De poder a poder

Crónica


RICARDO BEDIA


  

En tarde en lo meteorológico nublada amenazando agua y ventosa, que en algunos tramos del festejo molestó en su quehacer a los diestros. Rafaelillo, López Chávez y Javier Herrero lidiaron un encierro de la mítica ganadería de Miura, el hierro de la A con asas, siempre genera expectación un encierro de esta ganadería por lo imprevisible de la lidia de estos toros. Una de las peculiaridades de esta ganadería es la divisa, que es verde y grana en todas las plazas, salvo en Madrid que es verde y negro.

Aparentemente, menos aficionados en el público que en la corrida del pasado sábado, la primera incidencia a reseñar fue que estuvo lloviendo con abundancia y el albero no estaba en las mejores condiciones para la lidia, por lo cual tuvo que ser arreglado y esto se tradujo en un retraso de unos 15 minutos para el comienzo del festejo.

Al primero de la tarde lo recibió Rafaelillo, el astado se llamaba Limosnero y salió distraído, estuvo a punto de meterse en el primer burladero que se encontró nada más salir de chiqueros. Siguió barbeando las tablas enterándose. La embestida que desarrollaba era incierta, aunque con peligro y esto daba emoción. La lidia en el caballo parecía que se trataba de un tentadero, como en el festejo del día anterior, es decir, poniendo al toro cada vez más largo y en tres puyazos. El primer puyazo fue largo y el picador tapó la salida al toro, el segundo fue al relance. El desconcierto en la lidia del toro era manifiesto y el público lo hizo ver con pitos. El toro iba de caballo de puerta a caballo de guardia sin hacerse ningún torero presente en el ruedo con el mando de la situación. Los pitos del respetable iban subiendo, y la parte más espectacular del tercio de varas fue en el último puyazo, cuando el toro derribó al caballo, ahí empezaron a sonar unas palmas de tango, muy taurinas, de protesta. El tercio de banderillas empezó con el toro saltando al callejón cuando salió persiguiendo al banderillero que le había puesto el primer par. Los otros dos pares también fueron de mucha exposición. La faena de muleta empezaba con un macheteo, para castigar e intentar ahormar al toro, de forma muy torera. El animal le desarmó en una ocasión. Podríamos calificar el toreo practicado como de poderío, con la mano baja intentado dominar la embestida del toro. El público jaleaba este tipo de toreo viendo que el toro tenía peligro y no se le podía administrar el clásico toreo de derechazos y naturales. El toreo de castigo se saldó con unas tandas, ya con el toro dominado con un toreo ligado y con mucho gusto. Las dos orejas que tenía ya ganadas Rafaelillo al ejecutar la suerte suprema las malogró propinando al toro dos pinchazos y una estocada entera. El toro fue ovacionado en el arrastre y Rafaelillo tuvo que saludar desde el tercio.

El segundo de la tarde tuvo por nombre Luminario. Salió corretón, fue recibido por López Chaves con una larga cambiada y unos pases de tanteo por ambos pitones para encelar al toro. En el tercio de varas, el primer puyazo lo tomó con alegría embistiendo a media altura, aunque por la poca fuerza que ya manifestaba el toro se cambió el tercio. En banderillas el toro iba alegre pero sin chispa, la brega fue aplaudida. El astado se había caído ya dos veces y manifestando su poca fuerza. López Chaves brindó al público el toro. La embestida es bonancible, llena de temple, y el buenhacer del torero hizo que el toro pasara por la muleta con dulzura. En el toreo al natural se vieron lances con mucho gusto jaleados por el respetable. La suerte suprema fue con una estocada entera en lo alto, el toro tardó en doblar tragándose la muerte. Se le concedió una oreja indiscutible y el toro fue aplaudido en el arrastre.

El tercero de la tarde se llamaba Arenero. Salió corretón, derrotaba en tablas. El saludo capotero de Javier Herrero se saldó con cuatro verónicas, que toparon con una embestida distraída y poca fijeza en las telas. En el primer puyazo hizo sonar el estribo, en el segundo puyazo el picador tras errar al clavar la puya propinó un puyazo largo. El tercio de banderillas solo se podía calificar de desastre. Cuando tomó la tela roja para iniciar la faena de muleta, el toro desarrolló una embestida incierta acabando cada lance con derrotes al aire, siendo cogido cuando estaba toreando sobre el pitón izquierdo. Tras ver que el toro no tenía faena, ya que después de la cogida el toro se espabiló y buscaba al torero en cada cite, fue a por el acero liquidándose al toro con un pinchazo en lo alto y una estocada tendida, aquí podríamos hacer un comentario de que los toreros actuales no saben alargar el brazo y soltar un bajonazo para quitarse de en medio a los toros malos. Silencio para el torero y pitos para el toro.

