Mary Fortes: "Pienso que a Saúl lo he parido muchas veces"

Entrevista



PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ


  

Mary Fortes es un ejemplo a seguir por muchos motivos, por ello, desde Guarismo del ocho hemos querido dedicarle el especial del Día de la Madre. Mary Fortes toreó entre un mundo de hombres, viviendo en torero. La alejaron de los ruedos por un error humano, le destrozaron la rodilla. Fue un momento muy duro, pero ser mujer le sirvió para salir adelante, decidió ser madre. Su hijo, Saúl Jiménez Fortes eligió la Tauromaquia como forma de vida y ella lo tuvo claro, sabía que era lo más natural que podía suceder. Dejó que andara su camino, disfrutando a su lado, estando siempre que la necesita, porque lo fácil es quedarse en casa. Una madre que ha vivido la cara amarga de la profesión con su hijo, teniendo que pasar por la incertidumbre de las puertas de quirófano. Sin embargo, Saúl ha sabido sobreponerse a cada obstáculo, al igual que su madre, por ello, ella afirma que como profesional le da una lección diaria, Saúl va a vivir siempre en torero.

¿En qué momento o por qué decide dedicarse al mundo del toro? 

Fue como una revelación, una llamada, porque yo no sabía nada de toros, mis padres jamás habían sido aficionados, ni nadie en mi entorno, lo vi en la tele y fue un flechazo. Yo era una niña entre 9 y 10 años y vi por primera vez en mi vida una corrida en la televisión, me cautivó, aquello fue una sensación de sentimientos. Tuve claro que eso era lo que quería hacer. Yo no sabía si había toreras o no había toreras, solo sabía que aquel instante marcó lo que yo quería ser en mi vida. Fue una sensación de admiración absoluta.

 ¿Cómo fueron los inicios? 

Cuando tú eres una niña y dices que quieres ser artista, bailarina, torera... no sé. Yo dije en mi casa voy a ser torera y en aquel momento fue como decir quiero ser astronauta. Lo que caía en mis manos de toros era muy poquito, pero lo poco que había, lo leía, pensaba, investigaba. Cuando había una corrida de toros me ponía a verla con mucha atención, me ponía con un trapo a intentar hacer lo que hacían los toreros, pero todo aquello era como un juego.

Un día cayó en mi manos una enciclopedia taurina y en esta ponía que estaba prohibido que las mujeres toreasen a pie, para mí aquello fue un momento muy depresivo, muy amargo. Así que tomé   la decisión de que si había que abandonar España pues había que abandonar España y salir al extranjero. Tenía claro que eso no iba a ser para mí una barrera.


Si nos adelantamos un poco más, cuando ya empieza a torear y entra en los carteles ¿Cómo era torear siendo mujer.

Cuando yo empecé a torear aún no había democracia, fue muy duro. Fue luchar contra muchas  adversidades. En un principio, cuándo quieres y no puedes, es duro porque llamas a muchas puertas y te miran como si fueras una loca. Los toreros te miran como si no estuvieras en tus cabales, porque claro, es algo que está prohibido para las mujeres. Era imposible, además hubo compañeros que me dijeron que la mujer donde tenía que estar es en la barrera para inspirar a los toreros... en la barrera con una flor en el pelo para inspirar a los toreros, no te puedes imaginar lo que es después tener que entrenar con esa persona. Ahí es donde sale la raza y le dices que el que va a estar en barrera mirándome torear va a ser él. Eso se consigue trabajando más y más duro para que esa persona tenga que admirarte.

Tú eres consciente de que ellos llevan más tiempo entrenando, llevan más tiempo visitado ganaderías. Entonces si ellos entrenaban dos horas, yo procuraba entrenar cuatro, si ellos entrenaban 4 yo lo intentaba seis u ocho. Vivir solamente para el toro y estaba dispuesta a todo. Yo sabía que era difícil y tampoco tenía muy claro, lo que iba a conseguir, pero sabía que no tenía que ser por mi culpa, que yo iba a poner toda la carne en el asador. 

