Conchi Ríos: "Nacer mujer no tiene que condicionarme para trabajar en algo en lo que tengo condiciones"

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PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 


  

Conchi Ríos, matadora de toros, ha dulcificado la profesión. La murciana muestra su alma entre risas e historias de cómo empezó, cómo ha sido de complicado poder desarrollar su trabajo... En el Día de la Mujer, alejados de feminismos distorsionados, se da visibilidad a una mujer, cuya profesión es el toro y este es el único que debe medirla y sacar a relucir sus condiciones, no sus compañeros o empresarios. El toro es el que examina al profesional. Conchi desvela, algo que ya se ha escuchado en más de una ocasión, algunos de sus compañeros se niegan a torear con ella y algunos empresarios no quieren ponerla. Este es uno de los motivos por los que la matadora de toros tuvo que seguir su carrera en América, porque en España era muy difícil. Ahora vuelve con la misma ilusión y amor por la profesión, estrenando apoderado, Santiago Gonzalo, con quien asegura estar en la misma frecuencia.


¿Qué te llevó a elegir esta profesión?


Realmente, yo iba para bailarina, porque llevaba siete años bailando en el conservatorio. Me gustaba y me gusta, bailaba contemporáneo, ballet, flamenco... pero el que más me gustaba era flamenco, porque dentro del mundo de la danza es donde más libertad e improvisación se permite.

Siempre iba con mis abuelos maternos a los toros, soy murciana y siempre estaba deseando que llegara la feria en septiembre para poder ir. Un día, disfrutando de una corrida de toros en la que toreaban Pepín Liria, Enrique Ponce y El Cid, vi como la plaza se llenaba de pañuelos blancos. Había gente emocionada, la música sonaba... La corrida se alargó más de la cuenta por la emoción, anocheció y encendieron las luces y los trajes de los toreros brillaban. Yo lloraba de la emoción e incluso llamé a mi madre para contarle lo maravilloso que era todo aquello. Les dije a mis abuelos que yo quería hacer lo que estaban haciendo, en este caso, esos hombres y poder emocionar a la gente, como ellos hicieron conmigo.

Como artista me gusta transmitir, emocionar. Aquello era como una obra de teatro improvisada con música en directo, donde había un plus, se estaban jugando la vida. No sabía que podía pasar, pero aquellos movimientos, esa plasticidad que hay en el toreo, para mí ver una plaza de toros con el tendido lleno es como una pintura llena de colores. Me enamoré de esta profesión, así que empecé a comerle la cabeza a mi madre y a mi abuelo para que me dejaran meterme en este mundo.


¿Qué tuviste que sacrificar en tu vida para poder dedicarte a ello?

Los toreros empiezan muy jóvenes y yo empecé con catorce o quince años. Más que sacrificar, diría que te enseña un estilo de vida, unos valores, una disciplina, así como la danza que es muy estricta. Conlleva muchas horas, de hecho yo me quedaba entrenando 5 horas diarias después de estudiar, así que para mí el toro no supuso nada fuera de lo normal. La vida social, salir con los amigos, ya para mí no existía.

Sí conllevó cambios en cuanto que me tuve que ir cerca de las ganaderías bravas, cerca del animal, del campo. En definitiva, de lo requiere este mundo. Con quince años me mudé a Cádiz, que está a unas siete horas de Murcia, dejando a mi familia atrás, pero sabiendo que tenía muy claro mi objetivo. Era como un niño jugando a una vida de adultos, de ti dependen tres banderilleros, un mozo de espadas y un ayuda, cuando pasas con picadores, son siete los que dependen de ti.

Es cierto que valoras la vida de otra manera, porque eres consciente de que te la juegas, pero esa es la grandeza del toreo. Por eso es tan importante dedicarle tantas horas, de que al final solo te centres en ello.


Si avanzamos un poco más hasta lo que es la actualidad, tus entrenamientos ¿Cómo dirías que es tu día a día?  

En esta temporada hace unos días, firmé un contrato con Santiago Gonzalo. Me hace muchísima ilusión después de dos temporadas en el banquillo y con la situación que estamos atravesando por la pandemia. Sigo con la misma expectación por el toro, pero hay que comer, hay que seguir viviendo y este tiempo atrás lo he tenido que compaginar con otro trabajo, esperando que llegara mi oportunidad. Me ha llegado ahora y creo que va a ser una temporada muy bonita.

Mi día a día es levantarme, entrenar... aprovecho que vivo cerca de la montaña, me encanta entrenar al aire libre. Subo y bajo la montaña acompañada de mi perro, cojo fondo que para torear es muy importante, porque sabes que mínimo te vas a enfrentar a uno o dos animales, pero puede que le surja un accidente a tu compañero y tengas que matar los seis toros. Incluso puedes llevarte una voltereta, por eso la preparación debe ser tan intensa, tienes que ser consciente de todo ello, por eso la preparación mental, la cual intento llevar diariamente, es muy importante. Es un ejercicio que aconsejo a los novilleros y a la gente que está empezando en esta profesión, porque muchos se centran en lo físico, pero muy poco en la mente.