El cuarto de la tarde tenía por nombre Alcachofero. Salió corretón y derrotando en los burladeros. Por el pelaje parecía un toro de otra época. Buenos lances con la capa de Rafaelillo, que provocan los primeros aplausos de la lidia del toro. En varas acudió alegre al caballo, el picador le tapó la salida, en un puyazo que tomó el toro empujando abajo, en el segundo puyazo el picador vuelve a hacer lo mismo que en el primero, siendo abroncado por el público. Hubo un tercer puyazo, que se dio sin colocar la suerte, sino en un relance, se podría calificar de vergüenza y el público con sus pitos lo confirmó, dándole al toro dos vueltas. El toro en banderillas galopó con mucha alegría. La embestida del animal en la faena de muleta era incierta y cada pase acababa en derrote. Se le vio un momento de duda a Rafaelillo y empezó a perrearse con el toro, propinándole un toreo de castigo, que sinceramente fue muy bonito de ver, con unos bonitos trincherazos y doblones que el público recibió de buen grado aplaudiendo su quehacer. La suerte suprema se saldó con una estocada algo tendida en buen sitio, el toro dobló tras barbear las tablas. Hubo división de opiniones para el torero, aunque creemos que parte del público creyó que el toro era mejor de lo que era verdaderamente, también hubo división de opiniones para el toro.

El quinto de la tarde tuvo por nombre Taponero, salió corretón. El saludo capotero de López Chaves se firmó con unas preciosas verónicas, pero el astado se paró y se vio otra serie de verónicas rematadas con una media, que podríamos decir que fue lo mejor que se vio con el capote en toda la tarde. En el tercio de varas se produjo lo más emocionante de la tarde, y que justifica ver una corrida torista, el toro recibió sólo dos varas, pero… ¡¡qué dos varas!! Un primer puyazo espectacular con el público bramando y el segundo puesto más de largo que fue digno de esas imágenes que vemos muchos aficionados de plazas toristas francesas como Ceret o Vic y que aquí en España es tan caro de ver. El toro galopó con alegría tras los banderilleros que tuvieron que poner los palos de uno en uno. La faena de muleta empezó oliendo a trasteo grande, por lo visto en los tercios anteriores. Los primeros lances de la faena de muleta fueron en tablas y por abajo, teniendo el de Miura una embestida incierta, se lo pensaba mucho, manifestando peligro en cada arrancada, lo cual daba más emoción al trasteo. El primer muletazo le tomaba bien, el siguiente y el tercero eran para quitarse al toro de encima y empezar a colocarse para el siguiente muletazo. Aunque no hubo ligazón temple, ni nobleza, la faena estaba llena de emoción por el peligro del toro. La suerte suprema fue con dos pinchazos, una estocada entera ante la cual el toro tardó en doblar. El toro fue ovacionado en el arrastre y López Chaves salió al platillo a saludar.

El sexto y último de la tarde se llamó Palillero y salió corretón, en el saludo de capote de Javier Herrero ya surgió la emoción por la repetición del animal y fiereza del animal a la hora de coger los vuelos. El primer puyazo fue larguísimo tapándole la salida, el segundo puyazo fue jaleado cuando se arranca de largo galopando hacia el peto, empujando por abajo. También hubo un tercer y último puyazo, en el picador que le citó de largo con la vara y el toro respondió acudiendo galopando al peto, el público estaba enardecido. Tras un vibrante tercio de banderillas los dos toreros de plata se desmonteraron. El diestro Javier Herrero brindó el toro al público. Empezó toreando por abajo, dando metros al toro. El animal tenía un cabeceo muy molesto en el muletazo. Los pases tenían que ser de uno en uno, por las complicaciones que había desarrollado. El diestro pudo ser cogido varias veces durante el trasteo. La faena tuvo mucha transmisión por la exposición del torero y el peligro sordo que tenía el toro, ya que los pases se daban consintiendo mucho al de Miura. La suerte suprema fue con dos pinchazos, estocada tendida en lo alto siendo premiado con aplausos que fueron respondidos con un saludo desde los medios por el maestro.

Cuéllar-. Toros de Miura para Rafaelillo, ovación y silencio; López Chaves, oreja y ovación; Javier Herrero, silencio y ovación.

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