Doble Puerta Grande en Miraflores de la Sierra

 Crónica 


PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 


  

El recital de espadas en Miraflores de la Sierra protagonizó la tarde, más allá de los triunfos o los percances. Resultó una tarde variada, con matices en la que brilló la garra y entrega de Isaac Fonseca. El mexicano salió por los aires en el primer novillo de la tarde por un mal quite. En su segunda faena cortó las dos orejas y abrió la Puerta Grande. Leandro Gutiérrez toreó encajado, con verdad, metiéndose en sus terrenos, templándolo. Álvaro Burdiel también salió por la Puerta Grande, tras cortar un apéndice a cada ejemplar de su lote. Lineal y destacando más en su segunda faena ante el último de la tarde. Los astados salieron muy vivos, rematando, dando opciones, de carácter variado.

Abría la tarde un ejemplar de San Isidro, al que Isaac Fonseca recibió entre alguna que otra larga afarolada de rodillas. El animal lo arrastró hasta dejarlo en la arena, pero el mexicano aprovechó para propinarle una más. Sin embargo, un mal quite dejó a Isaac a su merced, que salió por los aires hasta caer contra las tablas. Se repuso y siguió. Lo tanteó por abajo, con ritmo, acompasando y templando la embestida hasta sacarlo a los medios. Le dio tiempo para seguir sobre el pitón derecho, bajándole la mano y enroscarse, posteriormente, al natural con el astado. Se adornó llevándolo en largo, con quietud y determinación, sin poder evitar las rectificaciones, pues se quedaba encima. Se metió en su terreno, lo buscó a pitón contrario y ligó un natural con otro. Remató con variedad, cerrando por manoletinas, para después dejar un estocada ligeramente contraria y muy tendida. El animal dobló con el golpe de cruceta.


El segundo de la tarde pertenecía al hierro de Toros de Tenorio. Leandro Gutiérrez ejecutó un saludo breve, pero contundente en el que lo ligó hasta sacarlo del tercio. Leandro lo sacó, sin probaturas, empezando la primera serie algo más allá del tercio. El animal seguía la sutileza y mano baja, que el colombiano pautaba. Se la dejó puesta, evitando que el animal se rajara, pero siguió su curso y acusó la querencia. Leandro lo metió y cogió con una buena tanda al natural, en la que se encajó con él. Un toreo de riñones y de firmeza que marcaba la entrada y salida, sin dejar nada a su suerte. Los últimos compases se desarrollaron en la querencia, sin contar con el interés del astado. La espada volvió a pasar factura.


Álvaro Burdiel frenó al tercero de la tarde con un sutil saludo capotero, que terminó por desarmarlo. Lo probó por ambos pitones, tocándole, exigiéndole. Lo intentó en la larga distancia, desde los medios, aprovechando la inercia y ligarlo, sin olvidar la mano baja. Sobre la mano derecha dibujó una buena serie, en la que, a base de tiempo y sitio, dejándole los vuelos en el morrillo, arrastrando al animal hacia el nacimiento de un nuevo muletazo que lo llevaría en largo hasta vaciarlo. El balanceo de su tronco era una sutil invitación a la tela. El animal repetía  siguiendo el engaño. La faena se desarrolló, mayoritariamente, sobre el pitón derecho, de principio a fin, evolucionando hasta quedarse en tablas.


Isaac Fonseca cautivó en el saludo capotero y cautivó en el quite. El de Hermanos González salió rematando en tablas, arremetiendo con fuerza en el percal. El mexicano lo esperó en los medios, citándolo en la larga distancia, para después atarlo en corto, sin quitarle la muleta de la cara, dándole continuidad a la embestida. Muy metido, muy cruzado, muy encajado, así toreaba Fonseca, jugando con los vuelos, sin agobiarlo, pero gobernándolo.  Lo tenía todo hecho. El novillero lo buscaba, con variedad, aprovechando la humillación inicial, para después seguir con la movilidad, a pesar de su recorrido.  Lo abrió para recogerlo y meterlo en la muleta, trazando los últimos compases en la corta distancia. Hundió el acero al segundo intento, justo antes de escuchar el primer aviso.

Leandro Gutiérrez recibió al quinto, con habilidad y soltura. El inicio de la faena de muleta fue por abajo, genuflexo. Dándole el pecho iniciaba las tandas, llevándolo hasta donde su brazo le permitía, de un lado para otro con ligazón y continuidad. Pases curvilíneos en los que se buscaba la repetición. El animal no era pronto, pero sin perder de vista la tela. Embestía a dos ritmos, afeándose cuando tocaba la tela, que salía con violencia. Con los vuelos, conseguía naturales más rematados. Tenía que cruzarse y fijarlo, sacándoselos de uno en uno. El animal ya no guardaba nada en su interior, así que el colombiano acudió a por la espada y ejecutó la suerte suprema, tirándose con verdad.

La jota avivó la salida del último novillo de la tarde. Álvaro Burdiel lo recibió después de que el animal rematara con fuerza contra uno de los burladeros, quedando inservible. Salió el sobrero y Burdiel lo recibió genuflexo, sacándolo hasta los medios, con ritmo, para después rematarlo. El inicio de la faena de muleta fue lento, mimando la embestida, sin poder evitar que esta cayera. El de Hermanos González se quedaba corto. Burdiel lo intentó en la media y corta distancia, tirando del astado hasta envolverlo en la tela, llevándolo metido. Adaptándose a las exigencias y condiciones del animal y no deslucir. Una de las series por el pitón derecho se produjeron a cámara lenta. Reestructuró las series después de cada natural. Mató sin acierto.

Miraflores de la Sierra. Novillos de San Isidro,  Tros de Tenorio y Hermanos González  para Isaac Fonseca, ovación tras aviso y dos orejas; Leandro Gutiérrez, ovación tras dos avisos y ovación; Álvaro Burdiel, oreja y oreja.

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