Renueva mandato

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PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ


  

Las Ventas volvía a abrir sus puertas con un mano a mano con un sabor muy extremeño, Antonio Ferrera y Emilio de Justo se medían a los astados de Victoriano del Río. El encierro madrileño dio juego, dejándose llevar, rompiendo cuando el poder les sometía, con repetición y fijeza. La raza, el poder y el dominio de Emilio de Justo marcaron la tarde. Dejó faenas en las que rompió y devolvió las ovaciones al coso venteño, hubo rontundidad, encajándose con los de Victoriano del Río, sometiéndolos por abajo. Ferrera dejó que la inspiración hablara, pero sin que esta rompiera, las opciones con él fueron más limitadas.

Abría la tarde un ejemplar de Toros de Cortés, aplaudido en su salida. Ferrera no lo dejó correr, lo citó y frenó en su capote, lanceándolo con suavidad mientras lo sacaba al paso. Ferrera dirigió al picador, más allá del tercio, para que completara el tercio de varas, muy atípico. Empezó la faena en las tablas, tanteándolo por ambos pitones, exigiéndole por abajo.  Siguió en el tercio, ligándole sobre el pitón izquierdo, con poder. Tiró del animal para sacarlo de aquellos terrenos, empezando sobre la mano derecha,  con una embestida curvilínea a la que el temple inundó. Dándole el pecho, con verdad, lo quiso llevar, sin corregir. Por el izquierdo había que perderle más pasos, aguantándole, esperando el encuentro sin excesiva humillación. Pasaba a la altura del estaquillador, dejándose llevar en el tercio. Se perfiló en la larga distancia, dejando un acero escaso que llevó directo a ejecutar la suerte.

Seguía la tarde, en las manos de Emilio de Justo, que trató de encelar al segundo de la tarde, un animal suelto al que salió a buscar hasta los medios.  Emilio de Justo no se excedió en el inicio de faena, primero lo tanteó, después lo dejó respirar para despuestar tratar de enroscarse con él en la uniformidad. No se le podía bajar la mano en exceso, pero repetía con garbo en los vuelos de su franela. Trazó una tanda de peso por la derecha, llevándolo al compás, ligando los naturales, sin punto y aparte. Sin embargo, en los inicios de serie había que cruzarse para que este atendiera al cite. El animal bajaba la cara en el nacimiento del muletazo, pero no salía de la misma manera. La prontitud la perdió, al igual que la obediencia, sin embargo, una vez dentro de la muleta, era lo único que veía y pedía. Sin alargar más las faena, acudió a por el estoque, sin olvidarse denun broche final que precedió a una estocada certera.

Ferrera quiso recibir al tercero de rodillas, pero el de Victoriano no dejó lucir la inspiración del diestro con la capa. El caos reinó en el tercio de banderillas. Lo recibió en la franela con un sutil tanteo con el que lo invitó a acompasar la embestida. Buscó los terrenos, para después decidirse sobre el pitón derecho. Solo la brisa perturbaba la suavidad y temple de Ferrera. Lo llevó, sin apenas, moverse, tan solo citando y dejando que el animal pasara, con cadencia y pulcritud, dejando que los naturales afloraran a cámara lenta. Le dio sitio y tiempo, respetando lo que el astado pautaba. Muy cruzado, lo abrió, dándole salida, jugando con los vuelos del toreo al natural. La faena se acabó desarrollando en el 5, sin gran transmisión, llegando a ser protestada por el respetable. De nuevo, las distancias marcaban la suerte suprema.

Marcaba el ecuador un ejemplar de Victoriano del Río al que enceló en la seda, andándole. Una nueva protesta en el tercio de banderillas, se adueñaba de la plaza, y es que los arpones, parecían no querer hundirse. En los primeros compases de la faena, el temple y la mano a media altura de Emilio de Justo, templaron la embestida del animal, un animal bravo, enroscándose con él, en una de las series de la tarde. El extremeño se dobló con él, aprovechando la inercia del primer cite en la larga distancia, para después acortar y atarlo en corto. Lo ligó en un sinfin de muletazos en los que la plaza reaccionó entre ovaciones. Derrochaba poder y dominio, respetando los tiempos, para después dar una continuidad infinita y sometida. Se cruzó, buscándolo a pitón contrario, siguiendo con la cadencia y pulcritud de una faena a la altura de Las Ventas. Mató con la misma determinación con la que lo toreó.

Salió "Cantaor", al que Antonio Ferrera fue a buscar bajo el tendido cinco, frenando, recogiendo y envolviendo su embestida. Se ciñó a las tablas, sacándolo rápidamente del tercio en un tanteo leve. El animal pedía quietud tras el cite. Ferrera rectificaba, no era faena para el lucimiento, aunque sí para sacarla hacia delante. El de Victoriano, paralelo a tablas, entraba con la cara alta, saliendo de la misma manera, buscando y acortando su recorrido. Una faena de probaturas en la que el diestro solo puedo acortar y matar, dejando un pinchazo hondo, que no fue suficiente y le llevó a intentar la suerte en más de una ocasión.

Cerraba la tarde Emilio de Justo, que ejecutó un saludo medido y templado con el que guió al astado hacia los medios. Más complejo que los anteriores de su lote, quiso empezar la faena templándolo por abajo, doblándose con él. Siguió con las probaturas hasta sacarlo del tercio, pero el animal, ya alejado de las dos rayas, soltaba la cara, buscando con un derrote seco a su salida. Si se sentía podido, arrmetía con violencia en la franela. Emilio le alargó la embestida, mostrándole la salida, alejándoselo del cuerpo, llevándolo hasta el final. Empezó a acoplarse con el, encontrando el compás al que había que tocarlo. Lo exprimió en el toreo al natural, buscándolo a pitón contrario, para después envolver su embestida en los vuelos de su muleta, con verdad y mucha pureza. Natural a natural hizo que la faena rompiera con una cadencia y poder sobre el pitón izquierdo exquisitos. La plaza rompió a aplaudir, de nuevo, Emilio de Justo sacaba a relucir su Tauromaquia. La complejidad se disolvió.

 Las Ventas. Toros de Victoriano del Río para Antonio Ferrera, palmas, palmas y silencio; Emilio de Justo, oreja y dos orejas.


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