Otra de las cosas que estoy llevando ahora es Twitch, me abrí un canal para acercar un poco lo que es el toreo, lo que es mi vida a los aficionados y hasta a los que no lo son. Todos los sábados y domingos durante cuatro horas hablo para todos aquellos que quieran saber o quieran ver a una matadora de toros hablar de su profesión o de la vida en general. También intercambiamos impresiones de temas ajenos al toro. Es cierto que les llama la atención que una profesional taurina esté fuera del prototipo que tiene la gente de lo que es un torero, porque se tiene una imagen un poco rancia.

Creo que es muy importante dedicarle tiempo a esta plataforma porque da visibilidad a la figurada del torero entre la gente que no sabe cómo es un matador de toros.


Has hablado de la pandemia, háblanos de este parón ¿Qué es lo que te impulsa a volver con la situación tan compleja que estamos viviendo?

Antes de que llegara la pandemia llevaba aquí dos años sin torear, todo lo que toreaba era en América. En España se me puso muy difícil torear. Cuando llegó la pandemia yo venía de ese parón de dos años, muchos profesionales han visto como la temporada se les escapaba en blanco, yo ya sabía lo que era eso, había pasado por ello, había estado en el banquillo. Sin embargo, hay que saber afrontar la situación, sin miedo, solo hay que tener fe, constancia e ilusión porque todo en la vida pasa, todo llega.

Durante este parón, llegó un momento en el que me dije a mi misma stop, había que parar y renovarse. Un ejemplo de ello es que me abrí Twitch y me reactivé en redes sociales, porque la verdad es que estaba un tanto alejada de ellas. 

Además, es un tanto irónico, pero a través de esta plataforma conocí al que es ahora mi apoderado, Santiago Gonzalo. Es un empresario más joven que yo, lo cual me encanta y apasiona, porque tiene unas ideas muy frescas. Nos entendemos a la perfección, es como si estuviéramos en la misma frecuencia.

La tauromaquia siempre ha sido un mundo de hombres ¿Tú te ves en igualdad de condiciones? ¿Piensas que es más difícil para la mujer llegar hasta donde tú estás llegando?

Yo no puedo generalizar, no he podido hablar con todas las mujeres que estamos dentro de la Tauromaquia, no conozco su situación, no puedo hablar por ellas. Entonces voy a hablar personalmente, no en el nombre de todas las mujeres, pero si soy mujer y te hablo desde mi postura. Te puedo decir que ha sido más complicado y que me sigue siendo complicado, porque por desgracia, como tú bien has dicho esto es un mundo de hombres, con lo que estamos luchando para que no sea así, sino para que sea un mundo de personas y cada persona pueda luchar en su profesión.

No me considero feminista, al menos, no me identifico con el feminismo de hoy en día, se ha distorsionado. Creo en la igualdad, porque el hecho de haber nacido mujer no tiene que condicionarme a la hora de poder trabajar en algo en lo que yo tengo condiciones, eso no entra en mi cabeza. Me ha pasado, no me han contratado y algunos compañeros no han querido torear conmigo por el hecho de ser mujer. Es triste, porque ellos saben lo que es disfrutar toreando y negarle eso a alguien por el hecho de ser mujer es muy feo. Después, también hay empresarios que tampoco quieren darte una oportunidad, ellos sabrán, porque creo que ahora mismo es el momento de la mujer, vamos a decirlo así. Yo creo que es el momento de la mujer.

Es el momento de dar el paso y jugar en las mismas condiciones. Se me han cerrado muchas puertas, pero con la constancia todo llega, creo que hay que tener paciencia porque el momento está por llegar, aunque te lo pongan difícil, aunque cueste, pese a quien le pese, aunque te quieran quitar del medio. Hay que darle tiempo al tiempo, que al final todo llega si tienes paciencia y fe, pero también hay que tener un saco bien grande y una armadura de hierro forjado para que no te afecten las cosas y creer en ti misma. 

Esto se sufre y esto se padece, si quieres vive un día conmigo, ponte en mis zapatos y lo vivirás.


Has dicho que quizás ahora es el momento de la mujer ¿Qué futuro auguras para la mujer en el escalafón superior?

Se puede tardar años en conseguir tus metas, le pasa a cualquier estudiante en su carrera. Esto es una carrera de fondo, incluso algunos de los novilleros muy punteros pararon y no llegaron. Nunca se sabe lo que va a pasar, se vive el momento, lo cual a mí me encanta.

