Se brinda con cicuta

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PATRICIA PRUDENCIO MUÑOZ 


  

La libertad de expresión, ese bien tan preciado que a veces se va de las manos. Libertad de expresión es decir lo que uno quiere, claro que sí, pero como  todo en la vida está limitada, porque la libertad del individuo termina donde empieza la del otro. Libertad de expresión es que se pueda acudir a los festejos taurinos sin recibir insultos, amenazas, etc. Libertad de expresión es poder desarrollar tu profesión, tus aficiones, sin que nadie las corte. Fíjense que éramos libres y no lo sabíamos, nos han censurado y oprimido.

El verdadero censor del pueblo es el señor Pablo Iglesias, con un programa electoral repleto de prohibiciones, la cosa ya pintaba bastante morada. El problema es que tal personaje se ha metido en el gobierno, destruyendo todo lo que se supone va en contra de sus gustos, todo lo que constituye marca España. Está revolucionando a los jóvenes, creando seres sin raciocinio que se dejan llevar por el odio. Los mismos a los que, posiblemente, en unos años les de comer aquello contra lo que ahora se manifiestan, por cierto, ilegalmente. Porque eso que tanto odian, el dinero y las relaciones de poder, son las mismas que les mantendrán.

El mundo al revés, un hombre de nombre Pablo Rivadulla, que pide la muerte de otros; que ha agredido a personas físicas; que hace enaltecimiento del terrorismo, algo contemplado en el artículo 578 del Código Penal... Una larga lista que abala la entrada en prisión de Pablo Hasel. 

Este mismo hombre, allá por el 2016, se mofaba de la muerte de Víctor Barrio, escribiendo en Twitter: "Si todas las corridas de toros acabaran como la de Víctor Barrio, más de uno iriamos a verlas"... Esta es solo la parte visible del iceberg, pero me preocupa aún más los "me gusta" y "retweet" que alcanzó dicho tweet. Si vivimos en una sociedad que busca la muerte de terceros, algo va mal, que se piense que los asesinos somos los taurinos y no otros, hay una importante distorsión de la realidad.

Pablo Hasel está donde debe estar, vamos a tratarle de lo que es. Sin adornos, porque ha atentado contra nuestra libertad, contra la Tauromaquia, un delito de odio, que por si no lo sabían también está incluido en el código penal. Si le dan rienda suelta a este tipo de personalidades, se pondrá fin a la libertad, porque quieren imponer su voluntad sobre el resto, alegando que la de los poderosos les oprimen. 

Siempre criticando a la Tauromaquia como una parte de ocio destinada a la alta sociedad, pues permitirme que os abra los ojos. Los toros pertenecen al pueblo y no me cansaré de repetirlo, porque criticarnos y desearnos la muerte no os hacen mejores, os hace delincuentes. Y si tampoco lo saben, tanto que les gusta luego criticar a ciertos individuos que no son ni periodistas pero se atreven a publicar, el sector de la Tauromaquia, junto con el de la hostelería, ha sido de los más perjudicados por la pandemia.

Las familias y los animales tienen que seguir comiendo, la vida sigue, los gastos siguen llegando, pero el hecho de que no les dejen desarrollar su actividad profesional supone la quiebra para el sector, algo que ya se propusieron desde la llegada al poder de los "Tinky-Winky". 

Y espero, tal y como lleva años defendiendo Raquel Sanz y el mundo taurino, que el honor de Víctor Barrio se mantenga intacto. Porque Víctor Barrio, al igual que tantos otros han perdido la vida en el ruedo, son héroes que perdieron la vida sirviendo al arte, a su profesión, a la Tauromaquia. 


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