Torería y temple

Crónica


RICARDO BEDIA


  

 En tarde plomiza, típica del clima del Cantábrico, aunque al final se abrieron los cielos y salió el sol, los diestros Morante de la Puebla, Diego Urdiales y Pablo Aguado estoquearon seis ejemplares de la ganadería salmantina del Puerto de San Lorenzo.

“Joyito” fue el encargado de abrir plaza, aunque antes de su salida se dio una ovación de gala a los tres diestros del festejo, en señal de cariño. Salió corretón, distraído, algo que repetirían sus hermanos de camada, algo muy típico del encaste Atanasio Fernández, que es un ganado que se va calentando según va avanzando la lidia. El saludo de capote, algo que cualquier aficionado espera cuando está Morante en el cartel. Incluso, el toro le hizo un extraño al matador por el pitón derecho. Echaba las manos por delante, una señal de poca fuerza que después de vio confirmada. Le llevó al caballo con mucho sabor y torería, el puyazo fue protestado por el respetable por la poca fuerza del astado. El quite, tras la suerte de varas, consistió en cuatro verónicas, marca de la casa, que fueron aplaudidas con entusiasmo por el respetable. En el tercio de banderillas, nada destacado de reseñar. El trasteo de muleta empezó con dos derechazos y dos trincheras con los cuales se sacó al toro desde las tablas al tercio. El quehacer del torero se basaba en la ligazón y el temple con series de cuatro y el de pecho, toreando con ese pellizco de Morante. Cuando tomó la tela con la zurda el toro embestía pensándoselo más y los pases resultaban de uno en uno, con una sola tanda bastó. Volvió a coger la muleta con la derecha dando una tanda más, muy templada terminando con un adorno muy torero, siendo jaleado por el público, que suele estar pendiente de estos remates. La faena de muleta terminó con unas serpentinas y un detalle de torero antiguo, cogiendo el pitón al toro, posiblemente esa anécdota de cuando Joselito el Gallo le cogió el pitón a un toro de Miura. Mató de pinchazo y media estocada caída. Recibió como premio una fuerte ovación, saludando desde el tercio.

“Parasolillo” hizo segundo en el festejo en las manos de Urdiales. Salió corretón, derrotó en un burladero, muy distraído teniendo que usarse el saludo capotero para encelar al toro. En la suerte de varas, el toro empujó abajo derribando al caballo, posiblemente porque el terreno donde estaba el caballo estaba embarrado pues se había vuelto a regar la plaza, en la segunda entrada al caballo el toro acudió alegre empujando de bravo, abajo. En el tercio de banderillas el toro galopa con alegría. Viendo las buenas condiciones del toro, el maestro Urdiales brindó el toro al respetable. La faena empezó con ayudados por alto para sacarse al toro al tercio. Las tandas eran de pases largos con el toro humillado, el buen toreo, aunque el toro se lo pensaba al arrancar. Cuando cogió la muleta con la zurda dio cuatro naturales para recordar, muy templados y ajustados. Recetó el matador dos tandas más con la derecha muy ligadas y con temple jaleadas desde los tendidos y fue a por la Tizona. Los momentos finales de la faena fueron de toreo de cercanías. Propinó el de Arnedo un estoconazo al toro que fue premiada con una oreja y la ovación para el toro en el arrastre.

“Liviano” y Pablo Aguado terminaban la primera parte del festejo. Salió corretón, derrotó en los burladeros. Distraído en las telas, el saludo capotero terminaba con un estético remate. En el caballo el toro se durmió en el peto y no acababa de humillar. El tercio de banderillas resultó sin pena ni gloria, de trámite. Cuatro pases de rodilla flexionada, muy toreros, sirvieron para sacarse al toro al tercio. El toro tenía la virtud del temple y la nobleza. Las tandas resultaban muy ligadas con cinco y el de pecho, además de un toreo cadencioso. Cuando cogió la muleta con la izquierda el temple de la mano derecha, se mantuvo todavía más acusado, naturales muy cadenciosos, ligados y templados. Se podía paladear el toreo viendo al maestro encauzar la embestida del animal. La faena tuvo su colofón con el toro ya parado con un toreo de cercanías. Lo malo fue el final de la faena, con los aceros, tras tres pinchazos se escuchó un aviso. La estocada final acabó con el toro, siendo silenciado su quehacer.