La sociedad vive un problema tremendo, la depresión, que es un reflejo de que vivimos mucho en el pasado y esto te genera una constante tristeza, lo mismo ocurre con vivir en el futuro, te crea ansiedad. La solución es vivir en el presente y muy pocos lo logran. Hay que tener objetivos para tener ilusiones, eso no es vivir en el futuro, sino el impulso para vivir el presente con ilusión.

Esta profesión me lo ha enseñado, un día tienes una corrida de toros, triunfas, pero al día siguiente no te contrata nadie, estás de nuevo ahí abajo y te preguntas cómo es posible si ayer estabas arriba. Así puede pasar con la mujer en España, somos dos la matadoras de toros activas, Mari Paz Vega y yo. Estoy sola en España, pero hay muchas novilleras, hay cantera y yo las apoyaré en todo lo que necesiten, incluso es posible que esté como apoderada para que puedan torear. Voy a hacerlo, es difícil creerlo, pero voy a intentar darles mayor visibilidad.

Tenemos que golpear fuerte, estamos aquí para pedir sitio y si vales te mantendrás y si no te quitarán, pero que no decidan los demás si ponerte o quitarte, sino que lo hagan tus condiciones. Si yo valgo o no, que lo decida el público y lo digan todos los triunfos. la Tauromaquia necesita una renovación y que la mujer esté ahí es algo muy positivo, algo que le dará normalidad a la profesión, incluso la dulcifica. Nos tienen que dejar torear, al final es el toro el que nos va a poner o no en nuestro sitio, para qué complicar las cosas. No quieras quitarme tú del medio, déjame torear, yo demuestro las cosas en el ruedo.

Esto es una profesión muy transparente, es muy difícil engañar al aficionado, es muy difícil engañar al toro. Aparentar algo que no es. Si tú vas con ganas, queriendo darlo todo, puedes estar mejor o peor. Hay que esperar, manteniendo la fe hasta el último momento, porque nunca sabes qué puede pasar.


Vamos a pasar, quizá el plano más personal ¿Qué sientes con el traje de luces? 

Como si me sintiera más yo que nunca, como cuando te pones un estilo de ropa que dices esto es mi estilo. Me siento cómoda, si yo pudiera me lo pondría todos los días, porque con él me siento identificada, me siento completa. Cuando voy a hacer el paseíllo, pienso que en unos minutos voy a estar haciendo lo que más me gusta, que es torear. incluso parece que creces un palmo, metes los riñones, andas con los pies para dentro casi como si fuese una modelo, entonces es muy bonito.

Te respeta todo el mundo, quieren tener una foto contigo. Yo creo que soy la que más fotos se hace con cualquier aficionado, no tengo problema me quedo el tiempo que haga falta. Ellos compran su entrada y vienen a vernos torear, así que les dedico todo el tiempo que haga falta. También tengo algo diferente, que creo que me distingue y es que cuando me pongo el traje de luces, la sonrisa es muy difícil que me la puedan quitar. Creo que soy de los pocos toreros que hace el paseíllo sonriendo, salgo al patio de caballos sonriendo, estoy en el callejón sonriendo, incluso sonrío delante del toro. He llegado a llorar de felicidad por la emoción y que ocurra eso mientras toreas un animal es una de las cosas más bellas que he podido experimentar en mi vida.

Pero es que cada vez que me pongo un traje de luces se que algo va a pasar ya sea bueno o malo, pero sé que algo va a pasar y para mí es tremendo.

 

Hablemos de la tarde de tu alternativa, esa alternativa que recibiste de manos de El Cordobés ¿Cómo fue? ¿Qué recuerdas de aquella tarde?

Lo recuerdo todo, por la mañana estuve paseando por el campo y el pueblo. Después me encontré con mi cuadrilla, que tengo muy buena relación con ellos, nos reímos y nos gastamos bromas hasta el último momento. Ese día fue cumplir un sueño, doctorarme como matador de toros y brindarle el toro de mi alternativa a mi abuelo, ese fue el momento más especial de toda la tarde.

Somos personas y como tal nos llega el amor, algo que creo que es el sentido de la vida. Ese amor a las cosas, yo estoy enamorada de esta profesión, amo a mi familia y ver a mi abuelo ahí en el tendido, que siempre está en el callejón... Cuando fui a brindarle el toro se me hizo un nudo en la garganta, de eso que vas a empezar a llorar de la emoción y no fui capaz de decir, prácticamente nada. Lo llevaba ensayado, pero no me salieron las palabras, pero a veces las palabras sobran.

Al lado de mi abuelo estaba mi madre, que con una mano me grababa y con la otra sujetaba el rosario. Ella me graba para que yo después pueda ver y corregir mis defectos. Yo creo que para mi madre, verlo a través de esa pantallita tan pequeña se le hace menos real. Aunque ella siempre va conmigo, para lo bueno y para lo malo. Ella ha vivido las cornadas más fuertes, ella disfruta de mis triunfos y si pasa algo ella está ahí. 

