Isaac Fonseca abre la Puerta Grande

 En Directo 


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 


  


Colmenar Viejo abría su Feria con una novillada en la que Isaac Fonseca abrió la Puerta Grande tras cortar las dos orejas al último de su lote, con el que, simplemente,creó trazando una faena de vuelo, valor y entrega absoluta. Una tarde en la que el encierro de Ángel Luis Peña fue complejo y exigió a los espadas.  La otra oreja de la tarde la cortó Jesús Ángel Olivas, con una faena templada y muy medida. Polope estuvo firme y con mando frente a los de Ángel Luis Peña, pero se excedió de tiempo.


Jesús Ángel Olivas  se fue directo a la puerta de chiqueros para recibir a portagayola al primero de la tarde. Un novillo que se frenaba, reservón, para tomar los vuelos del saludo del novillero. Tras brindar al público, inició la faena de muleta, exigiéndole por abajo, genuflexo, mientras lo sacaba del tercio. Siguió con una tanda sobre el pitón derecho, muy templada, midiendo la embestida, con uniformidad. Le abrió con los vuelos y posteriormente lo devolvió a la franela tirando del animal con los vuelos. El astado no podía evitar mirar al cuerpo, así que el espada centró sus esfuerzos en fijarlo en la tela. Al natural, uno a uno, dejándole el pico en el morrillo lograba meterlo, pero tuvo que cruzarse y provocarle mucho más, pues la prontitud iba desapareciendo, cada vez más reservón y descompuesto, volviéndose aún más violento si tocaba la tela. Alargó la faena para cerrar por bernardinas y dejar una estocada efectiva.


Miguel Polope recibió al segundo de la tarde en su capote, encelándolo, llevándolo metido de principio a fin, luciéndose. También gustó por gaoneras en el quite. Brindó y comenzó en el tercio, esperándolo a pies juntos, por estatutarios, dejándolo pasar por alto. Se envolvió con él sobre el pitón derecho, sin lograr que humillara, así que le bajó la mano, doblándose con él, encajado, cuidando la embestida, dominando hasta la muerte del muletazo. Al natural, los vuelos le sirvieron para alargar algo más la embestida, pero sin lucimiento, pues tocaba la tela. Retomó el pitón derecho, pero dándole mucho sitio y tiempo, sosteniendo el motor que este le brindaba. Sobre la mano izquierda, con un toque firme y fijador lo metía en el engaño para después llevarlo ligado y dotar de continuidad a las tandas. Fijo en la tela, el animal atendía a las exigencias del novillero, que quiso añadir algún que otro pase en redondo. El astado aguantó hasta las manoletinas que este le recetó. La espada no tuvo un efecto fulminante, pero fue certera


Isaac Fonseca ejecutó dos largas cambiadas de rodillas para saludar al primero de su lote. El aire fue un adversario más en su recibo, pero terminó envolviéndose con él. El quite se desarrolló por gaoneras y se remató por saltilleras. Inició el último tercio con determinación, esperándolo con quietud, para pasárselo por la espalda, alternando muletazos hasta cerrar el inicio con raza y poder sobre el pitón izquierdo. Compases variados ante los dos tiempos en los qje el animal embestía. Se quedaba corto, así que Fonseca midió las tandas y las ajustó al astado. Le abrió el compás, toreándolo en el tercio, entre protestas del animal. Trato de cambiar los terrenos, metiéndose en sus dominios, cruzándose y buscándolo a pitón contrario, pero el animal había dejado clara su querencia, razón por la que el mexicano tuvo componer los últimos compases donde este demandaba, entre caricias y muletazos continuados. El astado no ponía de su parte y dificultaba la labor del novillero en la suerte suprema. Logró media estocada al tercer intento.


Jesús Ángel Olivas volvió a la puerta de chiqueros para recibir al cuarto de la tarde. Fue prendido tras el saludo, sin aparentes consecuencias. Empezaba a ritmo frenético, así que el espada paró y empezó a templar las embestidas una a una. Empezó a buscarlo por abajo, abriéndole el compás, sin quitarle la muleta de la cara. El novillo llegó a echarse dejando poco espacio al lucimiento. Se frenó, empezó a medir, no terminaba de pasar, razón por la que, uno a uno, le robó las embestidas, sin terminar de cruzarse. Solo quería ver tela, pera la suavidad era imprescindible, al igual que marcarle los finales de cada muletazo. Buscó opciones, cada vez con menos sitio. Siguió en su empeño, acortó distancias, sin poder sacar nada de provecho. Mató con acierto.


El quinto de la tarde salió con muchos pies, corriendo la plaza, siendo aplaudido por el respetable. Polope lo enceló estirándose con él hasta rematarlo. Tras brindar el novillo, se dispuso de rodillas en el tercio para empezar así con la faena de muleta, exigiéndole por abajo. Necesitaba distancias cortas y mucho tiempo, ligando a cámara lenta y con mucha intermitencia. No había prontitud, le costaba atender a las exigencias del espada, que consiguió ligar do naturales seguidos. Polope lo lleva acon todo su cuerpo, tratando de acompasar su embestida acompañándolo sobre su cintura. Le dejaba la muleta muerta en la cara para tirar del novillo con suavidad. Encontró el toreo cadencioso en algún que otro derechazo, dejándoselo pasar muy toreramente. Sin alargar en exceso la faena se dirigió a por la espada y lo pasaportó.


Cerraban plaza un novillo de Ángel Luis Peña y el novillero Isaac Fonseca, quien ejecutó un saludo capotero presentado por una larga afarolada de rodillas pegado a tablas. Le costó encelarlo. El mexicano eligió los medios, como terrenos, para iniciar la faena. Se dispuso de rodillas y se le pasó por delante y detrás, sin probaturas previas. Empezó con temple ligando cada muletazo, aprovechando la inercia para meterlo en el siguiente. Siempre mostrando el pecho, derrochando verdad, muy metido y encajado frente a su adversario. El novillo tenía prontitud y cierta pulcritud, acudiendo con sometimiento al cite. No debía tocar la tela, ni sentirse podido. Los pasos que el mexicano le perdía después de cada muletazo eran más que necesarios. No se dejó nada en el tintero, toreándolo por ambos pitones, jugando bien el papel de las distancias. Uno a uno, ciñéndose al astado, con quietud, sin exigirlo más allá de lo que podía ofrecer. Cerró por arlesinas para después dejar una estocada fulminante.

Plaza de Toros de Colmenar Viejo. Novillos de Ángel Luis Peña para Jesús Ángel Olivas, oreja y silencio; Miguel Polope, silencio tras aviso y palmas tras aviso; Isaac Fonseca, ovacióntras aviso y dos orejas.

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