Pensaba, que la clave era superarlos en torería, porque ellos pensaban que tú ibas a ser una frívola que no tenía referencia. Lo fácil es hacer juicios de la gente, unos pensaban que querías llamar la atención a los chicos, otros que querías llamar la atención hacia otro espectáculo. Por ello, quería que me vieran en torera las 24 horas del día y tener torería, yo podría no saber torear y podría no estar a su altura técnica, pero sí podía tener torería. Eso lo tuve siempre muy claro y lo conseguí gracias a Dios, que aquellos compañeros te dijeran que siempre te vieron con el traje de luces puesto, para mí es la mejor medalla que me pongo. Eché todos aquellos juicios abajo.

Además, había un añadido más, yo era muy femenina... se pensaban que tenía que ser basta o bruta. La verdad es que había que hacer muchísimo equilibrio, era una época muy difícil. Yo no podía salir en chándal a hacer ejercicio, salía con unos vaqueros cómodos.  Por eso me gustaba ir a la playa, porque yo podía llevar mi ropa de calle y cuando llegaba allí, me quedaba con una camiseta o con un pantalón ya más cómodo y allí podía correr, podía hacer más ejercicio. Todo era un encaje de bolillos, no había que llamar la atención, ser elegante y femenina, pero sin pasarse para que la gente pensará lo que no era. Me sentía siempre en una cuerda floja. 

Es lamentable, porque en su época ya era lamentable, pero que todavía no hayamos evolucionado hasta el punto de no comprender el trabajo de cada uno...

Yo me sentía en aquel momento agotada como si estuviera delante de una selva espesa y con un machete abriendo camino, pero bueno, me ha tocado abrir camino por mi edad y gracias a Dios se me permite abrir camino para otras pero es que vosotras pues estáis viviendo todavía otra selva no tan espesa, pero si vais a tener que seguir con el machete. Así es, pero bueno, cuando tú luchas por algo que te gusta, es un precio que tienes que pagar. Supongo que ellos tendrán otras luchas. Mi hijo tiene otra lucha también muy dura. 

Siempre ha estado ligada, a lo largo de toda su vida, a lo que es el toro, pero en ese momento en el que usted cuelga el traje. ¿Qué ocurre? ¿A qué dedica su día a día? 

Aquella fue otra crisis existencial muy fuerte, porque yo había soñado que un día dejaría el traje cuando lo creyera oportuno, pero claro cuando es por una lesión… Cuando el toro te inhabilita para torear, creo que se asume bien, pero cuando hay una equivocación médica cómo fue lo mío y te destrozan una rodilla... es muy duro de llevar. Nadie pidió perdón por aquello, para mí fue caer en una depresión.

Además, cuando ves que tus compañeros más cercanos se alegran... como con quien habían tenido una negligencia era una chica, nadie se hizo cargo. Fue como sentir el desprecio de la profesión, que la lucha que había tenido no servía para nada, porque nadie me daba la razón. Todo aquello fue una negligencia clarísima, en una operación posterior, el propio médico me dijo que me habían hecho un desastre y ya no podía torear. 

Me dijeron: "No hay mal que por bien no venga", puede ser verdad para muchas cosas, pero a mí me hizo mucho daño. Aquello fue de lo más bonito que me dijeron, incluso llegó a mis oídos de gente que brindó porque yo no podía volver a torear.

Fueron unos años muy duros y llegué a pensar en que porqué no me había cogido un toro y me habría quitado del medio en una plaza. Me sentí tan sola y tan desamparada, había luchado mucho. Había conseguido lo que jamás podría pensar nadie que pudiera conseguir que es pasar por las plazas importantes, cortar la oreja en Pamplona, las orejas en Barcelona. Poner a la mujer en un sitio que pensaban que con picadores una mujer no podía, pero en ese mismo año se acaba todo de golpe por un error humano. 

