Sergio Serrano y "Venenoso", el brillo en la noche venteña

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PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ


  

Manuel Escribano, Sergio Serrano y Saúl Jiménez Fortes se midieron a los complejos astados de Victorino Martín. Las opciones se vendían muy caras, pero los diestros pusieron todo lo que estaba en su mano, temple, mimo y mucho valor, aunque hubo que destacar el comportamiento del quinto. Manuel Escribano acudió a la puerta de chiqueros hasta en dos ocasiones, para después firmar dos faenas de mucho valor. En la primera el astado no humillaba ni colocaba la cara, no dejando que la pulcritud se luciera. Sería en el segundo cuando su faena tomara algo más de vuelo, toreando con determinación y matando del mismo modo, lo cual le valió una valiosa oreja. Sergio Serrano también cortó una oreja. Brilló con el segundo de su lote, a pesar de haber marcado el preludio con el segundo de la tarde. Trazó la faena de la tarde, encontrando el compás en el que toro y torero debían bailar, con una faena justa y medida. Fortes alargó la faena tratando de expresar esa Tauromaquia determinante y profunda, pero el animal tenía una duración y sus intenciones empezaron a verse más allá de la tela. Con el último de la tarde Las Ventas encogió el alma, pues Fortes resbaló quedando a merced del astado.

Abría la tarde Manuel Escribano, que se marchó directo a portagayola. Lo recibió con una larga cambiada para después intentar encelarlo a la verónica en el tercio. Siguió con el tercio de banderillas, culminándolo con un par al violín. Tras brindar a Isabel Díaz Ayuso, comenzó el tanteo por ambos pitones, comprobando rápidamente que los terrenos del 9 no eran los más indicados. Lo sacó a los medios y sobre el pitón derecho inició la primera serie, una serie compleja, pues el animal no humillaba ni colocaba la cara. Le buscó a pitón contrario, exponiéndose, tratando de abrirlo, alejándole del cuerpo, perdiéndole pasos. Estaba escaso de posibilidades el primero de su lote, así que no dudó en cambiar la ayuda por la espada y ejecutar la suerte suprema. Mató con determinación, tirándose a matar.

Llegaba el turno de Sergio Serrano, que saludó a un astado algo descoordinado y que se metía por dentro. El diestro lo sacó hacia los medios sin demasiado lucimiento. Las palmas de protesta ahogaron el silencio venteño. Lo recibió en la muleta en el tercio, doblándose con él, exigiéndole por abajo hasta sacarlo de aquellos terrenos. Serrano probó las distancias largas, pero seria en las cortas donde lograra llevarlo metido, depurando la embestida, muy cosido, sin dejarle muchas más opciones que la franela. Lo veía, pero debía cruzarse y pisar sus terrenos si quería que este obedeciera. Lo ligó en tandas cortas, sin evitar que por el pitón derecho le soltara la cara, dejando que los pitones viajaran por el tronco superior. Le dio mucho sitio y tiempo, sin agobios, ligando en series cortas, sin forzar, perdiendo los últimos compases, donde desarrolló, sin demasiado empeño en el engaño. Le metió mano al segundo intento, con un acero certero.

Saúl Jiménez Fortes recibió al primero de su lote, un animal que se frenaba y al que había que sacar de las tablas. Brindó al público venteño, para después iniciar una faena templada, en la que trató de someter, por abajo, la embestida del de Victorino Martín. Siguió sobre el pitón izquierdo, con verdad, dejándosela plana, llevándolo hasta el final, hasta donde el brazo y la cintura de Fortes soportaban. Alargó la embestida, dándole salida, pero respetando los descansos del animal después de cada serie. El astado entraba en el natural humillando, pero en la muerte salía por alto, con un derrote seco por encima del estaquillador. Por el pitón derecho se le paró y le miró, sabía donde estaba el cuerpo y el diestro tuvo que rectificar. Empezó a llevarlo con el pico de la muleta, abriéndolo, separándolo del cuerpo. Por fin, en los últimos compases, cuando Fortes acudió a por los aceros, retiraron el capote que había quedado en la arena durante el tercio anterior. La suerte suprema se saldó con dos intentos, teniendo que acudir a por el descabello.

Manuel Escribano volvió a acudir a la puerta de chiqueros para recibir al que marcaba el ecuador del festejo. El animal salió a cámara lenta y el diestro, prácticamente ejecutó teniéndolo, prácticamente, encima. En los lances de recibo, más allá de la larga cambiada a portagayola, no se pudo lucir demasiado, lo tanteó y probó. El propio matador de toros ejecutó la tercio de banderillas, ciñéndose al astado, sin margen de error, culminando con un par en el que lo citó sentado en el estribo. Tras brindar, se fue directo a los medios para, que sin probaturas, se lo pasara por la espalda y dejarse llevar. Le costaba atender en las distancias largas, pero una vez metido, adaptándose también al compás que este marcaba, empezó a ligarlo, aprovechando la inercia. En el toreo al natural recurrió al cite delantero y los vuelos de la franela, cruzándose, metiéndose en los terrenos del peligro sordo. Por el derecho se le quedaba también cortó, aunque tras perderle pasos, empezaba a arquearse con él, recogiendo la embestida. Mató con la misma determinación y verdad con la que toreó.

Sergio Serrano saludó al quinto apaciguando la embestida, recogiéndola, en una laboriosa labor de brega. El animal dejaba ver buenas condiciones y cumplió en el tercio de varas.  Serrano acudió al de Victorino para empezar la faena, probándolo, con delicadeza, por ambos pitones. Muy despacio, con un cite firme lo metió en la franela y ya no dejó que se fuera de ella . Toro y torero se acoplaron, entendiendo el compás al que debían bailar. Serrano lo guiaba, llevándolo muy metido, dejándosela puesta, ligando, en un toreo curvilíneos y de riñones en el que se dejaron llevar. El animal la tomaba con obediencia, respondiendo con prontitud, humillando y colocando la cara. Una apertura controlada en la que culminaba recogiendo, enseñándole la entrada a un nuevo natural. Se ajustó a lo que el animal llevaba dentro, no abusó e hizo la faena justa y medida. La espada quedó contraria, pero suficiente. Tuvo en sus manos al ejemplar de la tarde.

El de Victorino apretaba hacia los adentros y Fortes ejecutó una brega con soltura ante las dificultades de un astado buscón y  reservón. El animal se frenaba y no paraba de buscar. Sucedió el milagro, una vez más con Saúl, resbaló quedando a merced del astado, los pitones viajaron por el pecho y el cuello, pero solo quedó en un susto. Sin mucho más que mostrar, el diestro acudió a por la espada y trató de ejecutar la suerte suprema. El animal no ayudaba y se alargó.

Las Ventas. Toros de Victorino Martín para Manuel Escribano, ovación y oreja ; Sergio Serrano, ovación y oreja; Saúl Jiménez Fortes, silencio tras aviso.

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