La Tauromaquia clásica y al natural

 Crónica 


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 


  

Villarejo de Salvanés celebraba la primera semifinal del Circuito de Novilladas de la Comunidad de Madrid. Una novillada que destacó por el poco y limitado juego que dieron los de Aurelio Hernando y Zacarías Moreno, respectivamente. Es necesario destacar al tercero y cuarto, que fueron premiados con la vuelta al ruedo, se dejaron llevar atendiendo al cite sutil de los diestros. Alejandro Mora brilló con su toreo al natural, la sutileza y la torería con las que llevó al segundo de su lote. Jesús García fue fiel a su Tauromaquia clásica y reposada. Resultó el triunfador numérico tras cortar dos orejas al quinto de la tarde. Álvaro Alarcón derrochó arrojo y valor, aunque en el último no hubo acierto en los terrenos. A pesar de los percances, se repuso y volvió a la cara para entregarse encajado.

Alejandro Mora frenó al primero de la tarde, tratando de templar, abriéndolo, sacándolo hacia los medios, pues el animal apretaba. Lo tanteó genuflexo, bajándole la mano, mimando, tocando y tirando a un animal de embestida intermitente y que se metía, en ocasiones, por dentro. Había que cruzarse, llevándolo al natural, respetando sus tiempos. La prontitud brilló por su ausencia, al igual que su interés por el pitón derecho. Salía con la cara alta, por encima del estaquillador, entre embestidas exigentes y desiguales a la que había que esperar. Tuvo que perfilarse en dos ocasiones, para dejar una estocada certera y fulminante.

Jesús García dejó correr, brevemente, al de Aurelio Hernando antes de encelarlo en su capote. Se estiró con él, creando un recibo ligado y lucido. No tardó en recibirlo en la franela, con ritmo, sacándolo del tercio. Metía la cara para después soltar el genio en la muerte del natural. Con un toque firme, comenzaba las series para ligar de dos en dos. El animal sabía lo que dejaba atrás, así que buscaba, volviéndose como si tuviera un látigo por cuello. Un peligro sordo que carecía de uniformidad, a pesar del empeño de Jesús, que trató de buscarlo hacia delante. Arremetía con fuerza, pero descompuesto. Jesús no dejó que se fuera de la muleta, manteniéndolo con la voz y respetando el tiempo y el sitio. Le falló el acero.

Álvaro Alarcón se fue directo a la puerta de chiqueros para recibirlo a portagayola. El animal arremetía con genio en el capote del espada. El inicio de la faena fue complicado, pero la soltura de Álvaro y su verdad en la franela, envolvieron la embestida del animal hasta sacarlo a los medios. Le costaba mantener la fijeza, por lo que jugó con los vuelos para dejárselos en el morrillo y tirar del animal para meterlo, de nuevo, en el natural. Abrochaba las tandas con un pase de pecho que sentenciaba. Lo citaba cruzado, metido en sus terrenos, para después seguir en el transcurso del muletazo, evitando que el animal tocara la tela y se descompusiera la embestida. Toreó en el tercio, con la mano baja y cadenciosa, ciñéndoselo al cuerpo. Lo colocó en suertes y pinchó los trofeos.

Marcaban el ecuador del festejo "Mocito",  de Zacarías Moreno, y Alejandro Mora. Lo guió con sus brazos, encelándolo en el percal con ritmo, compás y mucho temple. Lo tanteó por abajo, genuflexo, sometiéndolo, recibiendo una buena respuesta por parte del astado. Fijo en la arena, se balanceó con él, dejando que el recorrido del animal y su brazo marcaran el muletazo. La continuidad era limitada, pero los naturales de Alejandro Mora infinitos. Se enroscó con él de Zacarías Moreno, al compás de un olé unánime. En el avance de la faena el animal empezó hacer algún que otro extraño, con miradas, buscando,  más reservón, pero sin que cayera en el olvido la entrega. Mora tomó de la mano al tiempo, para empezar con una serie al natural, dotada de recorrido y mucha torería. No tuvo acierto en la suerte suprema.

Jesús García recibió al cuarto de la tarde, que salió ligeramente suelto, pero tiró de el hacia delante, sin que se desligara de la tela. Los primeros compases de la faena se desarrollaron de rodillas, sin embargo, las probaturas duraron poco, se decidió por el pitón derecho para cautivar con una tanda en la que deslizaba la mano, acompasando la embestida, dejándola pasar a cámara lenta. Construyó una faena marcada por el estilo clásico, que combinó con el paso largo, para poder ligarlo. El animal empezó a quedarse parado en mitad del muletazo, teniendo que aguantar Jesús entre las astas, hasta poder perder pasos, rectificar y reconstruir la tanda. Los vuelos del toreo al natural lo llevaron algo más lejos, pero con una embestida pegajosa, que se dejaba de vez en cuando. Ejecutó un cierre muy medido, basado en las cortas distancias, culminando por manoletinas. Falló con los aceros, hundiendo la espada al segundo intento.

Cerraba la tarde Álvaro Alarcón, que volvió a irse a portagayola para recibir al sexto, tercero de Zacarías Moreno. Casi se lo lleva por delante, el animal se frenó y fue directo al cuerpo. Alarcón puso en el ruedo su declaración de intenciones, recibiendo al astado en la muleta de rodillas, provocándolo. El animal pedía sitio, que le deslizaran la mano con suavidad. El diestro se encajó con él, tocándolo, pero sin evitar que las miradas fueran directas al cuerpo. Le buscó a pitón contrario, pero este pedía el carné y no permitía ni un solo desliz. Había que corregir y volver a empezar. Lo desarmó y la excesiva exposición le pasó factura. Sacó vergüenza torero y a pesar de pender de las astas, volvió a la cara.

Plaza de toros de Villarejo de Salvanés. Novillos de Aurelio Hernando y Zacarías Moreno (3° y 4° de vuelta al ruedo) para Alejandro Mora, ovación; Jesús García, vuelta y dos orejas; Álvaro Alarcón, ovación tras aviso y silencio.

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