Chinchón recupera su magia

 Crónica 


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ

  

La segunda corrida de toros de la Copa Chenel comenzaba con el cartel de "Aforo completo". Una tarde en la que Chinchón volvió a brillar gracias a la magia de la Tauromaquia y a los triunfos pues hubo una lluvia de orejas. Los diestros, Alberto Lamelas, Esaú Fernández y Jesús Enrique Colombo, se repartieron un total de seis orejas ante los astados de José Escolar y Aurelio Hernando, cuyo juego permitió el triunfo, aunque entre exigencias y faenas medidas. Templaron las embestidas desmedidas de los inicos, destacando el tercero de la tarde y su tercio de varas. Las faenas se basaron en la mano baja y el toreo encajado, no fallaron los aceros.

Salió el primero de la tarde, un ejemplar de José Escolar buscón y reservón al que Alberto Lamelas frenó sin lucimiento, sin poder lancearlo. Los tercios de varas y banderillas se desarrollaron con dificultad e intermitencia, con un toro parado y que no decía nada. Empezó la faena entre probaturas, dejándolo pasar, saliendo el astado por alto, sin lograr que humillara. Logró, humillando, templarlo y exprimirlo sobre el pitón derecho, pitón por el que el de José Escolar, dejándosela puesta, encontraba la continuidad y la ligazón. Al natural, algo más descompuesto y buscó, lo mostró tratando de dejarle los vuelos y tirar del animal, pero se quedaba algo más encima. Avanzada la faena este empezaba a mirar. Mató con acierto.

El segundo de la tarde no terminó de salir de corrales, se partió la pata derecha y en su lugar salió el sobrero. Esaú no desistió y a pesar de que este saliera suelto, lo espero de rodillas para ejecutar su portagayola. Sin embargo, se encogió el alma cuando este le arrebató el percal de las manos y apunto estuvo de prenderlo. Reinó el desgobierno en el tercio de banderillas. Esaú lo probó, tirando del animal para sacarlo a los medios. Se decidió por la mano derecha, tirando, dejándosela puesta, cosido a la tela, sin dejarlo elegir. Sin embargo, el animal había marcado la querencia y se había desentendido de la franela. Si se sentía podido, este protestaba y entraba de forma violenta contra los vuelos, metiéndose por dentro. Sin más opciones ni tandas por las que mostrarlo, acudió a por los aceros.

Jesús Enrique Colombo saludó al tercero de la tarde, con una brega en la que trató de suavizar y templar la brusquedad que mostró de salida. Un toro que salió con fuerza y genio. Cumplió y completó el tercio de varas, siendo ovacionado por el respetable. Fue el propio matador el encargado de ejecutar el tercio de banderillas, como siempre, ciñéndose al astado, adornándose para después dejar los pares con acierto, en el sitio. Tras brindar al público, lo sacó del tercio y sin tanteos previos, se puso a torearlo sobre el pitón derecho, encontrando mayor profundidad y entrega. El animal requería tandas breves, en las que se le mimara. Le abrió el compás para después girarle la muñeca y devolverle a la tela. Al natural, uno a uno lo buscó abajo, aprovechando cada embestida que este le prestaba.  Volvió sobre la mano derecha, por donde desarrolló el grueso de su faena y trató de recobrar un inicio al que no llegó, pues al animal le faltaba motor. Culmina con un pinchazo y una estocada entera con la que el animal rodó.

Marcaba el ecuador del festejo Lamelas y el de Aurelio Hernando, que recibió con una larga cambiada de rodillas desde el tercio. El diestro comenzó la faena por alto, sin probaturas. Tragando uno a uno, mientras lo llevaba muy encajado, toreando de riñones, mostrándole la salida, aprovechando el recorrido que este tenía. El animal acometia con obediencia a las exigencias del matador de toros, que llegó a acortar distancias al natural para tenderle el pico para arrastrarlo y meterlo en la tela. Se lo cambió y lo quiso pasar por la espalda pero le volteó, sin aparentes consecuencias, pues se repuso y volvió a la cara del animal. Mató con aseo.

Esaú lo lanceó con gusto, andándole mientras lo sacaba entre verónicas. Brindó y empezó el último tercio, esperándolo en los medios para pasárselo por la espalda y después seguir sobre el derecho. Le bajó la mano y encontró el temple al natural, dejando que embistiera con cadencia, a cámara lenta. Encontro la distancia, la media distancia tirando de él, llevándolo humillado sobre el pitón derecho. Puso a prueba la fijeza del de Aurelio que repetía con obediencia ante el sometimiento del matador. Solo le faltó distancia y tiempo, para dejarlo respirar y retomar las series, unas series en las que no faltó voz ni un toque firme y fijador.  No se la quitó del morrillo, llevándolo totalmente cosido y alcanzando los tendidos. Se ajustó al astado y se metió en su terreno. La estocada quedó ligeramente trasera pero efectiva.

Cerró la tarde Jesús Enrique Colombo que lo saludó con una larga cambiada de rodillas desde el tercio, para después sostener las embestidas de una animal justo de fuerzas y de escasa atención. Volvió a brillar el diestro durante el tercio de banderillas. Comenzó la faena de muleta agarrado a las tablas, pero el astado salió suelto del recibo en la muleta. Al cambiarlo de terrenos empezó a afear sus embestidas sin intención de entregarse en la tela. No había opciones con el de Aurelio, así que acudió a por la espada.

Chinchón. Toros de José Escolar y Aurelio Hernando para Alberto Lamelas, oreja y oreja, Esaú Fernández, vuelta y dos orejas; Jesús Enrique Colombo, dos orejas y ovación.


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