Me salvó ser  mujer, decidí tener un hijo y pasar página, fui madre y seguí siendo y sintiéndome torera. La maternidad me salvó y lo cierto es que después de todo, al toro le amo, podía haber elegido odiar. Mi hijo muchas veces me lo pregunta, pero pienso que en la vida tú eliges qué quieres hacer y odiar no me servía de nada. Cuando tú amas a alguien, lo amas con sus virtudes y sus defectos y yo comprendí que amaba al toro con sus virtudes y sus defectos y muchas veces tienes decepciones y  otras bajones, alegrías. Es la vida misma y yo he dedicado toda mi vida al toro y sin él es como si me quitas parte de mi ser. Yo desde la primera vez que vi al toro sabía que aquello era parte de mi esencia y lo sigue siendo.

¿Cómo transmite todo lo que ha vivido en la escuela? 

Pienso que los sentimientos no se pueden transmitir, yo intento crear un ejemplo y que la gente vea cómo vives y cómo sientes, pero es muy difícil. Hoy los niños tienen muchas cosas, muchas actividades, muchas distracciones. Es muy difícil  transmitirles una pasión, cada uno siente de una manera. Lo que intento es, simplemente, darles posibilidades, pero después son ellos los que tienen que elegir. 

Tampoco me gusta presionarles, el que quiera que lo coja y el que no que lo deje. Intento transmitir  valores, pero sentimientos no puedo. Valores como el compañerismo, el amor. La falta de juicio en mi escuela no se permite, lo tengo claro, porque pienso que esos son unos valores que son para toda la vida,  y que tenga el problema que tenga, que se acuerde de la enseñanza de la Escuela Taurina. 

Yo fui la fundadora de la Escuela Taurina de Málaga, la primera escuela taurina que hubo en Málaga hace 30 años. Ahora veo hombres que todavía en su vida recuerdan y actúan cómo aprendieron en la escuela. Eso para mí ya es importante, andar en torero, vivir en torero y que eso te sirva para tu día a día. 

Un día estaba de asesora de la Presidencia en una plaza de toros y estaban dando la vuelta al ruedo tres toreros, que yo tenía en mi escuela, se me saltaron unos lagrimones... les había enseñado yo a coger el capote y fue muy bonito fue precioso. 

¿Qué sintió cuando su hijo le dijo que quería seguir sus pasos? 

Lo vi de forma natural. Cuando Saúl tenía 3 años no sabía jugar nada más que al toro e incluso antes.  Fuimos a un mesón y había una servilleta del color de la muleta, enorme... Él cogió la servilleta y se puso en medio del salón del restaurante a torear, todo el mundo le miraba y le aplaudía. Cuando nos íbamos a ir, no había forma de que soltara la servilleta, le tuve que decir a la dueña del mesón que me cobrara la servilleta. Era chiquitín, pero iba a la guardería con la muleta, se duchaba con la muleta y dormía con la muleta... lo más natural del mundo es que un día dijera que quería ir  a la escuela taurina.

Se le ayudó, pero tampoco tenía yo muy claro, si sería novillero con picadores o lo que sería. Dejamos que andara el camino, que fuera buen aficionado. Me gustaba que supiera torear porque nosotros tenemos una puntita de vacas y siempre ha estado liado en  los tentaderos, en lo herraderos. Bueno, le encantaban los tentaderos.

La vida lo ha llevado poco a poco, pero nunca me he puesto con él una meta. Si él quería ir a la escuela taurina, pues yo le llevaba, no le hacía mucho caso, siempre ha tenido libertad. Cuando llegó la hora de debutar con picadores, algo que se ganó él en un certamen, cuando ganó rechazamos la novillada con picadores porque no había terminado la selectividad y la exigencia que había en la casa era que terminara la selectividad, que después si quería coger carrera que la cogiera y si no, no. Así que le pedimos a la empresa que si la podíamos aplazar para el año siguiente, a lo que la empresa accedió y Saúl debutó. 

