La virtud de saber irse a tiempo

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JAVIER ESPADA ROMÁN


  

La noticia de la retirada de los ruedos del diestro francés Sebastián Castella sacudía anoche a todo el orbe taurino sin excepción. La sorpresa e incredulidad invadía por partes iguales a compañeros, ganaderos, medios de comunicación y aficionados, y las muestras de cariño, respeto y admiración por la carrera profesional del torero galo inundaban todos los rincones de las redes sociales. Costaba asimilar que la principal figura francesa hubiera tomado la decisión de abandonar su carrera como torero de manera tan repentina justo cuando cumplía el veinte aniversario de su alternativa y en unas circunstancias tan especiales como consecuencia de la crisis sanitaria mundial.  

En la emotiva carta de despedida, Castella dedicó palabras de agradecimiento a los aficionados, a su cuadrilla, a los empresarios, a los ganaderos, y especialmente a su familia, sin la que su camino como torero “no hubiese sido posible”. Reconoció el sabor agridulce que le deja el no haber podido celebrar sus veinte años de alternativa de la manera en que “hubiese querido” y no cerró la puerta a volver a vestirse de luces. “No sé si será un adiós definitivo o un hasta luego”, señaló el francés en su misiva de despedida.  

El adiós de Castella no es el de uno más. Sebastián se va después de alcanzar la cima del toreo, esa que sueñan todos los novilleros y que sólo alcanzan unos elegidos. La máxima figura francesa se va con la satisfacción de triunfar en todas las plazas importantes de España, Francia y América con unos números difíciles de igualar, más de 2.400 toros lidiados de diversidad de encastes, orejas en todas las plazas de primera, 23 indultos… 

Pero si hay algo de lo que puede sentirse especialmente orgulloso el diestro galo de toda su carrera como matador es de su idilio con Madrid. Porque se va un torero de Madrid. No volverá de momento a la primera plaza del mundo donde se ha coronado atravesando en cinco ocasiones la puerta que le ha llevado a la gloria de la calle de Alcalá. Pero si seguirán resonando los ecos de las faenas históricas a toros excelentes como “Jabatillo”, de Alcurrucén, “Hebreo”, de Jandilla, o los de su última tarde de puerta grande allá por el San Isidro de 2018. Cuando San Isidro era San Isidro. Cuánto han cambiado las cosas ahora. 

Desde la alternativa en su Béziers natal de la mano de Enrique Ponce y con José Tomás como testigo, Castella ha demostrado su regularidad como matador alcanzando el cenit en el año 2006 liderando el escalafón y rozando el centenar de corridas toreadas. Ha demostrado ser un torero de poder y de valor, que ha tenido la capacidad de entender a sus oponentes y exigirles como torero poderoso. Echaremos de menos los emocionantes inicios de faena en los que se hacía el silencio y la expectación en las plazas cuando Castella citaba al toro desde los medios. Echaremos de menos sus faenas de muleta baja y el trazo estético de su muletazo. Echaremos de menos también su intento por salir del monoencaste enfrentándose a toros de hierros variados y diferentes, destacando sus compromisos en los últimos años con los toros de Adolfo Martín en plazas importantes.  

Con su retirada, Castella da un golpe encima de la mesa sacando a relucir su honradez y compromiso con la fiesta. Porque es virtuoso quién sabe entender que hay veces que es necesario echarse a un lado y dejar paso al resto. Porque no todo el mundo sabe irse a tiempo.  

La tauromaquia necesita una auténtica renovación en el abanico de figuras desgastadas que actualmente lideran el escalafón. Los toreros jóvenes y emergentes son los que están llamados a ilusionar a un aficionado hastiado de que las figuras inamovibles sigan copando todos los carteles en plazas de primera, segunda y tercera categoría. Hay cosas que no cambian ni en tiempo de coronavirus. Por el contrario, Castella ha sabido entender a la perfección el momento y ha decidido echarse a un lado por la puerta de atrás, poniendo fin a su carrera sin una temporada de despedida en la que hubiese recibido el cariño de todas sus plazas. Se ha retirado con la humildad por bandera.  

Los rumores hablan de que su futuro estará ligado a la tauromaquia ahora como empresario de la plaza de su Béziers natal de la mano de Simón Casas. Sea cual sea su devenir, el francés estará siempre cerca del mundo “que se lo ha dado todo”. Suerte maestro en tus próximos proyectos. Quién sabe si el tiempo nos dará de nuevo la oportunidad de poder disfrutar de tu tauromaquia.  


FOTO: @CASTELLA_GM


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