Mano alta, con temple y cadencia

Crónica



RICARDO BEDIA


  

En una tarde soleada, y con poco más de un tercio de entrada se lidió una corrida del hierro gaditano de Cebada Gago por los diestros Alberto Lamelas, Cristian Escribano y Miguel Ángel Pacheco.

Hay que comentar un preludio de este festejo, pues estaba en boca de muchos la brava corrida del hierro gaditano lidiada el 14 de agosto en Cenicientos.

Abrió plaza Carcelero que fue recibido con una larga cambiada por Alberto Lamelas, salió corretón, derrotando en los burladeros, un toro con mucha plaza que fue ovacionado de salida. Después de la anteriormente mencionada larga cambiada, se le recetaron cuatro verónicas muy toreras, humillando las tomó el toro. En su primera entrada al caballo acudió alegre, recibiendo un puyazo muy largo que fue protestado por los tendidos. En su segunda entrada al caballo fue puesto desde el platillo, también en esta ocasión galopó alegremente entre los aplausos del respetable. El toro iba humillado en el capote del torero de plata que bregó en el tercio de banderillas. En el tercio de banderillas el toro iba con buen tranco y con transmisión. Viendo las buenas condiciones del toro se decidió a brindar el toro al público. En el segundo lance toreando ya en redondo, con la mano derecha el toro se le coló y le desarmó. Con la mano zurda el toreo es movido pero con un punto más de estética y también de emoción. El matador optó por dar una serie correlativamente por cada pitón. El toro le volvió a tropezar los engaños al salir de un natural, y ya viendo que no había faena posible y después de un desplante con mucha torería se fue por la tizona. La faena puso punto y final con tres manoletinas y el de pecho. La suerte suprema constó de dos pinchazos, una estocada entera, y el toro tardó en doblar, se refugió en tablas tragándose la muerte. El premio fue de unas palmas a las que respondió saludando desde el tercio y aplausos para el toro.

El segundo de la tarde llevaba por nombre Desgreñado y salió corretón, derrotando, fue recibido con unos lances de acompañamiento y después nos regaló el maestro Escribano dos verónicas y una desmayada muy garbosa. En el tercio de varas el primer de encuentro se saldó con que el picador no acertó a meter el palo ante la arrancada del toro y perdió el equilibrio derribando al caballo. En la segunda entrada al peto, el toro se volvió a arrancar alegre durmiéndose en el peto. En la brega de banderillas el toro tomó los engaños por abajo, humillado, aunque soltó la cara al terminar el lance. El inicio del trasteo de muleta, el matador se dobló con el toro para sacarlo al tercio. Los pases eran de uno en uno, en series cortas de tres, un molinete y el de pecho. Una serie muy torera fue otra en las que encadenó tres molinetes. La suerte suprema se saldó con una estocada algo desprendida pero de efecto fulminante. Se premió al matador con una oreja y el toro fue ovacionado en el arrastre.

Pacheco era el encargado de la lidia y muerte de Pelícano, el tercero de la tarde, salió corretón, derrotando en los burladeros, recetó unas verónicas, desplegadas de forma rápida, para encelar al toro. En el tercio de varas, en el primer puyazo el toro acudió alegre recibiendo un puyazo largo aunque el toro estaba dormido en el peto, protestándolo el tendido. En el segundo puyazo el toro también fue con alegría, pero se le dio poco castigo. En la faena de muleta los lances eran largos, rotundos y humillados, aunque esto sólo duró dos series. A partir de la tercera serie los muletazos fueron de uno en uno y reservándose el toro en sus embestidas, echando la cara por las nubes al final de cada muletazo. La suerte suprema se saldó con una estocada baja y atravesada, cuando estaba descabellando al toro sonó un aviso. El toro recibió unos aplausos en el arrastre y unos leves pitos para el torero.

Lamelas abrió la segunda parte del festejo Glorificado, que salió con muchos pies, el saludo de capote se limitó a enseñar al toro a embestir por abajo. En el tercio de varas, el primer puyazo destacó por lo mucho que sonó el estribo, en el segundo fue de mala gana y lo tomó dando cabezazos, enseñando mucho genio. El toro se había parado mucho ya cuando salió del primer puyazo. En el tercio de banderillas el toro se limitó a esperar a que el banderillero llegara a la jurisdicción del toro para arrancarse en un arreón. El tercio de banderillas no gustó nada en los tendidos, arrancando una bronca pues los subalternos ponían los palos de uno en uno. Tras coger la muleta e intentarlo de todas las maneras posibles, Alberto Lamelas se da cuenta de que el toro no tiene faena ninguna, embestía a oleadas. La suerte suprema consistió en media estocada y una rueda de peones muy protestada. Necesitó un descabello. Tras doblar el toro recibió una sonora pitada y silencio para el torero.

Cristian Escribano lidió y estoqueó al quinto de la tarde que llevaba por nombre Pirata. El toro salió corretón, galopando de una punta a la otra de la plaza, los lances de saludo no tuvieron ningún lucimiento, aunque humillaba en el capote. En el primer puyazo, al que acudió alegre, el toro iba tan humillado que metió la cabeza por debajo del peto y el picador no consiguió clavar la puya en el morrillo del toro. El toro sólo fue llevado al caballo una vez y en el quite el maestro Escribano se lució con tres chicuelinas y una revolera. Brindó el toro al respetable. Fue vibrante el inicio de la faena de muleta, de rodillas en el tercio. Las series eran de tres muletazos y el de pecho, y el trasteo era vibrante aunque había poco acople. La faena era de series cortas, el toro no daba para más, aunque los pases de pecho eran rotundos. La estocada fue algo desprendida, ahí estuvo el calvario de la tarde, tras once descabellos y dos avisos (algunos pensaron que se lo dejaba vivo). Incomprensiblemente se le dieron las palmas al toro en el arrastre, y al torero se le dieron algunas palmas de cariño.

Pacheco cerró la tarde con Andante, que fue recibido con el capote para templar la embestida del toro que parecía tener muchos pies. En el primer puyazo el toro se derrumba estrepitosamente, empiezan a escucharse voces pidiendo la devolución del toro. La segunda entrada al caballo fue de puro trámite. En banderillas denotó la escasez de fuerzas que había manifestado en varas. La faena tuvo que ser con suavidad, con la mano alta, el toro no admitía el toreo de sometimiento, de mando, no hubiera durado nada. Las series son cortas teniendo que dejar al toro respirar. Los naturales de mano alta, con temple y cadencia resultan muy aplaudidos, llenos de estética. Tanto con la derecha como con la izquierda, se daban los pases cadenciosos y plenos de torería. La faena terminó con un desplante muy torero. El espadazo fue fulminante e hizo surgir un mar de pañuelos, y aunque se concedió una oreja, la segunda también se pidió con fuerza.

Cuéllar. Toros de Cebada Gago para Alberto Lamelas, ovación y silencio; Cristián Escribano, oreja y silencio; Miguel Ángel Pacheco, silencio y oreja. 

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