En la cornada mas fuerte mi vida, en Francia, ella estuvo allí. Antes de que me trasladaran al hospital, pedí que entrara en a la sala de operaciones porque si me pasaba algo yo quería que el rostro de mi madre fuera lo último que viera. Sé que le hice pasar ese mal trago, pero ella entró y me agarró la mano. Ella es una guerrera.

Aquel día fue uno de los momentos más épicos y bonitos de mi vida. Es cierto que se te quedan en la retina algunos muletazos, las orejas, la Puerta Grande... pero de aquella tarde me quedo con aquel momento en el que miré a mi abuelo a los ojos, los dos estábamos emocionados. Él sabe todo lo que he vivido y luchado.

Si yo hubiera desaparecido de este mundo en aquella jornada de Francia, donde estaba mi abuelo, mi abuela, mi madre... no hubiera sufrido, hubieran sufrido ellos. Fue bonito mirarle a los ojos y dedicarle aquel brindis a él, me sentí plena.


¿Dirías que las cornadas son la cara amarga de la profesión?

No para nada, aquella cornada en Francia no fue el peor momento. No estamos hechos de otra pasta, simplemente estamos mentalizados y preparados para esa situación, para un golpe, para una caída, para una cornada. el hecho de que nos recuperemos tan pronto es la ilusión que tenemos de volver a torear.

En definitiva, el mundo lo mueve el amor y la ilusión. Si tú tienes ilusión por algo, te aseguro que te recuperas el doble de rápido de lo normal. Todo es mental. Hay cornadas tremendas y los profesionales nos tienen que curar, pero ayuda muchísimo si tu actitud es positiva, lo sé de buena fe.

Las cornadas no son lo malo de la profesión, lo malo es estar en el banquillo. En mi caso, que mis compañeros no quieran torear conmigo por ser mujer y no puedas torear o que tu apoderado te diga, Conchi, lo siento, los empresarios no quieren ponerte. Eso sí que es el lado malo, lo demás son cosas que hay que pagar por qué es un peaje por vivir está preciosa profesión.


¿Qué mensaje lanzarías? Un mensaje con esa energía e elusión que tu desbordas ¿Qué le dirías a la mujer y a la afición?

Voy a hacer un pequeño inciso, en 2016 me metieron entre las 100 mujeres más influyentes del mundo, me flipó, porque que un medio extranjero metiera a una matadora de toros sabiendo cómo nos ven a los toreros en el extranjero...

Entendieron perfectamente mi profesión, vinieron a grabarme y se enamoraron del toreo. A lo mejor también por lo que tú me dices, por mi manera de expresarlo, con esa pasión que yo siento. 

Me metieron en esa lista con mujeres tremendamente importantes, con científicas, con filosofas... y yo era la única española. Creo que la clave fue que yo les dije que yo en mi cabeza no sé distinguir entre hombres y mujeres, creo en la igualdad entre personas y que una persona tiene que luchar por sus sueños.

Mi mensaje para las mujeres, para las que quieran ser toreras, para las que quieran dedicarse a una profesión que se cree que es de hombres... aquí no hay nada que sea de hombres ni mujeres. Mi mensaje es que no se pongan limites, que sueñen muy muy alto, que sueñen a lo grande y que sepan que se puede conseguir todo lo que ellas puedan llegar a imaginar, por muchas trabas, por muchas zancadillas, por mucho que se pueda llorar después en tu casa de frustración. Seguimos viviendo en una sociedad en la que el machismo está latente. Entonces, que no se frenen, que sigan con ilusión y que sea esa profesión la que les hace levantarse cada día con ganas de seguir dedicando su tiempo a ella.

No deben desistir, deben seguir, porque antes o después todo en la vida llega, estoy segurísima, que se apoyen en ellas mismas. Has nacido para eso, así que sigue, no te cierres en banda. Yo estoy trabajando de algo que sé que no es en lo que yo quiero trabajar, pero soy consciente de que hay que pagar el alquiler. Por ese motivo, yo he seguido luchando por mi profesión y ahora me ha llegado el momento, un apoderado… Cuando menos te lo esperas las cosas pueden cambiar, quién iba a pensar en la época que vivimos que fuera a llegar una pandemia que paralizara el mundo. Esto es algo negativo, pero nos puede abrir los ojos para darnos cuenta de que en la vida puede pasar cualquier cosa negativa, pero también puede pasar cualquier cosa positiva.

Los milagros ocurren a diario, así que yo les invitaría a que creyeran en ellas mismas y que nada ni nadie las frene.

FOTOS: LAS VENTAS - CONCHI RÍOS

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