“Inspector” abría la segunda parte del festejo. Salió corretón, poco fijo, llegando a desarmar al de la Puebla. Se arrancó alegre al caballo, pasó mucho tiempo en el peto, empujó abajo. Parecía que no iba a usar su turno de quites, hasta que desde el tendido se escuchó ‘Nos dejas con hambre’. Entonces como para satisfacer a la parroquia o a sí mismo, deleitó al respetable con un puñado de chicuelinas, que las hubiera firmado el mismísimo Chicuelo. El inicio del trasteo con la tela roja fue muy torero con la rodilla flexionada. Morante no lo veía claro con el toro, parecía que iba a hacer una de sus faenas de aliño, algún desplante torero; pero no, se destapó el tarro de las esencias con dos tandas por la derecha y una por la izquierda, jaleadas y llenas de sentimiento, que fueron jaleadas desde los tendidos. Así es Morante. La suerte de matar fue con un pinchazo, sonó un aviso y media estocada. Intentó descabellar con la rodilla flexionada, pero erró, el segundo golpe de verduguillo ya erguido resultó definitivo. Hubo división de opiniones para el toro, pero al maestro se le obligó a saludar desde el tercio.

Entre el cuatro y el quinto toro del festejo se produjo el momento lúdico, ya que alguien soltó un gallo por el ruedo, y un arenero estuvo persiguiendo al animal.

“Cantillano” hacía quinto. Salió corretón, distraído en el saludo de Urdiales. Cuando se centró en la pelea tomó un puñado de verónicas de gran sabor, preciosas, muy toreras. El toro tomó un puyazo muy largo empujando abajo, pero sin celo. Por la poca fuerza del animal, el maestro no realizo el quite que le correspondía. En el tercio de banderillas se veía el buen tranco que tenía el toro cuando se arrancaba. Resultó emocionante el tercio de banderillas siendo ovacionados los toreros de plata, desmonterándose. Con cuatro lances se llevó al toro al tercio. La muleta iba a media altura, el toro tenía temple, lo que no tenía era fuerza, los pases se recetaban de uno en uno, con mucho sabor, pero sin transmisión en los tendidos. Todo esto le hacía que podía dar pases muy despacio componiendo la figura entre pase y pase. Muletazos sueltos muy estéticos y toreros. Cuando volvió de las tablas de recoger la espada sonó un aviso. La suerte suprema fue una estocada entera cuarteando muchísimo. Pitos para el toro y ovación para el torero.

“Medilón” y Aguado cerraban el festejo. Salió corretón. Artista saludo a la verónica. El toro tomó un larguísimo puyazo cuando el toro se arrancó con fuerza al caballo, aunque cuando salió del caballo se cayó cuando el torero le quiso probar. El tercio de banderillas pasó como un mero trámite. Series templadas y ligadas, sobando al toro y esperándolo. Cada lance derrochaba temple y nobleza por el toro, algún muletazo de auténtico cartel. Podríamos decir que se trató de una faena de enfermero, como hemos escuchado en los tendidos, aunque con mucho sabor. La suerte suprema fue tirándose sobre el morrillo cobrando una estocada de efecto fulminante. Saludó desde el tercio.

Ficha del festejo:

Santander. Toros de Puerto de San Lorenzo y Ventana del Puerto para Morante de la Puebla, ovación y ovación; Diego Urdiales, oreja y ovación; Pablo Aguado, aplausos y ovación.

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