándole mayor profundidad y recorrido a cada muletazo, ayudándose de la longitud de su brazo y su tronco, que giraba acompañando las embestidas. De nuevo, quiso aprovechar al astado hasta el final. Cerró genuflexo, doblándose con él. Mató al segundo intento, tras dejar una estocada trasera y tendida.

Miraflores de la Sierra. Toros de Valdellán y Monte La Ermita para Sergio Serrano, tras dos avisos y aplausos; Gómez del Pilar, ovación y aplausos tras dos avisos; Tomás Angulo, aplausos tras dos avisos y oreja.

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