Él escogió la carrera de ingeniero industrial, lo estuvo llevando mientras pudo, a la vez. Y cuando ya se dio cuenta de que él no podía llevar las dos cosas al mismo tiempo, lo aceptamos perfectamente. 

Cuando torea Saúl ¿Usted siempre ha estado con él en las plazas o ha preferido quedarse en casa?

Cuando Saúl torea, yo prefiero estar a su lado, lo fácil es quedarse en casa. En casa hay muchas distracciones, te pones a hacer las cosas de la casa, te vas al jardín, a dar un paseo, hablas con gente. Sin embargo, el día que estás en una ciudad donde él está anunciado, estás allí porque el torea,  no hay más distracción que esperar la corrida. El día del festejo solo se vive para el toro, aunque tú estés comiendo, estás comiendo con gente, hablando de la corrida. Todo gira en torno al toro, es muy duro, pero yo me siento en la obligación de estar, donde él está, si sufre, sufrir con él y si disfruta, tú disfrutas. 

 ¿Para usted cuál ha sido el momento más duro en la trayectoria de Saúl? 

Han sido muchos, yo siempre pienso que a Saúl lo he parido muchas veces, han sido muchos partos. Muchas puertas de quirófano.  No te puedo decir un día, quizá lo que marca nuestras vidas fue Vitigudino. Fue muy fuerte, dos cornadas seguidas en tan poco tiempo, en el mismo sitio. Yo veía que no podía haber dos milagros seguidos. Necesité psicólogo, fue un golpe muy grande, rezando y dando las gracias porque hubo dos milagros. 

Vamos a la cara más amable ¿Cuál, quizá, ha sido el momento más bonito? 

Pues tan marcados como el peor no, pero también ha habido muchos muy bonitos. Cuando una plaza entera está entregada a él. Recuerdo un día en Canales todo el mundo le gritaba torero,  una conjunción perfecta entre el toro y él. Es un estado de gracia que sé cómo se siente. En Madrid, en Málaga, pero esta última fue muy especial, impresionante con mucha gente que quiere. Hay muchos momentos.

 ¿Qué mensaje le enviaría a Saúl como madre? 

Como madre que mientras sea capaz de sentir su vida plena en el toreo, pues que lo disfrute. Que lo disfrute y el día que toque, que pueda elegir el día que se quiera ir. No le deseo a nadie que se tenga que ir contra su voluntad. Yo creo que Saúl va a vivir siempre en torero, él ama al toro y lo lleva en su sangre. Que se sienta torero en su vida, que viva con torería en lo que haga.

¿Y como profesional que le diría? 

Saúl como profesional me da una lección diaria, es un hombre muy comprometido con lo que hace. Muchas veces, está por encima de la circunstancia, casi siempre y yo no podría darle ningún consejo, porque estar al lado de él es un aprendizaje diario. Entonces basta con que siga cómo está, que viva la vida como la vive, que viva en torero cómo lo vive y lo que tenga que venir vendrá.

Un mensaje para esas madres cuyos hijos están empezando, que son madres de toreros, ¿Qué mensaje les  mandaría?

Pienso que el deber de una madre es poner la felicidad de su hijo por delante y apoyarlo por duro que sea.  Y yo sé que yo he tenido muy cerca gente que ha tenido que dejar su sueño porque su madre no lo podía soportar. Eso lo veo egoísta, porque ese chico siempre va a tener, pienso, esa cosa. Es muy duro acompañar a un hijo en el sueño de ser torero, pero yo pienso que bueno que la obligación de la madre es ayudar al hijo, elija lo que elija. Estar ahí cuando él te necesite, si no te necesita, pues nada, pues mejor, pero siempre estar ahí. 



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